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El Imperio Romano  Helénico y Cristiano de la Edad Media

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EL MOSAICO

Por Manuel Vega

 

Se dice que el mosaico es el arte de crear pinturas, incrustando en cualquier tipo de material adherente como el cemento, mortero, etc. fragmentos de piedra, vidrio, cerámica o cualquier otro material de similares características.

 

El vocablo griego mousa  significa, musa y se ha dicho , aunque no se ha podido localizar la fuente, que de ella proviene la palabra latina musivus, pues para los romanos era tan preciado el arte de hacer mosaicos que suponían que sólo podían elaborarlo las musas o los favorecidos por ellas.

 

Antecedentes.

 

 

Mesopotamia

 

En excavaciones efectuadas en las cercanías de los ríos Tigris y Éufrates han sido descubiertos restos de lo que podrían ser mosaicos, probablemente elaborados aproximadamente 2500 años a.C.

 

Durante los siglos IV y III a.C. la cultura caldea desarrolló un tipo de mosaico realizado con pequeños conos de arcilla, cuya  base estaba pintada de rojo, negro y blanco. Los conos se encajaban de punta en muros de barro, creando dibujos geométricos, a manera de tapiz decorativo. Un bello ejemplo de lo anterior es el muro del templo de Uruk, que se conserva en el Pergamon Museum de Berlín.

 

 

Grecia

 

Durante la Edad de Bronce, en Creta y en la Grecia peninsular, se elaboraron pisos formados con pequeñas piedras de colores. La pavimentación que se hacía con guijarros y se denominaba con el término griego liqóstrwtoV, de lithostrotos  "preparado con piedras".

 

En el periodo comprendido entre los siglos VI y IV a.C., la actividad mosaicista continuó, siendo sus mas importantes obras las encontradas en Atenas, Corinto, Delfos, Olimpia y Tarsus.

 

En esta ésta área se encontraron s, que han sido datados como procedentes del siglo VIII a.C. Existen constancias históricas que en Macedonia, específicamente en la ciudad de Pella, durante el siglo IV a.C, se producían mosaicos de distintos colores, con figuras de tonos claros sobre un fondo oscuro. En estas obras pueden apreciarse dos innovaciones: el sombreado que producía el efecto visual de volumen; además de estar delimitadas con bandas de plomo para su mejor ajuste y conservación.

 

Durante el periodo helenístico, en el palacio real de Eumenes, en la ciudad de Pérgamo, artistas de la talla de Hefestion produjeron mosaicos con piedras talladas y pulidas. Plinio el Viejo refiere que Sosos de Pérgamo, notable mosaicista creóLas palomas”, famoso mosaico elaborado con minúsculas teselas; se ha calculado que está compuesto por un promedio de sesenta teselas por centímetro cuadrado. Fue autor también de otro mosaico conocido como “oíkos asórakos” ,”casa sin barrer”, en el que se presenta una escena insólita, en el suelo de una habitación se aprecian los restos de lo que fue un banquete.                                                             

 

En el Museo Arqueológico de Nápoles se pueden admirar obras de estos artistas y otras similares, que siguen la misma técnica y que fueron halladas en diversos sitios

 

Durante el siglo III a.C., las piedrecillas de colores fueron sustituidos por teselas también de piedra; es decir, se tallaron pequeños cubos simétricos, cuya superficie lisa permitía  a los artistas presentar escenas más complicadas que incluían a la figura humana y paisajes de gran belleza.

 

Las teselas son pequeñas piezas de forma cúbica, hechas de rocas calcáreas o materiales de vidrio, con las que se elaboraron los mas esplendidos mosaicos

 

La palabra “tesela” proviene del vocablo latín tessellae, que a su vez tiene su raíz en el griego en la voz griega tessere, que significa, “cuatro”. La obras manufacturadas con estos elementos fueron llamadas opus tessellatum

 

 Al ser las teselas fragmentos pequeños, aumentó la firmeza y resistencia de los mosaicos. Fue hasta el siglo II a.C. cuando se inició la elaboración de Mosaicos con una factura similar a los conocidos actualmente

 

 

Roma

 

Aproximadamente en el siglo I a.C., los romanos tomaron de los griegos el arte de confeccionar mosaicos y le dieron un nuevo vigor al colocarlos en los pisos de los grandes edificios públicos, como templos, anfiteatros, termas, etc.

 

Tanto Plinio como Vitruvio, califican al mosaico como una rama de la arquitectura y parte accesoria de la pintura, pues hasta ese entonces los mosaicos eran copias de obras clásicas.

 

Entre las ruinas de la ciudad de Pompeya se encontraron extraordinarios mosaicos procedentes, probablemente, de los siglos II y I a.C. Merece especial atención el encontrado en  la Casa del Fauno, conocido como el “Mosaico de Alejandro”, que representa la batalla de Issos ,en Asia Menor, en el año 333 a.C. Fue esta una celebre batalla en la que Alejandro Magno derrotó a Darío III de Persia. Los únicos colores visibles en este mosaico son blanco, amarillo, rojo y negro.

 

Los mosaicos romanos de mejor factura fueron elaborados en Antioquia. La temática de estas obras fue tomada de pasajes mitológicos y de textos clásicos como la Eneida, aunque no faltaban escenas de caza. Las imágenes mas socorridas fueron los monstruos marinos.

 

Los mosaicos hechos con fragmentos de mármol lograron su máximo desarrollo en esta época. Los componentes utilizados eran mármoles del país y otros traídos de África, con este fin, los que eran cortados y pulidos por los “tessellarius”, operarios especialistas en la elaboración de las teselas.

