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CONSTANTINO V: Un soberano indomable.
Por Luis Carrón
Este es un documento que reúne diversas aportaciones bibliográficas, con el fin de hilvanar un panorama del tiempo que Constantino V protagonizó. Éste ha sido uno de los emperadores que ha provocado las opiniones más controvertidas y no es de extrañar, ya que vivió una de las épocas más difíciles del imperio.
El enfrentamiento religioso y las constantes batallas marcaron este reinado y lo convirtieron en una referencia constante en la memoria histórica de Bizancio.

Constantino V según
un códice del siglo X
1- Preparando a un heredero
Durante los primeros meses del 718, Constantinopla permanece sitiada por un poderoso contingente musulmán que rodea la ciudad por tierra y mar. Durante el durísimo invierno de ese año, León III debe recurrir a toda su capacidad y energía para dirigir la resistencia de la capital; en estas circunstancias, el nacimiento de su hijo, Constantino, debió de ser una de las pocas alegrías en el palacio imperial.
Finalmente, los árabes se retiraron en el mes de Agosto y los bizantinos pudieron celebrar su salvación. Asimismo, León III pudo dedicarse a asegurar su posición y la continuidad dinástica: a los dos años de edad, Constantino será proclamado coemperador y heredero al trono.
El príncipe Constantino fue educado según el deseo de su padre, como un ferviente iconoclasta, lo que tendría importantes consecuencias en su posterior comportamiento.
En el año 733 se casa con la hija del khagan de los jázaros, bautizada como Irene, para sellar un pacto de alianza con uno de los poderes más importantes de la época. De esta unión nacería León, su sucesor1.
Como coemperador, Constantino participó en las campañas militares de su padre. El heredero comandó eficazmente una de las alas del ejército romano que obtuvo la gran victoria de Akroinon (740) contra los árabes. Aquí comenzó la admiración que los soldados bizantinos profesarían al futuro soberano.
Mediante estos pasos, León III, que había llegado al trono mediante la usurpación, pretendía evitarle a su hijo ese futuro. Sin embargo, su estrategia legitimadora no daría los resultados apetecidos. En el 741, muere el viejo emperador y Constantino le sucede de modo aparentemente incontestado; a los pocos meses de gobierno surgirá la rebelión.

Constantino V, rostro según
detalle de una moneda de
la época
2- Ganarse el trono.
El golpe contra Constantino vendría, paradójicamente, del mismo personaje que aupó a su padre al trono. Como estratega del “thema” armeníaco, Artavasdo había apoyado la rebelión de León “El Isaúrico”. Fue recompensado con el título de curopalate y la mano de una hija de León. El cuñado de Constantino, era en ese año 742, “comes” del “thema” de Opsikion. Desde esa privilegiada posición, se erigió en defensor de las imágenes y encabezó un levantamiento contra el emperador. Constantino acudió a sofocar la revuelta y fue derrotado en el territorio de su rival, lo que le obliga a huir a Amorium, capital del “thema” de los Tracesios y antiguo dominio de su padre. Artavasdo ya no tiene ningún impedimento para proclamarse emperador. Tras negociar con los altos dignatarios su entrada en la capital, es coronado por el patriarca Anastasio. Posteriormente nombra coemperador a su primogénito Nicéforo y restablece el culto de las imágenes. El Papa, Zacarías, se apresura a reconocer al nuevo emperador.
Mientras tanto, en Amorium, Constantino ha organizado su reacción. Esta guerra civil demuestra también la importancia que ha adquirido la división administrativa de los “themas” en el imperio bizantino. El usurpador cuenta con el apoyo de las circunscripciones de Opsikion, Armeníacos y Tracia, mientras que Constantino recibe el respaldo de “themas” donde la tendencia iconoclasta posee más adeptos, Tracesios y Anatolios.
En el 743, Constantino está preparado. Tras las victorias de Sardes y Modrina, su ejército se presenta ante la capital. Después de un corto asedio, hace su entrada triunfal el dos de Noviembre. Las represalias contra sus enemigos no se hicieron esperar. Artavasdo y sus hijos son cegados y denigrados públicamente, al igual que el patriarca de Constantinopla, que conservará su cargo. Entre los colaboradores del usurpador se reparten mutilaciones y ejecuciones. Constantino recupera el trono después de una feroz represión; aún así, sabe que su posición no es segura y actúa con cautela. Las decisiones religiosas tomadas bajo el reinado de su padre vuelven a entrar en vigor, pero el emperador no intensificaría las medidas iconoclastas mientras no se hubiese asentado en el trono.
