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Batalla de Ad Decimum 

13 de septiembre de 533

 

Por Alberto Pereira Vidal

 

Introducción.

Los vándalos se habían enseñoreado de las provincias del África romana fundando un reino en la primera mitad del S. V. Habían logrado mantener su independencia pese a los intentos romanas de recuperar su dominio, y tras la debacle del 468 el arruinado Imperio había tenido que aceptar los hechos consumados, así el emperador de Oriente Zenon había accedido a firmar con Genserico un tratado por el que reconocía su gobierno sobre el África romana, las islas Baleares, Córcega, Cerdeña y Sicilia.

Posteriormente los vándalos cedieron la estratégica isla de Sicilia al reino de Italia de Odoacro a cambio del pago de una cantidad anual, algo lógico porque les era difícil controlar su extenso imperio con la exigua población vándala con que contaban, así que aceptaron renunciar a Sicilia, lo que suponía un problema estratégico de primer orden pues estaba muy cerca de África y su control era vital para operar contra está o en dirección contraria como se había visto en las Guerras Púnicas.

En África la minoría vándala arriana gobernaba sobre una gran mayoría población romana católica, eso generaría tensiones, a ello se unía el hecho de que su instalación había supuesto graves alteraciones en el dominio de las tierras, pues los vándalos confiscaron las tierras de los propietarios romanos y se las repartieron, quedando además éstas libres de impuestos.

El gobierno vándalo aplicó desde el principio una política muy dura respecto a los africanos-romanos católicos (incluso mayor que otros pueblos germanos), llegando a haber eliminaciones físicas durante los primeros estadios, lo que generó la emigración y destierro de las élites (grandes propietarios, altos burócratas, jerarquía eclesiástica). También se prohibió que los romanos llevaran armas y se demolió las murallas urbanas salvo la capital, Cartago, para evitar el peligro de que se rebelaran.

Mientras la situación en África iba empeorando debido a la presión ejercida por las tribus moras desde el sur, desguarnecido desde la invasión vándala, que saqueaban y destruían las infraestructuras privando a la indefensa población romana, sin armas y sin murallas, de sus medios de vida obligándola a emigrar a las zonas costeras. Aunque hubo algunas acometidas repelidas por los vándalos en el S. V, se apoderaron de la cordillera del Aurés y a finales de la década del 520 sus incursiones eran cada vez más agresivas con ataques de los laguatan en la Tripolitana, los frexas,...

La amenaza también se extendía a los vándalos que cada vez se encontraban en peor situación para contener sus razzias, así bajo el rey Trasamundo el jefe moro Cabaón había infligido una derrota grave a los vándalos, cuando estos lanzaron una ofensiva en la Tipolitania, oponiéndoles un circulo de camellos desde el que lanzaban jabalinas (durante esa campaña los moros se esforzaron en ganarse a la población romana). Y años después el jefe Antalas les había infligido otra importante derrota.

Ante esa situación la población romana y los exiliados acudieron al Imperio Romano de Oriente donde presionaron en la Corte para lograr que interviniera.

El Imperio Romano de Oriente (y único Imperio Romano existente) se había ido recuperando de la ruina económica causada por las depredaciones de los hunos y el gasto en las intervenciones militares en África e Italia. Los emperadores Zenon, Anastasio y Justino habían llevado a cabo, ayudados por la estructura urbana, comercial y más desarrollada del Imperio oriental (frente al de Occidente), una acertada política económica que había traído la paz social y el superávit presupuestario, logrando que en la tesorería se acumulasen al morir Justino 23 millones de sólidos. Así Justiniano disponía de fondos para sus operaciones militares.

 

Precedentes inmediatos.

A principios de la década del 530 el reino vándalo se encontraba muy debilitado por los reveses ante los moros y la tensión con la población romana que lógicamente estaría enfadada por la intransigencia religiosa de los vándalos y su incapacidad de garantizar la seguridad en el territorio.

Además la situación internacional les era desfavorable pues al subir al trono el rey Hilderico había metido en un convento a la reina viuda Amalafrida (que había aportado como dote el estratégico promontorio de Lilibeo en Sicilia (una base naval muy importante, y punto clave en las Guerras Púnicas)), hermana del ostrogodo Teodorico rey de Italia y vinculado al reino visigodo de Hispania, lo que había generado gran tensión y ruptura de relaciones.

Hilderico había intentado realizar una política filocatólica, pero era bastante tarde para ganarse a la población, y además eso lo enfrentaba la nobleza vándala arriana; lo que sumado a la derrota ante Antalas llevó a ésta a dar un golpe de estado en 530 para entronizar a alguien que consideraban más adecuado y ese fue Gelimer, primo segundo de Hilderico, y que había tenido cierto éxito contra los moros. Esto debió suponer una perturbación entre los vándalos pues es lógico aceptar que Hilderico también tendría sus partidarios, incluso entre los nobles. Por lo que el reino estaría políticamente fracturado.