 

Los romanos  dieron nombres específicos a los diferentes tipos de mosaico o del sitio en que serían colocados:

 

Opus vermiculatum. Este tipo de mosaico tuvo su origen en Egipto. Era elaborado con pequeñas piedrecillas, era utilizado para hacer dibujos muy precisos y por lo tanto facilitaba el dibujar curvas muy pronunciadas, además del contorno de las figuras. Se colocaban las teselas en una hilera continua que seguía las líneas del contorno de las figuras que se pretendía dibujar. El nombre viene del vocablo latino vermiculus , de, gusano. Lo llamaban así porque las líneas del dibujo recordaban las ondulaciones de un gusano.

 

Opus musivum, se hacía para los muros. Este término se empleó a partir  del siglo III y se les llamaba de esta manera a los mosaicos que se hacían específicamente para ser colocados en los muros.

 

Opus sectile,. Su técnica consistía en colocar fragmentos de mármol de diferentes colores y tamaños para formar figuras humanas, de animales o simplemente geométricas. Los trabajos mas grandiosos de este tipo trabajo se conservan en el Museo Palatino de Roma y proceden del Palacio Flavio

 

Hacían una perfecta distinción entre musivum “mosaico” y lithostrotum "pavimento de piedra", llamándole de esta manera al pavimento de una plaza abierta o de un foro, o al del piso de algún edificio público. Se daba el nombre de lithostrotum cuando el material consistía en piedras naturales de formación volcánica o mármoles de diferentes colores.

 

Dada la importancia que había adquirido el arte de hacer mosaicos, en el siglo III, el emperador Diocleciano, proclamó un decreto fijando el precio que los artistas, de acuerdo a una previa calificación, debían cobrar por sus obras

 

 

El mosaico bizantino

 

En la capital del Imperio, los primeros mosaicos integrados a monumentos cristianos fueron descubiertos en la Catacumba Vaticana. El  mosaico recubre el interior de una pequeña cúpula de lo que ha sido llamado el “Mausoleo de los Julios”. Su tema recuerda la estética griega, ya que una enredadera con delicadas hojas de parra sirve de fondo al “Carro del Sol”.

 

No se tiene ninguna duda que los primeros cristianos introdujeron en el arte musivario, nuevos elementos iconográficos. Como magnifico ejemplo se tiene el mosaico descubierto en una casa romana del Quirinal, en donde se aprecia, velada entre otras decoraciones, una cruz rodeada de peces que simbolizan a la cristiandad.

 

Cuando el emperador Constantino, el Grande,  fundó la nueva  capital del Imperio romano de Oriente otorgó grandes privilegios a los artesanos y artistas que se trasladaban a los territorios de la “Nea Roma”. Por lo tanto en Bizancio el arte del mosaico al mezclarse con las técnicas orientales, originó una evolución que se distinguió por introducir en su elaboración nuevos elementos, además del uso generalizado del mosaico mural en las  grandes construcciones.

 

Puede asegurarse que el antecedente inmediato del arte musivario bizantino proviene del siglo II d.C. y se encuentra en una construcción en villa de Centcelles, cerca de Tarragona, España, sin embargo, fue hasta el siglo IV cuando el mencionado edificio se convirtió en mausoleo, posiblemente para servir de monumento funerario que guardase el cuerpo del Emperador Constantino, el Grande, aunque esto nunca ha podido ser probado; también se piensa que la tumba debió de pertenecer a Constancio, hijo de Constantino el Grande. Algunos estudiosos afirman que es la tumba de un miembro de la nobleza o del alto clero.

 

Los salones principales fueron habilitados como mausoleo y mucho se ha especulado que algunas habitaciones se utilizaban como talleres de mosaicos. Tanto los muros principales como la cúpula están adornadas con mosaicos, mismos que están dispuestos en forma de frisos, en los que aparecen, pasajes del Antiguo testamento bíblicas, figuras de diversos personajes, representaciones de las cuatro estaciones, y en la parte más alta, dos imágenes no identificadas.

 

Los mosaicos de la cúpula, representan escenas de caza y tienen una extraordinaria calidad artística, lo que hacen de este conjunto uno de los monumentos mas importantes del mundo paleocristiano.

                                                                                                                                                                                                                    

 Durante los primeros siglos de la era cristiana, en toda la costa mediterránea, florecen tres tipos de mosaicos: los pisos o pavimentos, que desde muchos siglos antes ya eran reconocidos como un valioso elemento decorativo; aparecen también los mosaicos portátiles, obras de pequeño formato que durante los siglos XIII y XIV cobrarían aún mas fama, algunos ejemplos notables, desafiando toda adversidad, aún se conservan en los monasterios del Monte Athos. Por último aparecen los mosaicos murales, que representan una gran novedad y que se adaptan a la perfección a la nueva arquitectura, especialmente en los templos, pues sus extensos muros y amplias bóvedas son ideales para la colocación de espléndidos mosaicos.

 

Durante los más de mil años que perduró el Imperio Bizantino, los mosaicos fueron una de las  manifestación artísticas mayormente explotadas. En los siglos IV y V aparecen los primeros mosaicos que contienen elementos propios del arte paleocristiano, en los que se pueden observar escenas con diversos motivos naturales como plantas pájaros e incluso la figura humana, todo encuadrado por franjas ornamentales con dibujos geométricos.

