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FRAGMENTOS DE "LA ALEXIADA", DE ANA COMNENO.
(HIJA DE ALEJO I COMNENO, EMPERADOR DE BIZANCIO)
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Monasterio de Sveti Pantelejmon en Nerezi. Fundado por Alejo I Comneno. |
La princesa bizantina (1083-1148) Ana Comneno, era parte integrante y principal de una verdadera corte de intelectuales de la época. Escribió "La Alexiada", crónica del reinado de su padre Alejo I Comneno, emperador desde 1081 hasta 1118 y también de la Primera Cruzada. |
FRAGMENTO NRO 1
El primero de los extractos de la Alexiada de Anna Comneno, en el cual relata su visión de la primer cruzada:
"Era todo Occidente, todas las naciones bárbaras que viven en el país situado entre la otra orilla del Adriático y las Columnas de Hércules, el que emigraba en masa, arrastrando familias enteras, hacia Asia atravesando Europa de un extremo a otro.
Veamos en grandes líneas la causa de semejante movimiento de población. Un celta llamado Pedro, apodado Pedro el Simple,había ido a venerar el Santo Sepulcro; después de que los turcos y los sarracenos, que causaban estragos en toda Asia, le infligieran muchos malos tratos, regresó a su país sufriendo grandes penalidades.
Como no soportaba la idea de no haber alcanzado su objetivo, decidió emprender de nuevo el mismo viaje.
Pero comprendió que no debía hacer solo el camino del Santo Sepulcro por miedo a tener que soportar las peores desventuras, lo que lo hizo concebir un hábil proyecto.
Esto consistía en predicar en todos los países de los latinos: "Una voz divina me ordena que proclame, ante todos los condes de Francia, que deben abandonar sus hogares para ir a venerar el Santo Sepulcro e intentar liberar Jerusalén del dominio de los agarenos con todas sus fuerzas y con toda su valentía." Y, efectivamente, lo consiguió.
Como había hecho creer en el corazón de todos que había oído una voz divina, consiguió efectivamente reunir a unos tras otros con armas, caballos y el resto del equipamiento militar.
Estos hombres sentían tanto ardor y entusiasmo que llenaron todos los caminos; estos soldados celtas iban acompañados de una multitud de gentes sin armas, más numerosos que los granos de arena y que las estrellas, y que llevaban palmas y cruces cosidas en sus hombros; mujeres y niños que abandonaban su país."
Extraída de la sección Testimonios y Documentos del libro "Las
cruzadas" de Georges Tate, Ediciones B, S.A. 1999.
FRAGMENTO NRO 2
Anna Comneno relata una anécdota ocurrida entre el emperador y los francos.
"Cuando estuvieron todos reunidos, incluido el propio Godofredo, y todos los condes hubieron prestado juramento, un noble tuvo la osadía de sentarse en el sillón del basileus.
Este no dijo nada, porque conocía desde hacía tiempo la naturaleza arrogante de los latinos. Pero el conde Balduino intervino, tomó al otro de la mano y le hizo levantar haciéndole duros reproches.
"No deberías actuar de esa manera -le dijo-, sobre todo porque
acabas
de jurar vasallaje al basileus.
No es costumbre que los basileus de los romanos permitan que sus súbditos se sienten al mismo tiempo que lo hacen ellos; los que se han convertido en vasallos de Su Majestad deben observar también las costumbres del país."
El hombre no respondió nada a Balduino, pero lanzó una mirada llena de ira al basileus y, en voz baja, le dirigió unas palabras en su lengua. "Mirad a este patán -dijo-; sólo se sienta él, mientras unos valientes caballeros están de pie a su lado.
"El basileus advirtió el movimiento de los labios del latino; llamó a uno de sus intérpretes de la lengua latina y le pidió que le explicara el sentido de aquellas palabras.
Cuando supo lo que el latino había dicho, en aquel momento no hizo ninguna observación, pero guardó para sí sus reflexiones.
Cuando todos se despedían de él, el basileus llamó al orgulloso y desvergonzado latino y le preguntó quién era, de qué país procedía y a qué linaje pertenecía.
"Soy un puro franco -respondió el otro-, y de la nobleza; y sé una cosa y es que en un cruce del país en que he nacido hay un santuario construido desde hace mucho tiempo en el que, quien quiere tomar parte en un combate singular, acude allí para este propósito, y pide a Dios que le ayude, mientras espera al hombre que se atreva a desafiarle.
He pasado mucho tiempo en este cruce sin hacer otra cosa mas que esperar a un adversario, pero no ha venido un hombre lo bastante audaz para ello".
El basileus replicó con estas palabras: "Si has querido luchar sin encontrar la ocasión de hacerlo, ha llegado el momento en que vas a ver colmados tus deseos a fuerza de luchar; te recomiendo encarecidamente que no te sitúes en la cola o en la cabeza de las filas sino que permanezcas en el centro.""
Extraída de la sección Testimonios y Documentos del libro "Las
cruzadas" de Georges Tate, Ediciones B, S.A. 1999.