En esa situación Justiniano consideró que tenía un buen motivo para intervenir, escribiendo a Gelimer para que restaurase en el trono a Hilderico. Justiniano en su proyecto de restaurar el Imperio Romano, veía en África un buen comienzo una vez firmado un tratado de paz con los persas, instigado posiblemente por los exiliados, e incluso valorándolo con una visión excesivamente optimista (se necesitaría mucho esfuerzo para restaurar la antigua prosperidad de África), cosa no compartida por todos los miembros de su Corte, como el prefecto del pretorio Juan de Capadocia que alegó que supondría un gran gasto y riesgo por ser una expedición tan lejana, quizás por motivos espurios, ya que supondría revisar las cuentas de la Tesorería; aunque intervino un obispo (posiblemente uno de los exiliados) diciendo que Dios se lo había encomendado.

Mientras el reino vándalo se desmoronaba por sí solo. La Tripolitania se sublevaba dirigida por Prudencio, y las fuerzas bizantinas (posiblemente unas pocas tropas limitanei de Libia Superior) enviadas por Justiniano, mandadas por Tatimut, la ocupaban sin lucha.

También en Cerdeña estallaba la rebelión dirigida por el gobernador Godas, que al darse de cuenta de la posible guerra, decidió actuar por su cuenta proclamando la independencia como rey de la isla, y pidiendo ayuda a Justiniano que preparó un contingente de 400 hombres dirigidos por Cirilo.

Ambas operaciones eran maniobras de diversión pero parecían seguir el plan de la ofensiva del 468.

 

 Campaña.

Justiniano puso al mando de la expedición principal a Belisario y  fue reunido en Constantinopla un importante contingente y barcos.

Se reunieron 500 transportes tripulados por 30.000 marinos (cilicios, egipcios y jónicos) y una escolta de 92 dromones con 2.000 tripulantes (a la vez soldados) bajo el mando de Calónico de Alejandría.

 El ejército estaba formado por:

-Bizantinos (procedentes lógicamente de los ejércitos praesentalis) y foederati (estos mandados por Doroteo y Salomón):

10.000 infantes bajo el mando supremo de Juan de Epidamno, tenía como comandantes a Teodoro Ctéano, Terencio, Zaido, Maricano y Sarapis y

5.000 jinetes mandados por Rufino, Aigán, Barbato y Papo.

-400 hérulos dirigidos por Faras.

-600 hunos maságetas bajo el mando de Sinión y Balas.

-Las fuerzas personales de Belisario (bucelarios), más de un millar.

La flota zarpó en junio del 533, cruzando el Helesponto y dirigiéndose a doblar Grecia por el sur. En Abido Belisario hizo empalar a dos hunos por asesinar a un compañero mientras estaban borrachos, imponiendo a todo el ejército la misma disciplina y la sobriedad en la campaña. En Metone (en el sur del Peloponeso), se declaro una epidemia debido, según Procopio, al mal estado del pan que por la corrupción de Juan de Capadocia en vez de haber sido cocido adecuadamente convirtiéndolo en una especie de galleta, fue menos cocido para ahorrar leña, salario de los trabajadores y harina; eso supuso unos 500 muertos.

El viaje fue retrasado por calmas y vientos adversos, incluso se les habían estropeado las reservas de agua potable, pero al final alcanzaron Silicia, anclando en Caucana (Porto Lombardo) allí Belisario se informó de la situación de los vándalos y pudo comprar víveres, gracias al gobierno ostrogodo de la reina regente Amalasunta, hija de Teodorico, deseosa de congraciarse con Justiniano para reforzar su poder en el reino, y posiblemente aún enemistada con los vándalos por el incidente de su tía.

Mientras Gelimer había picado en las acciones de diversión, y aunque no se había atrevido a intervenir en la Tripolitania, si había enviado a su hermano Tzazón con 120 barcos y 5.000 hombres a Cerdeña donde tomó Caranalis (Cagliari) y mató a Godas. Al mismo tiempo envió una delegación a reunirse con el rey visigodo Teudis para lograr su ayuda, teniendo en cuenta que el reino ya no estaba bajo tutela ostrogoda.