  

“El Libro Pontificalis” describe la primitiva basílica de San Pedro y afirma que su ábside fue decorado con mosaicos, cuyos fondos estaban hechos de teselas recubiertas con oro. Se ha dicho que su figura principal era un Cristo entronizado y a sus costados estaban San Pedro y San Pablo. Este mosaico sufrió varias transformaciones, hasta su total destrucción en el año 1592.

 

En este tipo de mosaico, puede afirmarse que todo es innovación, pues en el siglo IV, surge una nueva iconografía  que se vale de pasajes y personajes del Antiguo y del Nuevo Testamento.

 

 En las imágenes que aparecen en estos mosaicos, solamente se puede ver la piel de las personas retratadas en los rostros, las manos y acaso los pies. En estas obras el cuerpo humano o el de los ángeles se cubre con ropajes con un sinnúmero pliegues que ocultan cualquier forma corpórea.

 

Además, se aplicó una novedosa técnica para colocar en determinada posición las teselas doradas para que adquieran un brillo mas intenso. Para que esta tecnología fuese eficaz tuvieron que calcular la inclinación adecuada para que las teselas reflejasen la luz.

 

En Roma es presentada por vez primera en las Basílica de Santa María la Mayor y en la iglesia de “Santa Prudenciana”, erigida en el mismo sitio en donde la tradición indica que santa Pudenciana y Santa Práxedes dieron refugio a los apóstoles Pedro y Pablo, cuando estuvieron en la gran capital.

 

En el ábside de la iglesia se puede admirar uno de los mosaicos más impresionantes del  periodo paleocristiano. En el centro del mosaico aparece una enorme imagen de Cristo entronizado que  bendice a los personajes que están a su lado. Se encuentran también San Pedro y San Pablo que son coronados por las santas antes mencionadas. Estas imágenes simbolizan la reunión de las iglesias de los judíos y de los gentiles. Sobre una serie de edificaciones que representan a la Jerusalén celestial se puede admirar una cruz, rodeada del león, el toro, el águila el ángel, símbolos de los Evangelistas.

 

En la iglesia de Santa Constanza, construida por Constantino, alrededor del año 350 d.C.,las bóvedas están decoradas con mosaicos que representan parras y también dibujos geométricos que enmarcan imágenes de origen pagano.

 

Como anteriormente se dijo, en este tipo de mosaicos todo es innovación, pues al antiguo arte musivario se le incorporaron nuevos elementos, como por ejemplo  las llamados teselas.

 

El vocablo tesela procede del latín tessellae , el que a su vez tiene su origen en la voz griega tessere, que significa “cuatro”.

 

Las teselas son fragmentos de rocas policromadas o de vidrio, elaboradas de forma cúbica y de distintos tamaños. El mosaicista las colocaba siguiendo un dibujo y fijándolas con un material adherente como el cemento, yeso, etc.

 

El mosaico bizantino tenía como finalidad, no sólo la suntuosa ornamentación de los templos, sino también la exaltación de la grandeza del Emperador y de la Iglesia. Con estos elementos se ilustraba con imágenes la función divina del poder imperial haciéndola visible a los fieles. Tenía también como misión el halago al Emperador, a los miembros de la aristocracia y a los dignatarios de la Iglesia, representantes de la grandeza de Bizancio.

 

Este tipo de mosaicos son los mas bellamente presentados y se cuentan entre los mas hermosos de su género. Los primeros mosaicos de su tipo proceden de los siglos V y VI y puede afirmarse que los localizados en la ciudad italiana de Ravena son especialmente grandiosos. Entre ellos destacan los de “El Buen Pastor”, elaborado en el siglo IV y perteneciente al mausoleo de Gala Placidia, “El Bautismo de Cristo en el río Jordán “ ubicado en el baptisterio de los Ortodoxos.

 

 

Ravena

 

La ciudad de Ravena, no es, ni mucho menos la mas oscura de las ciudades que llegaron a ostentar el titulo de “Capital Imperial” en el año 405, A la muerte del emperador Teodosio I, su hijo Honorio eligió a ésta ciudad para ser capital del Imperio de Occidente. Roma se encontraba seriamente amenazada por los bárbaros y era previsible su caída. El hecho de ser elegida capital imperial, además de ser sede episcopal, provocó una fiebre de construcción que hizo de Ravena un autentico muestrario de grandiosas obras de arte.

 

Continuó siendo una ciudad importante durante el reinado de Valentiniano III y su madre Gala Placidia,. Teodorico, rey de los ostrogodos, la hizo también su capital. Posteriormente fue cabecera del exarcado bizantino de Justiniano.

 

Es por ese motivo que Ravena tenga un fastuoso patrimonio artístico, tanto en sus monumentales edificios como en esplendorosos mosaicos.

 

En la iglesia de la Santa cruz, pequeña iglesia de planta de cruz griega, su sobrio exterior, construido de ladrillos encierra un espacio hecho de superficies curvas, cuatro bóvedas de cañón y en su centro se eleva, sobre cuatro pechinas, una magnifica cúpula, recubiertas en su interior por magníficos mosaicos. Fue, en su inicio, un templo consagrado a San Lorenzo, pero posteriormente resguardó las tumbas de Gala Placidia y de su esposo.

 

 Esta princesa romana, hija de Teodosio I, tomada como rehén en el año 410 cuando Alarico, al frente de los ostrogodos saqueó Roma Cuatro años después contrajo matrimonio con Ataúlfo, nuevo rey godo. A la trágica muerte de su esposo, Gala Placidia se reintegró a su familia. Su hermano el emperador romano Honorio, decidió casarla con el futuro emperador Constancio II pero graves discrepancias familiares, entre ellas la acusación de conspirar contra su hermano el emperador, la obligaron a huir a Constantinopla, tiempo después, su hijo Valentiniano III fue nombrado emperador de Occidente y Gala Placidia ejerció la regencia durante su minoría de edad.