3- Ofensiva en Oriente.
Constantino V asume el mando de un imperio acuciado por múltiples dificultades. En primer lugar, una epidemia iniciada en Italia en el 740 se extendía por Grecia y llegaba a la capital. La peste duró siete años y provocó una importante disminución demográfica; algunas cisternas de Constantinopla han sido abandonadas y no hay obreros suficientes para mantener las murallas en perfectas condiciones (no se debe olvidar que las murallas de la capital eran un asunto de Estado). En estos años, Constantinopla tuvo que ser repoblada con habitantes de distintas provincias.
Por otra parte, los musulmanes seguían siendo la principal amenaza de Bizancio. No obstante, la batalla de Akroinon había marcado un punto de inflexión en el secular combate entre los dos imperios. El “basileus” se encargaría de no desaprovechar esa ventaja y tomaría la iniciativa. Ya en el 746, tropas bizantinas invaden el Norte de Siria. Consiguen tomar Germanicea, ciudad isauria de la que provenía el linaje de Constantino. Al parecer, las vanguardias romanas llegaron incluso a Palestina. Los prisioneros tomados durante esta campaña fueron deportados a Tracia para reforzar la frontera búlgara.
Al año siguiente, Constantino debería enfrentarse a una ofensiva musulmana. Una flota fue enviada desde Alejandría. La respuesta no pudo ser más eficaz: el comandante del “thema” de los Cybarreotas derrotó a la flota invasora en las proximidades de Chipre, isla que fue recuperada por los bizantinos. Estas victorias aumentaron el prestigio de Bizancio y fortalecieron su posición en Oriente. Por el contrario, el califato Omeya permanecería sumergido en unos años de disturbios y revueltas que culminarían con el advenimiento de la dinastía abbasí en el año 750.
Los nuevos líderes del Islam se enfrentan a las mismas dificultades que sus antecesores. Tras un rebelión de Armenia contra el califato (751), Constantino inicia una nueva campaña militar en las fronteras de Asia Menor. Esta incursión culmina con la toma de Teodosiópolis y Melitene (752). Perdidas al poco tiempo, los bizantinos repiten su ofensiva y estas ciudades acaban cayendo en sus manos en el 755. Como venía siendo costumbre, los prisioneros de guerra son enviados a reforzar las fronteras tracias, lo que tendrá importantes consecuencias. Todos estos triunfos provocaban que el emperador aumentase su aureola de líder invencible.

La evolución de los themas de oriente.
El sistema administrativo de los “themas” se mostró como un eficaz armazón defensivo. En cada circunscripción, los impuestos sobre el campo contribuyen a financiar las levas y el equipamiento de reclutas comprometidos con la defensa su territorio2. Además, la guerra en estos territorios fronterizos fue impulsada por linajes militares que ofrecían sus servicios al gobierno. En este sentido, cobran mucha importancia algunas familias armenias cuyos apellidos comienzan a aparecer en Constantinopla.
Estos acontecimientos cambiaron la situación de Bizancio, que pasó de una posición netamente defensiva a enfrentarse al califato en igualdad de condiciones, e incluso tomar la iniciativa militar en muchas ocasiones.
4- De espaldas a Occidente.
Mientras las campañas en el Este centraban la atención del emperador, las posesiones occidentales se perdían irremisiblemente. El exarcado de Rávena llevaba décadas sobreviviendo en condiciones precarias.
Acosada por los lombardos y alejada de Constantinopla por un mar infestado de piratas, la provincia italiana se ve, además, sacudida por revueltas internas que debilitaban el poder de los exarcas. La política iconoclasta de los emperadores agrandaba las distancias ideológicas con sus súbditos italianos, fieles a la ortodoxia. Ya fue muy sintomático que Zacarías, que sube al solio pontificio el mismo año de la coronación de Constantino, no pida la acostumbrada ratificación al emperador y firme una tregua con los lombardos. No obstante, la intervención del Papa será decisiva para salvar el exarcado. En el 743, el rey lombardo, Luitpandro, marcha contra Rávena. A un dedo de la perdición, el exarca, carente de tropas, ruega la ayuda de Zacarías. Éste consigue arrancar una tregua a Luitpandro, que retira su ejército.