Tras pasar por Malta la flota bizantina arribó a Caput Vada (Ras Kaboudiah o Ra´s Kabüdiyah), allí se hubo una reunión de oficiales para determinar el plan estratégico. Unos defendían bordear la costa en los barcos hasta Cartago alegando que era un riesgo separarse de ésta, que carecía de un buen puerto por lo que una posible tormenta podía dañarla e impedir que apoyara al cuerpo expedicionario y que se carecía de agua en tierra y de una ciudad fortificada donde guarecerse. Belisario alegó que se corría mayor riesgo con las tormentas si las tropas estaban embarcadas, que podían abastecerse gracias a la población, que los soldados temían un combate naval contra los vándalos y que se construirían trincheras para tener una protección.

Al final se impuso el plan de Belisario, en el que probablemente pesaría el recuerdo de los sucesos del 468, donde no se había desembarcado al ejército, lo que había sido un desastre.

 Por tanto se actuó con rapidez, el ejército desembarcó (serían los últimos días de agosto) y se estableció una cabeza de playa defendida por trincheras con una empalizada al mejor estilo romano.

El avance fue lento, unos 14,5 Km por día, pasando la noche en ciudades o en campamentos fortificados a la usanza romana, pasando por Silecto, Leptis Minor, Adrumeto (hoy Susa), Grase (a 63 Km de Cartago); mientras la flota bordeaba el Cabo Bonn pero sin penetrar en Cartago hasta que se le diera aviso. El ejército logró abastecerse de la población local que los recibió de buen grado, incluso recibió los caballos del correo, sobre todo porque Belisario había impuesto la disciplina entre sus hombres prohibiéndoles actuar contra la población local y hacer saqueos.

Mientras Gelimer que se encontraba con una importante fuerza en Hermíone (posiblemente a 140 Km de Cartago, en la región de Makthar, en la cordillera del Atlas, puede que estuviese operando contra las tribus moras), al enterarse de la noticia se pone en marcha reuniendo todas las fuerzas móviles que dispone en dirección a Cartago para interceptar a Belisario a la vez que ordena a su hermano Amatas, en Cartago, reunir todas las tropas disponibles y salir hacia el sur para reunirse con él y llevar a cabo la ejecución de Hilderico y sus partidarios.

 

 Batalla.

Belisario durante su avance había adoptado un despliegue que diera cobertura al núcleo de su ejército desde 3 lados (el mar cubría el flanco derecho), así: -Juan de Armenia con 300 bucelarios iba en vanguardia a como mínimo 200 m del ejército.

-En su ala izquierda marchaban también a cierta distancia los 600 hunos de Sinión y Balas.

-En retaguardia iba Belisario con sus bucelarios por temor a que Gelimer atacase por ahí.

Gelimer por el contrario había trazado un plan muy inteligente, consciente de que se encontraba en inferioridad numérica; pues si los vándalos contaban con 20 ó 25.000 hombres (teniendo en cuenta que es difícil pensar en que haya aumentado mucho su población desde su llegada a África ya que se dio un descenso general de población en la zona a causa de la presión mora y la ruina, además de las recientes derrotas ante los moros), de ellos habría que restar los 5.000 enviados con Tzazón, las fuerzas de guarnición en Córcega, las Baleares y en regiones lejanas de su reino (Mauritania, Septem,...) que no podrían llegar a tiempo, y los hombres que debió dejar para cubrir su repliegue desde la Cordillera del Atlas y para proteger otros sectores; es posible que Gelimer tuviera unos 9.000 hombres montados (pues era preciso moverse rápido por lo que la infantería quedaría atrás) y Amatas puede que reuniera más de 2.000, de los que debería dejar algunos para guarnecer Cartago.

Así Gelimer ordenó a su hermano Amatas alcanzar Décimo (a 10 millas de Cartago, unos 13 Km) para hacerse con el estratégico desfiladero (donde un pequeño contingente podría bloquear en ese cuello de botella a las superiores fuerzas bizantinas) y a su sobrino Gibamundo con 2.000 hombres debería adelantarse para caer desde la izquierda sobre los bizantinos. Según este plan se trataba de una maniobra por líneas exteriores para converger sobre las fuerzas de Belisario que serían sorprendidas desde varios lados si intentaban combatir a una de las columnas vándalas. Pero toda división de las tropas es peligrosa porque da la posibilidad al enemigo de vencerlas por separado.

El día 13 de septiembre Juan de Armenia se acercaba a Décimo, Juan estaba demasiado adelantado pues mientras Belisario se preparaba para acampar a 6,5 Km de allí. A mediodía Amatas llegaba a Décimo, pero sólo con un puñado de hombres pues había ordenado que el resto le fuera siguiendo, lo que indica que la reunión de sus fuerzas en Cartago era incompleta, no todos estarían preparados para salir, eso puede deberse a que pasó un tiempo hasta que Gelimer supo de la invasión bizantina y más hasta que sus mensajeros llegarán a Cartago por lo que Amatas no tuvo tiempo para reunir a todas las fuerzas (posiblemente las más sedentarias y de guarnición pues Tzazón y Gelimer tendrían las fuerzas más móviles).