 

Volviendo a la descripción de fastuoso mausoleo, se puede aseverar su interior está literalmente recubierto por mosaicos. Los fondos de estos, de un intenso color azul, hacen perder al espectador las reales dimensiones de sus muros. Visto desde el exterior el mausoleo es un pequeño edificio, pero cuando se admira su interior, se convierte en un espacio cuya dimensiones son irreales y se llega a apreciar un sentimiento espiritual.

 

El conjunto está inmerso en azules intensos, en las bóvedas aparecen estrellas doradas y lo enmarcan guirnaldas de vid y coronas de flores. Como anteriormente se dijo, la fastuosidad los mosaicos y su colorido, crean una atmósfera propicia para el recogimiento espiritual.

 

Una gran cruz dorada, rodeada de estrellas, engalana su cúpula, y en sus pechinas puede admirarse el Tretamorfos, es decir los símbolos de los Cuatro Evangelistas.                                                                

 

En los espacios que sostienen la cúpula aparecen algunas parejas de santos, con blancas vestiduras, como preludio de lo que será, en Bisancio, la simbología del color. Junto a las imágenes surgen elementos, también simbólicos: “las palomas” y “la fuente”, que representan a los fieles en el paraíso y a Cristo como la autentica fuente de vida.

 

San Lorenzo, patrono de esta iglesia, aparece con una cruz en una mano y un libro en la otra, así mismo, se aprecian también, sobre una hoguera la parrilla atributo principal del santo e instrumento de su martirio. En el extremo opuesto del templo se ve al Buen Pastor, resguardando sus ovejas.

 

La Basílica de San Apolinar, el nuevo, fue erigida por Teodorico, rey de los ostrogodos, quien supuestamente nació alrededor del año 440. En el año 462 fue capturado por los romanos y llevado como rehén a Constantinopla en donde fue educado de acuerdo a su alcurnia. El emperador bizantino Zenón le ayudó a recuperar su reino, aunque le negó el privilegio de recobrar los territorios anteriormente pertenecientes al imperio Romano de Occidente y que se encontraban en poder del rey bárbaro Odoacro. A pesar de la negativa imperial, Teodorico se dirigió hacia Itália para conquistarla, Odoacro se hizo fuerte en Ravena, pero en 493 conquistó la ciudad y dio muerte a Odoacro.

 

 Teodorico y los ostrogodos se apoderaron de la península italiana, sin embargo, su gobierno no produjo grandes cambios. Teodorico participó activamente en el conflicto religioso que vivía Oriente, ya que el profesaba el arrianismo, doctrina herética prohibida en Oriente. 

 

Esa basílica fue elegida como su iglesia palatina. Durante sus primeros años no estuvo consagrada a San Apolinar, pero en el siglo IX, el cuerpo de este santo fue colocado en su interior. Es por ese motivo que en ningún lugar aparece su imagen.

 

Su decoración interior, a base de mosaicos, probablemente fue realizada por artistas bizantinos, desafortunadamente la decoración del ábside, elaborada durante el reinado de Teodorico desapareció. En los muros se pueden apreciar tres grandes frisos, en donde aparecen diversos pasajes del Nuevo testamento .

 

Entre las ventanas se ven personajes con vestiduras blancas, a los que se ha identificado como profetas. En la parte inferior aparece Teodorico encabezando una gran procesión, portando las ofrendas que serán ofrecidas a una imagen de  Cristo entronizado rodeado de ángeles. En el extremo opuesto, se ve otra comitiva compuesta por mujeres y guiada por la reina, llevándole ofrendas a la Virgen.

 

Durante el dominio bizantino, los mosaicos fueron remodelados, aunque se respetaron las imágenes, pero se suprimieron las efigies del rey Teodorico y la reina, siendo remplazadas por mártires y santos. Causa gran admiración que la comitiva de mujeres esté encabezada por los Tres Reyes magos.

 

El Cristo, la Virgen y un plano general del palacio de Teodorico, son las únicas  imágenes que actualmente permanecen. El sitio en que se encontraba el rey ostrogodo lo ocupa San Martín de Tours.

 

Llama poderosamente la atención el aspecto técnico de la confección de estos mosaicos pues los ropajes de las santas están hechos con teselas de mármol blanco, y el fondo, fue formado con teselas doradas y de colores diversos.

 

Otra de las principales construcciones de Rávena, está localizada en los suburbios de la ciudad y se trata de la iglesia de San Apolinar in Classe; su construcción se realizó bajo la dirección del Obispo Ursicinus y a su muerte, el obispo Maximiano la concluyó consagrándola al mártir oriundo de esta ciudad.

 

Esta iglesia, como todas las basílicas de la época, consta de tres naves, separadas entre sí por una fila de doce de columnas, que sostienen los arcos de medio punto. Pero su riqueza máxima radica en los esplendorosos mosaicos que ornamentan su interior.

 

El ábside, cuya decoración se terminó en el siglo VII, es su joya principal, en su gran arco principal aparece la imagen de un Cristo sedente, a sus costados asoman los símbolos de los Evangelistas y figuras de ovejas, que personifican a los doce apóstoles. Todo este conjunto se asienta sobre una perspectiva de la Jerusalén Celeste. Los mosaicos del lado izquierdo, repiten la fastuosa ornamentación de San Vital y muestran la efigie de Constantino IV.