Esta actitud de un Papa, que denostaba la política de Constantino, puede interpretarse como una terca fidelidad a la institución imperial, que cobijaba a la iglesia; y el único emperador reconocido era el que gobernaba en Constantinopla3.
Pocos años de respiro tendría el exarcado. El sucesor de Luitpandro, Astolfo, estaba dispuesto a expulsar definitivamente a los bizantinos y adueñarse de Italia.
En el 751 Rávena es finalmente tomada y al año siguiente se presenta ante las murallas de Roma. El nuevo pontífice, Esteban II, teme convertirse en un simple obispo lombardo e implora el apoyo de Constantino V. El emperador envía una embajada a Astolfo; el lombardo la escucha sin realizar concesiones. Ante el abandono que el Papa sufre por parte de Constantino, Esteban II no tiene más remedio que buscar el apoyo del monarca francés, Pipino. Aún así, Esteban acude antes a Pavía a negociar con Astolfo, pero no consigue nada. Finalmente, se dirige a Francia a entrevistarse con el rey franco (Enero del 754). El vínculo con Bizancio queda definitivamente roto, ya que Pipino se erigirá en el nuevo protector de Roma.

Moneda de León III con un joven Constantino V en el reverso.
No obstante, a tenor de los acontecimientos posteriores, Constantino no parece desdeñar lo que sucede en Italia. En primer lugar exige a Pipino que le devuelva el territorio del exarcado que éste ha arrebatado a los lombardos. El monarca franco no sólo se niega, sino que tras derrotar de nuevo a Astolfo, se los entrega al Papa (756). Los bizantinos no cejan en sus manejos diplomáticos. Su embajador en Italia, Jorge, propone a Desiderio, sucesor de Astolfo, una coalición para recuperar el exarcado (758). Luego, en Francia, sondea a Pipino, pero éste se mantiene leal al pontífice. En los años siguientes, se difunden rumores sobre el envio de escuadras griegas contra Occidente. Los intercambios diplomáticos se suceden. En el 762 enviados del Papa y de los francos se encuentran en Constantinopla y tres años después, los embajadores bizantinos negocian un matrimonio entre una hija de Pipino y el hijo del emperador, además de polemizar sobre las imágenes.
Cualquier lazo simbólico que uniese al Papa con el gobernante de Constantinopla quedaría roto cuando en el 772 , dejase de datar sus bulas por el año de reinado del emperador. Además, un nuevo gobernante franco comenzará a actuar como el verdadero señor de la península: Carlos, posteriormente conocido como Carlomagno. En la Pascua del 774, mientras su ejército está a punto de tomar Pavía, Carlos confirma las donaciones hechas al patrimonio de San Pedro y añade los territorios de Istria y Venecia, que obedecían a Constantinopla. Como era de esperar, las gentes de la laguna no reconocen este vínculo y permanecen fieles al lejano emperador bizantino.
Las posesiones del Sur de Italia también viven acosadas. En los años 752 y 753 Sicilia sufre devastadoras “razzias” musulmanas, que mantendrán a la isla en continuo estado de sitio. Las ciudades de la costa amalfitana funcionan de modo prácticamente autónomo, debido a la dificultad de comunicaciones con Constantinopla. A pesar de todo, en Sicilia aún se mantiene un patricio que representa al emperador y Gaeta, Amalfi y Nápoles reconocerán su soberanía. Aún de manera precaria e intermitente, los territorios de Calabria, Basilicata y Apulia permanecerán mucho tiempo en la órbita bizantina, mitigándose aquí el desastre que se ha producido en el Norte.
5 La iconoclastia: de la propaganda al paroxismo.
Constantino V ha pasado a la historia como el más furibundo iconoclasta entre los gobernantes bizantinos; hay que reconocer que con sobrados motivos. Desde su juventud fue predispuesto contra el culto de las imágenes y León III lo preparó para continuar su obra. Por si fuera poco, los testimonios de la época coinciden en señalar que Constantino posee unas capacidades intelectuales superiores a las de su padre, por lo que está muy preparado para sostener sus opiniones en cuestiones de dogma frente a sus adversarios.