Por tanto así que intentó alcanzar el desfiladero a toda prisa para defenderlo, y escogió Décimo como punto de agrupación de sus fuerzas, y de reunión con las otras tropas, pero se trataba de una posición demasiado expuesta, hubiera sido mejor haberse concentrado en el propio desfiladero, además Amatas no envió exploradores, pero lo mismo hicieron el resto de jefes durante esta confusa batalla.

Juan de Armenia al llegar a Décimo se encontró al pequeño pelotón vándalo y lo atacó muriendo en el combate Amatas, Juan se dejó llevar y en vez de asegurar el desfiladero embistió hacia delante a los destacamentos vándalos que iban llegando pero que se encontraban en una inferioridad numérica (pues al no haberse producido una concentración inicial, los combatientes iban llegando por decenas o varias decenas), táctica (pues carecían de mando) y cualitativa (bucelarios de Belisario contra tropas de reserva, de segunda línea). De ese modo los arrollaron hasta Cartago.

Paralelamente a unos 7 Km de Décimo (quizás en el lago de Túnez) los 600 hunos chocaron contra Gibamundo y sus 2.000 soldados que se sorprendieron mucho al toparse con individuos de un pueblo tan lejano, eso junto a la excelente habilidad de los hunos como jinetes les proporcionó una rápida victoria, pues los vándalos rompieron filas a la primera embestida, Gibamundo murió junto a la gran mayoría de sus hombres.

Mientras Belisario había perdido contacto con el enemigo y con el resto de sus fuerzas, así que tras fortificar el campamento donde se quedó la infantería (por tanto en la batalla los bizantinos opusieron realmente 7.000 hombres a los 11.000 vándalos),  ordenó a su caballería foederati avanzar a ver que pasaba, éstos alcanzaron el desfiladero, descubrieron lo sucedido y pidieron refuerzos.

Pero sin saber nada de los que había sucedido Gelimer llegó al desfiladero sin ver el campamento debido a los relieves del terreno, allí atacó y arrojó a los foederati y a sus primeros refuerzos de la colina dominante y los hizo huir, éstos tropezaron con Uliaris que mandaba 800 bucelarios, a 1,25 Km, y el pánico provocó una huida conjunta que sólo logró frenar Belisario.

La situación era grave, Gelimer era dueño del desfiladero y tenía una posición dominante con 9.000 bastante frescos; mientras aunque las fuerzas de Belisario estaban poco dañadas, su infantería estaba lejos y su caballería (incluso sus fuerzas personales de élite) estaba parcialmente desmoralizada por la huida anterior, además Juan de Armenia y sus agotados bucelarios habían quedado aislados y los hunos tampoco podrían reunirse con él en un breve plazo.

Pero Belisario tomo una audaz decisión sabiendo que no podía esperar y lanzó a sus tropas (inferiores en número) al ataque; contaría con un factor clave: Gelimer quedó desconsolado al conocer la muerte de sus parientes y de tantos hombres, estas muertes también provocarían la confusión y miedo entre sus fuerzas.

De esa manera los desorganizados y sorprendidos vándalos no pudieron resistir la embestida y huyeron desperdigándose hacia el este, a Numidia.

Al anochecer el Juan y los hunos volvieron y al día siguiente llegó la infantería.

 

Conclusión

La batalla no había sido costosa para Belisario, posiblemente apenas varias decenas de bajas, como mucho un centenar o dos. Y se encontraba con las puertas de Cartago abiertas. Así acampó ante ella al día siguiente a la batalla, por si había una trampa y para evitar un saqueo nocturno, y entró el 15 de septiembre (los vándalos que no huyeron se refugiaron en las iglesias, luego Belisario les garantizaría su vida), llamando a la flota para que viniese (Calónimo y algunas naves ya habían saqueado el puerto de Mandracio, al que los habitantes habían quitados las cadenas).

 Mientras para los vándalos la derrota les había supuesto entre 1.500 y 4.000 bajas (las tropas de Gibamundo habían sido destrozas (dudo que murieran todas) y habría que saber cuantos hombres de Amatas tomaron realmente parte en la batalla; pero los hombres de Gelimer estaban prácticamente intactos); y un grave choque psicológico y desmoralizador para su ejército. Además habían perdido la capital, la única ciudad fortificada y sede, lógicamente, del tesoro real y principal arsenal naval del reino; con lo que Belisario disponía de una vital base de operaciones.

Pero los vándalos aún no estaban derrotados completamente, y la guerra continuaría.

 

Alberto Pereira Vidal

 

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