 

Un tema novedoso, como lo es “La Transfiguración” es representado en la pequeña bóveda del ábside, sin embargo no aparece la figura humana de Cristo pues esta fue remplazada por un circulo luminoso y una gran Cruz dentro de él; a sus costados, entre nubes se encuentran los profetas Moisés y Elías.

 

La imagen orante de San Apolinar aparece rodeada también de doce ovejas, pues de acuerdo a la tradición, este santo fue discípulo de San Pedro y sus seguidores lo consideraban otro mas entre los apóstoles.  Entre las ventanas que iluminan el ábside se aprecian las figuras de cuatro obispos de Rávena. En los laterales, sobre un fondo de oro, se ven dos Ángeles ataviados con ricas vestiduras.

 

El porque de la existencia en la ciudad dos grandiosos templos dedicados a San Apolinar se explica porque en la época de su construcción esta última iglesia estaba expuesta a las sangrientas correrías de los árabes, pues Classe era la zona portuaria de Ravena. Se simuló un traslado de las reliquias del Santo a la basílica de San Apolinar el Nuevo, situada al abrigo de las murallas defensivas. Una vez que los árabes fueron contenidos y el riesgo de un ataque fue menor, se pretendió restaurar el culto de la primera basílica, lo que ocasionó una gran antagonismo entre los fieles de ambas basílicas.   

 

 

 

 

                                       

 

San Vital                                                          

 

La existencia de la Iglesia de San Vital, se debe a la perseverancia del obispo Eclesio que convenció a Juliano, un banquero local para que aportara los fondos necesarios  para su construcción,  esa aportación ascendió a mas de veintiséis mil A la  muerte del tenaz obispo, se hizo cargo de la construcción su sucesor, el también obispo Víctor. La construcción del edificio data del año 540, cuando la ciudad fue arrebatada por el general Belisario a los ostrogodos, que es cuando Ravena se convierte en sede del exarcado bizantino.

 

La elaboración de los mosaicos del presbiterio y del ábside se inició en el año 546 por iniciativa de Maximiano, quien fue el obispo que, en 547, pudo al fin, bajo la hegemonía bizantina, consagrar la extraordinaria iglesia.                                                                 

 

San Vital  marcó un hito en la historia del arquitectura de la época, pues su diseño rompe con la norma prevaleciente por la que todas las construcciones religiosas tomaban como modelo las grandes basílicas italianas.

 

Se desconoce el nombre del arquitecto que concibió tan fabuloso templo, aunque los especialistas aseguran era un experto conocedor del nuevo estilo arquitectónico que se desarrollaba en Constantinopla, la pujante capital del Imperio de Oriente. 

 

Su cúpula central, que no es visible desde el exterior, fue construida con una técnica utilizada anteriormente en Roma y que consistía en disponer hileras de pequeños cilindros de arcilla que se van encajando unos en otros. Lo anterior era con objeto de hacer mas ligera cualquier estructura

 

Con el paso de los siglos esta basílica ha sufrido numerosas transformaciones. A principios de décimo siglo, a un costado fue construido un monasterio benedictino. Por lo que su atrio se convirtió en claustro, abriéndose para los fieles una nueva entrada al noreste. En el siglo XIII, adjunto a la puerta del gineceo se le agrega un campanario redondo y se hacen modificaciones a los arcos del crucero. En los siguientes siglos  las reparaciones y renovaciones se continuaron, la última de ellas se hizo en el siglo XX  en la que se eliminaron las estructuras que le habían sido agregadas en siglos anteriores. 

 

Su novedosa planta octagonal, su altar mayor, todo de alabastro, fue elaborado en el siglo VI, pero su mayor tesoro son los esplendidos mosaicos que presentan un programa iconográfico muy completo. En la bóveda del ábside se halla la imagen de un Cristo joven, pues carece de barba y su pelo es muy corto. Está revestido con una túnica de púrpura y se encuentra sentado sobre la esfera del Universo. Por vez primera su cabeza aparece circundada por un nimbo en forma de cruz.

 

Los mosaicos fueron elaborados, posiblemente, por artistas procedentes de Constantinopla; su estilo de composición es totalmente novedoso para Occidente las imágenes plasmadas en ellos carecen de volumen, algo ya logrado en Bisancio. La aplicación del oro en la elaboración de las teselas corrobora lo antes mencionado. Estas obras se encuentran localizados en la bóveda del ábside, en los muros laterales del  presbiterio, así como también, en los tímpanos superiores y en el arco de acceso.

 

San Vital, principal personaje a quien está dedicado el templo, es presentado de frente, portando ricas vestiduras, San Gabriel Arcángel le guía hacia Cristo, que le entrega la corona del martirio; a la izquierda, aparece San Miguel junto al obispo Eclesio que, como constructor de la iglesia se la ofrenda a Cristo. Los personajes se asientan sobre un campo verde en el que se aprecian los ríos del Paraíso Terrenal; en lo alto se advierten las ciudades de Jerusalén y Belén.

 

En el arco del presbiterio aparecen quince medallones que representan a Cristo, a los doce apóstoles y a los santos Gervasio y Protasio. considerados hijos de San Vital.

 

En los mosaicos a la izquierda del presbiterio, aparecen diversas escenas bíblicas, destaca entre ellas “el Sacrificio de Abraham”  pues un elemento inusual es incluido, la mano de Padre que surge entre nubes. En la parte superior de este mismo sitio, se ven a dos ángeles que llevan un medallón con una cruz toda cubierta de piedras preciosas.