Constantino había tenido que vencer a un usurpador que aglutinó a su alrededor a los iconófilos descontentos con la política de los gobernantes isaurios. La inmediata represalia del vencedor fue implacable, pero el emperador comprendió que sus enemigos todavía eran muchos y poseían, en la cuestión de los iconos, un arma muy poderosa. De ese modo, Constantino ejecutó su programa religioso de un modo gradual; durante los años cuarenta, la cuestión quedaría allí donde la habían dejado las decisiones de su antecesor.
Desde los primeros años de la siguiente década, Constantino aplica una nueva fase en su plan. Se podría decir que se llevó a cabo una labor de fuerte adoctrinamiento. El emperador comienza por nombrar obispos adictos a la causa iconoclasta en sedes significativas y crea otras nuevas que son ocupadas por sus fieles. A continuación se desenvuelve una labor pastoral que consiste en asambleas públicas en las que los líderes iconoclastas exponían sus ideas y las debatían con iconófilos. Estas “discusiones bizantinas” no eran un modelo de juego limpio ya que podían acabar con el encarcelamiento de los opositores a la destrucción de imágenes.
Además de neutralizar rivales, Constantino desarrolla una labor ensayística con la publicación de trece escritos en los que expone sus propias reflexiones teológicas4 . Al parecer, el emperador postulaba la consustancialidad de la imagen con la realidad representada (lo que convertía a los iconófilos en idólatras) y la imposibilidad de representar la naturaleza divina de Cristo. En estos escritos se puede sondear una influencia monofisita, que aún era significativa en los territorios de los que procedía la dinastía reinante.
A principios del año 754 se procura culminar esta labor propagandística con un concilio que sancione la ideología iconoclasta. En el palacio asiático de Hireia se reunen 338 obispos que se declaran iconoclastas.
Asume la presidencia del sínodo el obispo de Éfeso; la sede constantinopolitana está vacante y ni el Papa ni los otros Patriarcas han enviado representantes. Las cuestiones cristológicas centraron buena parte de las sesiones y el día de la clausura fue presentado el nuevo Patriarca de Constantinopla. Las conclusiones del sínodo se aprobaron por unanimidad (no podía ser de otra forma) y podrían resumirse en los siguientes puntos: prohibición del culto a las imágenes y destrucción de las mismas; excomunión del antiguo Patriarca Germán y de Juan Damasceno y sometimiento de los iconódulos a la jurisdicción imperial.
La prohibición de las imágenes aprobada por el consejo imperial de León III, había sido refrendada por un “concilio”. Constantino V ya se sentía legitimado para aplicar esas medidas con todo rigor. Durante los siguientes años comenzará una sistemática campaña de destrucción de imágenes en todos los rincones del imperio. Las representaciones religiosas serán sustituidas por obras de temática naturalista o civil, donde destacan los retratos destinados a glorificar al emperador. Las reliquias eran incineradas o lanzadas al mar. Una política radical suele encontrar enconadas resistencias y los juicios, castigos públicos y ejecuciones eran habituales. Entre los ejecutados estuvieron algunos altos cargos del estado, lo que da idea del ambiente enrarecido en el propio palacio. En los años sesenta, la persecución se radicalizó aún más; el “basileus” llegó a prohibir el culto a la Virgen y a los santos, superando ampliamente las decisiones del 754. El centro de la represión imperial se centra ahora en el hábito monacal. Los monjes habían sido uno de los grupos contrarios a la política imperial, por lo que había padecido una fuerte represión. En estos años ya no sólo se les perseguirá por su defensa de las imágenes, sino por su propia condición. Son obligados a trabajar, mientras muchos monasterios son vaciados para convertirse en cuarteles o baños públicos. A muchos monjes se les ordena casarse públicamente y procrear. Constantino juzgaba que el monacato era una institución improductiva y para nada solidaria con una sociedad necesitada de trabajadores y guerreros. Con toda seguridad, su persecución contra el clero regular fue alentada y promovida por aquellos que recelaban del poder económico y del prestigio social de los monjes. Las persecuciones debieron ser de una gran magnitud y virulencia; algunos cronistas declaran que más de cincuenta mil huyeron a tierras italianas durante este periodo.