 

A la derecha se puede apreciar a Abel ofrendando a Dios un pequeño cordero. En otra escena, el Sumo Sacerdote Melquisedec esta colocado frente a un altar con un cáliz y dos panes, nuevamente la mano del Padre recibe las ofrendas. Aparecen también otros pasajes del Antiguo Testamento, con Moisés e Isaías como figuras principales. 

 

En lo alto de los muros del presbiterio, se ven las figuras sedentes de los evangelistas junto a sus animales simbólicos. 

 

La decoración de la bóveda del presbiterio es un grandioso mosaico cuya temática es muy semejante a la utilizada durante el periodo paleocristiano. En el centro se ve a Cristo representado como Cordero Pascual, rodeado por guirnaldas en las que se refugian gran cantidad de aves. En el centro, aparecen cuatro ángeles que parecen sostener todo el conjunto.

 

En el arco del ábside se muestran el Crismón, que junto al águila imperial y los cuernos de la abundancia, simbolizan la indisoluble unión del poder político y el religioso.

 

Los muros de ambos lados del ábside, llaman especialmente la atención del espectador, pues es en esos lugares en donde están colocados los extraordinarios mosaicos que contienen las imágenes del emperador Justiniano y Teodora.

 

En el mosaico situado del lado del Evangelio, aparece Justiniano, engalanado con una clámide de púrpura, a la que sujeta una fíbula de oro y piedras preciosas. Su cabeza coronada, está rodeada por un nimbo, significando con ello que su investidura proviene de Dios. Su mano izquierda, sostiene una patena para las ofrendas. A su lado aparecen diversos personajes de su corte y de su guardia personal. Algunos estudiosos pretenden localizar entre ellos al prestigioso general Belisario. De acuerdo a la escritura sobre su cabeza, se encuentra también Maximiano, obispo de Ravena, a quien se le ve presto para celebrar la santa misa, pues lleva los instrumentos necesarios para hacerlo.

                                                                  

En el lado opuesto, aparece la imagen de Teodora, vestida con todos los atributos de una emperatriz, ricas joyas y corona, clámide de púrpura, con una cenefa en la que se pueden apreciar, bordadas en oro, las figuras de los Reyes magos, simbolizando que también es reina y que, a semejanza de ellos, viene a hacer un presente a Cristo, por lo que en sus manos porta un cáliz de oro. La emperatriz esta acompañada por notables damas de su corte.                               

                                                                    

Los estudiosos de estos temas sostienen que estos dos mosaicos contienen un doble significado, ante todo la afirmación, por parte de la máxima autoridad, de la divinidad de Cristo como hijo de Dios; lo que representaba un rechazo a la  herética doctrina arriana, que estuvo tan en boga; por otra parte pretendían exaltar ante el pueblo, la relación directa entre Dios y el emperador. Debemos recordar que Justiniano y Teodora nunca estuvieron en la ciudad de Ravena.

 

En los principales periódicos del mundo apareció en fecha reciente una noticia sobre descubrimientos de mosaicos en Ravena. Reproducimos aquí la nota publicada en el Diario ABC de Madrid el 4 de noviembre de 2002.

 

Al cabo de 1.700 años, el pavimento de mosaico de una rica villa romana ha vuelto a la luz en Rávena, añadiendo otra joya a una ciudad famosa por los mosaicos bizantinos de Justiniano y Teodora, así como los del Bautismo de Jesús. El museo, construido bajo tierra para mostrarlos al público en su lugar original, evoca el ambiente de la «Domus de las Alfombras de Piedra», como la bautizó Federico Zeri cuando se descubrieron los primeros en 1993.

 

Un laborioso trabajo subterráneo en continua lucha contra el acuífero en el que se está hundiendo la ciudad de Rávena, ha permitido sacar a la luz nada menos que 1.800 metros cuadrados de mosaicos de diversas épocas entre los siglos III y IV después de Cristo. Los más antiguos se encuentran a siete metros de profundidad, y entre ellos destacan el desenfadado «Buen Pastor» y la alegre «Danza de los genios de las estaciones». Rávena comenzó a jugar un papel importante desde que el emperador Augusto construyó en Classis la primera base naval del Imperio Romano, pero inició su esplendor artístico tres siglos después, cuando se convirtió en capital del Imperio Romano de Occidente y uno de los lugares más cultos del Mediterráneo. El primero de los mosaicos que componen el moderno museo subterráneo apareció por casualidad en 1993 cuando se excavaba para construir un garaje.

 

A partir de entonces, la elegantísima villa de un magistrado fue entregando tesoro tras tesoro: mosaicos de mármol en «opus sectile», y mosaicos clásicos de teselas con dorados y vitrificados que las hacen brillar como si un artesano hubiese apenas terminado de instalarlos unas horas antes. El recorrido por la «Domus de las Alfombras de Piedra» está pensado para sorprender al visitante que se interna en la oscuridad bajando por una escalera estrecha. El itinerario se realiza a través de pasarelas y en grupos reducidos, con la iluminación limitada en cada momento al área circundante. Tan sólo al final se ilumina todo el complejo subterráneo y aparece el esplendor de las «Alfombras de Piedra» con motivos geométricos y figurativos. El techo, a más de tres metros de altura, resulta un poco bajo, pero se ha hecho «desaparecer» en la medida de lo posible pintándolo de azul oscuro como en el mausoleo de Gala Placidia, uno de los personajes históricos que reposan en Rávena como el emperador bárbaro Teodorico y el poeta Dante Alighieri, exiliado forzosamente de su Florencia natal.

 

La conservadora del museo, María Grazia Maioli, señala que la mayor dificultad práctica para excavar los mosaicos y construir la estructura del museo «fueron las infiltraciones de agua, pues Rávena sigue hundiéndose y aquí estamos muy por debajo del manto acuífero. Hemos creado un sistema de drenaje avanzado, pero, en caso de catástrofe, tenemos un plan para levantar los mosaicos y sacarlos a la superficie. Son un tesoro único”

 

El esplendor de sus interiores contrasta con la sobriedad del exterior hecho de simples ladrillos, estilo que floreció en Constantinopla.

 

 

Constantinopla

 

Fue en esta capital imperial en donde el mosaico tuvo su mayor auge, siendo tan extendido su uso que en el año 408 Teodosio II  prohibió el empleo de símbolos sagrados en los pavimentos de las calles en los pavimentos del Palacio Sagrado se encontraban los mejores ejemplos de mosaicos profanos.

 

 

Santa Sofía

 

El día de la fiesta de la Natividad del año 563, una gran procesión conducida por Justiniano se dirigió ala nueva Iglesia de la santa sabiduría, la que durante solo  cinco años había estado en construcción, al admirar su magnifica estructura y sus esplendidos mosaicos exclamó “Gloria a Dios que me consideró digno de elevar esta gran obra. Te vencí Salomón”.

 

El mosaico situado sobre la puerta del ”Vestíbulo de los Guerreros”, que era el sitio donde permanecía la guardia personal del emperador, mientras este asistía a las ceremonias religiosas, muestra a la Virgen y a Jesús recibiendo las ofrendas  de los emperadores Constantino y Justiniano, quienes le ofrecen las maquetas de la ciudad de Constantinopla y de la Iglesia de Santa Sofía.

 

En el año 843, una vez concluida la lucha iconoclasta nuevamente se permitieron en las iglesias las pinturas y los mosaicos que incluían imágenes, gracias a ello en

la parte superior de la puerta imperial se encuentra un mosaico en donde se ve el emperador León VI postrado ante Cristo, a sus costados se encuentran dos medallones con la Virgen y el arcángel San Gabriel. En el año 920, León VI lo ofrendó lo ofrendó, en señal de contrición, por haber contraído nupcias por cuarta ocasión, algo prohibido en aquel entonces, ocasionando que el Patriarca impidiera su entrada por esa puerta.

 

En el techo, decorado con cruces, aún se pueden observar amplias secciones revestidas con mosaicos que proceden del siglo VI. Se observan también dibujos geométricas y algunas guirnaldas con flores y hojas.

 

En el ábside oriental se localiza el mosaico figurativo más antiguo que conserva y que representa a la Virgen con el Niño Este mosaico se inauguró, en el año 867, con motivo del triunfo de la ortodoxia sobre la iconoclasia.

 

La Virgen está sentada en un trono majestuoso y a sus costados están los arcángeles San Miguel y San Gabriel.

 

En la parte superior del muro norte se encuentran los  mosaicos con los retratos de San Juan Crisóstomo y San Ignacio de Antioquía.

 

En las pechinas que sostienen la cúpula se ven las ocho alas entrecruzadas de los serafines; los del costado este datan del siglo XIV, los del oeste son copias pintadas. Bajo la dominación turca, sus rostros fueron cubiertos cuando, en el siglo XIX, se instalaron los grandes discos de la galería superior.

 

El gineceo o área reservada a las mujeres, está localizado en la plataforma superior. El trono de la emperatriz se localizaba en la parte central dentro de un circulo de mármol verde, apoyado en dos columnas del mismo material, estaba situado. Desde este elevado sitio se tenía una formidable vista de todos los mosaicos de Santa Sofía

 

Este lugar se encuentra dividido por una mampara de mármol, que simula una puerta. En la parte posterior, está colocado uno de los mas imponentes mosaicos no solo de esta  grandiosa iglesia, pues ha sido considerado como una de las obras maestras del arte bizantino, la Déesis, que presenta a un majestuoso Cristo,  a su izquierda, La Virgen intercede por nuestros pecados, a la derecha se ve a San Juan, en la misma actitud. En la figura del Cristo bendiciendo, se distingue su expresión llena de espiritualidad y su refinado estilo.

 

Al fondo hay dos retratos, uno de ellos, data del siglo XI y representa a un Pantocrátor escoltado por la emperatriz Zoe y Constantino IX Monómaco. Ambas imágenes, portan sus mas lujosas vestiduras y sus mas ricas joyas. Estos elementos decorativos son presentados como autenticas obras de orfebrería, con brillantes esmaltes cubiertos de piedras preciosas, que constituyen una sorprendente armadura. En este mosaico se puede apreciar un hecho por demás curioso, tanto el rostro como el nombre de Constantino fueron cambiados, puesto que originalmente en el mosaico exhibía las facciones y el nombre de su anterior esposo Romano III.

 

Muy cerca del mosaico descrito, se encuentran las imágenes de la pareja más virtuosa que alguna vez haya ocupado el trono del Imperio de Oriente, Juan II Comneno e Irene de Hungría, acompañados de Santa Irene y de la Virgen con el Niño. La belleza del rostro de la Virgen es una obra maestra que evoca los mas hermosos iconos.  La imagen del Niño sobresale sobre el profundo fondo azul. La majestuosidad de este mosaico es el preludio del naciente arte de los Paleólogos. A la derecha aparece el rostro príncipe Alexio, colocado después de su muerte.