En definitiva, la intransigencia del emperador se cobraría millares de victimas y la historia posterior, escrita por iconófilos, se tomaría cumplida revancha con el personaje. Los cronistas dejan descripciones como éstas: “aquel dragón de múltiples cabezas” o “...un monstruo ávido de sangre, una bestia feroz” o también “un mago obsceno y sanguinario que se complace en convocar a los demonios”. El emperador no merecía comentarios demasiado halagadores, aunque sus adversarios no se mostraron mucho más tolerantes en cuestiones de fe. Con su sucesor, León IV, asociado al trono desde el 750, se producirá un reflujo de la iconoclasmia más radical. Constantino podría ser catalogado como un hombre de fe sincera, versado en materia teológica que consideraba al cristianismo contaminado por la iconolatría y el fetichismo; no obstante, quiso depurar la religión de sus súbditos mediante los métodos más abominables.
6- El primer “bulgaroctonos”
Una de las zonas más sensibles del imperio era la Península Balcánica. Las tribus eslavas llevaban casi dos siglos instaladas por todo el territorio en comunidades autónomas. A duras penas los romanos habían mantenido el dominio de la zona oriental de la Hélade y del Peloponeso, junto con las ciudades del litoral jónico y adriático. Enormes contingentes humanos seguían llegando al resto de las regiones, aumentando la presencia eslava. Además, el imperio había tenido que luchar contra tribus de origen turco como los avaros y ahora, los búlgaros. Así pues, la frontera septentrional se convertía en punto de atención prioritaria, ya que el centro del imperio estaba a poco más de cien kilómetros de la frontera búlgara; una tentación irresistible para cualquier caudillo ambicioso.

Los Balcanes durante la época media bizantina.
Las hostilidades estallarían como consecuencia de hechos acaecidos a miles de kilómetros de Bulgaria.
Los prisioneros musulmanes de la toma de Melitene y Teodosiópolis fueron deportados a la llanura tracia como refuerzo demográfico (755). Los búlgaros lo consideraron una provocación y sus hordas alcanzaron los accesos a Constantinopla. Sin embargo, los bizantinos se fortificaron con rapidez y lograron detener ese avance.
En el 756, los búlgaros realizan una nueva incursión en represalia por las fortificaciones construidas. Los Balcanes se encuentran en plena efervescencia. Una rebelión de eslavos asentados en Tracia y Macedonia es duramente reprimida en el año 758 y los prisioneros deportados a Asia Menor.
Cuatro años más tarde, los búlgaros cuentan con un nuevo líder, Teletz, khan de marcado antibizantinismo. Muchos eslavos, que temen el conflicto, emigran y Constantino los instala en Bitinia.
Teletz lanza una incursión contra Tracia y el emperador responde con una expedición a Bulgaria5.
El año 763 sería decisivo en la lucha entre los bizantinos y los búlgaros. Una escuadra griega que transporta un gran contingente de caballería remonta el Danubio. Al mismo tiempo, Constantino encabeza el ejército imperial que entra por el Sur. La caballería, que desciende desde el Danubio, y el ejército imperial cierran la tenaza en Anquialos. Allí se produce una sangrienta batalla el treinta de Junio, que dura todo el día. Al final, Constantino aplasta a sus enemigos y consigue una gran victoria. El “basileus” hará una entrada triunfal en Constantinopla a la usanza de los antiguos emperadores de Roma.
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Moneda de Constantino V (derecha) y León IV |
No obstante, este espectacular triunfo no cierra el conflicto. Constantino dirigirá dos campañas estivales en los siguientes años, para asegurar sus logros. Constantino continua alimentando el mito de imbatilidad que le acompaña.
La ascensión al poder de Telerig (772) vendrá acompañada del inevitable desafío entre enemigos mediante diversas escaramuzas. Al año siguiente, el incansable emperador responderá al envite del búlgaro.
Durante la primavera, y repitiendo con exactitud la estrategia usada diez años atrás, consigue forzar al khan a iniciar negociaciones de paz. Sin embargo, los búlgaros efectúan un ataque contra Macedonia, en el mes de Octubre; un ejército bizantino consigue rechazarlos sin demasiadas dificultades.
En el año 775, Constantino V derrota a Telerig una vez más en la batalla de Lithosoria. No podría disfrutar mucho tiempo de su enésimo triunfo, ya que moriría durante la campaña, de tuberculosis. Era el catorce de Septiembre del 775 y tenía cincuenta y siete años.
Al igual que las campañas de Oriente, las guerras en los Balcanes protagonizadas por Constantino no sólo deben ser observadas como movimientos para asegurar las fronteras y conseguir la paz; también deben considerarse como acontecimientos protagonizados por sociedades coetáneas que ven en la guerra una fuente de recursos, de riqueza y una justificación de la existencia de unas élites guerreras que condicionan la política de sus gobernantes.
Conclusión
Durante los treinta y cuatro años de reinado de Constantino V casi no existió un momento de paz.
Bizancio tuvo que luchar contra musulmanes, búlgaros y lombardos y no cesó la gran pesadilla de los gobernantes bizantinos: el combate en varios frentes al mismo tiempo. No obstante, el estado mostró la fortaleza de sus estructuras, resistió los embates que lo sacudieron y triunfó sobre sus enemigos. Los conflictos religiosos minaron, a su vez, el entramado social del imperio y lo sumieron en un estado de guerra civil. Constantino fue implacable con sus enemigos, tanto si llegaban del exterior como si habitaban sus territorios. La crueldad ejercida en sus persecuciones le valió odio eterno por parte de sus rivales; ningún soberano de Nueva Roma fue denigrado con un epíteto tan insultante como el de Coprónimo. Su cadáver fue apartado de la iglesia de los Santos Apóstoles al triunfar la ortodoxia. Sin embargo, sus victorias en el campo de batalla le granjearon la admiración y la reverencia de muchos de sus subditos. Tanto es así que hasta el cronista Teófanes reconoce que Constantino también era recordado como”el emperador vencedor y profeta”. Tras la derrota de Nicéforo I en Adrianópolis ante Krum (811) y enterado el pueblo bizantino de que el khan de los búlgaros se había fabricado una copa con el cráneo de su soberano, acuden al lugar donde Constantino está enterrado para que el antiguo “basileus” se levante de su tumba y lave el honor de los romanos con la sangre de sus enemigos. Sin duda, Constantino fue un soberano que dirigió su imperio con firmeza y sin piedad y, para bien o para mal, marcó el destino de Bizancio.

Moneda de Constantino V, en el reverso junto a su hijo León IV.
1- Durante su vida, Constantino contraería dos matrimonios más.
2- En las últimas décadas del siglo VIII comienzan a aparecer listas tributarias separadas de contribuyentes civiles y contribuyentes militares en las comunidades aldeanas; estos últimos financian el equipo y el reclutamiento.
3- Conviene recordar que en aquella época se consideraba que el imperio y la iglesia formaban el “ecuemene” cristiano: una unidad indisoluble en la que el emperador, como representante de Cristo en la Tierra tenía la misión de asegurar la supervivencia de la comunidad cristiana y servir a sus objetivos.
4- De los escritos del emperador sólo se conservan algunos fragmentos y extractos en obras posteriores.
BIBLIOGRAFÍA
· BARRACLOUGH, Geofrey; El Mundo. Gran Atlas de Historia; Ebrisa, S.A.;1985.
· OSTROGORSKY, Georg; Historia del estado bizantino; Akal/Universitaria; 1983
· PANTAGLEAN, E.; DUCELIER, A.; ASDRACHA, C.; MANTRÁN, R.; Historia de Bizancio; Crítica; 2001
· PIRENNE, Henri; Mahoma y Carlomagno; Alianza Universidad; 1978
· VASILIEV; Historia del imperio bizantino, dos volúmenes; editorial Iberia; Barcelona; 1945.
Quisiera incluir un agradecimiento especial a Francisco Aguado que en su mensaje electrónico “El primer iconoclasmo. 2ª parte: Constantino V” me ha proporcionado valiosas informaciones y del que he extraído algunas de las citas de mi trabajo.