 

En lado norte del  Gineceo, se encuentra un pequeño pero extraordinario mosaico con la efigie emperador Alejandro opulentamente vestido, en su mano derecha porta la esfera del universo y en la izquierda un rollo de la ley.

 

Los mosaicos de Santa Sofía, aunque seriamente dañados e incompletos han aportado información de primera mano sobre las técnicas de instalación. A los muros se les sobreponían tres capas de mortero. La primera capa era una mezcla de cal, arena y polvo de ladrillo, que se aplicaba en las paredes para lograr una superficie lisa, la segunda capa, que tenía un espesor de 1,25 a 5 cm, era una combinación de cal, arena y paja finamente triturada, a la que se le marcaban profundas estrías para darle mayor adherencia a la última capa que se conformaba de polvo de mármol y yeso finamente molido En esta capa se dispone el dibujo y se colocaban las teselas de color siguiendo el diseño elegido.

 

La superficie del mosaico no era absolutamente plana, sino que se le daba una formación irregular, con el fin de que las teselas al no encontrase en la misma posición, reflejasen la luz de forma distinta lo que proporcionaban una mayor luminosidad al mosaico y en ocasiones daban la impresión de tener profundidad.

 

  

Santa Irene

                                                                               

 Una iglesia que competía en riqueza con Santa Sofía era la consagrada a Santa Irene o mejor dicho, a “La Santa Paz”. Los mosaicos que decoraban este templo no pudieron ser salvados de la furia iconoclasta del Siglo VII. En la actualidad, a pesar de los avatares de la historia, este edificio permanece en pie, aunque de su esplendido ornato solo permanece una enorme cruz en el ábside. A la caída de Constantinopla por los turcos, esta grandiosa edificación fue destinada como arsenal. A partir de año 1846 se transformó en museo militar arqueológico.

 

 

Los santos Apóstoles

 

El emperador Justiniano I ordenó la construcción de esta fabulosa iglesia que, con su planta de cruz griega con cinco cúpulas, sirvió de modelo para la iglesia de San Marcos en Venecia. Desgraciadamente desapareció bajo la piqueta turca, tomando su lugar la Mezquita de Murad II.

 

 Su grandeza es conocida gracias al somero relato que de ella hace el historiador Procopio y Constantino Rhodio, en el siglo X, describe la manera en que estaba decorada:

…en medio del suntuoso techo permanece una representación de Cristo como si fuera el Sol, una maravilla excediendo a todas las maravillas; a continuación, como la luna, aquella de la inmaculada Virgen y, como las estrellas aquellas de los sabios Apóstoles. El espacio externo completo ha sido cubierto de una mezcla de vidrio y oro, de modo que forma una cúpula el techo y surge por encima de los hundidos arcos, bajo el revestimiento de los mármoles de colores y de la cornisa…”

 

 

El Palacio Sagrado

 

Múltiples cronistas e historiadores han aportado diferentes versiones de ese conjunto de edificios que es conocido como “El Palacio Sagrado de Constantinopla”. Han hecho descrito minuciosamente sus amplias construcciones y suntuosas decoraciones, pero desafortunadamente no permanece en píe ningún vestigio que pruebe lo que ellos afirmaron; sin  embargo,  de entre sus ruinas han podido rescatarse extraordinarios pavimentos que muestran mosaicos con escenas de muy diversa índole, todos ellos enmarcados por frisos con motivos florales.                                                             

 

La parte superior de los muros del Calce, edificio que puede decirse que era la entrada al “Palacio Sagrado”,estaba decorada con mosaicos que ilustran las campañas guerreras del Emperador Justiniano. Procopio en su obra “De los Edificios” dice: “Todo el interior de la cúpula resplandece con los mosaicos, que están formados de pequeñísimos cubos en los que brillan colores de todos los matices, y que representan no solo todo genero de cosas sino también hombres. Ahora, vamos a explicar lo que son estas figuras. En cada lado están representadas guerras y batallas y muchas ciudades atacadas, así de Italia, como de Libia, y el Emperador Justiniano victorioso por medio de su general Belisario. Y el general y todo su ejército intacto, regresa al Emperador y le entrega los despojos, así de reyes como de reinos y todas las cosas estimadas por los hombres. En medio están el Emperador y su Reina, Teodora, ambos como si estuvieren regocijados, y ellos celebran una fiesta a la victoria sobre los reyes y los drusos y los vándalos, que vienen ante ellos cautivos, sujetos a tributo…Así los pequeñísimos cubitos de mosaico hacen ver claramente la felicidad que resplandece en su semblante…”

 

Constantino Porfirogeneta, en el siglo X, escribió “El Libro de las Ceremonias”, en el que detalla los aposentos del emperador Basilio II: “…Nada iguala la belleza de éste dormitorio. El pavimento es de mosaico, y en medio de él se halla el pavo real dentro de un círculo de mármol de Caria. De allí parten radios de mármol verde que van a terminar en un segundo círculo mayor, y el resto de la pieza está tapizado de águilas hechas de mosaico, tan admirables, que se creería verlas vivas y volando. Las partes inferiores de las paredes están revestidas de placas de vidrio policromo, que alegran los ojos por la variedad de sus flores diversas. Una faja de oro separa estos arrimaderos de los mosaicos que decoran las partes superiores del aposento, donde se ven sentadas, sobre fondo dorado, las imágenes de Basilio y su esposa Eudoxia. Los dos llevan la púrpura y la corona, y más allá se ve a sus hijos en hilera, con los libros en las manos en prueba de su piedad. En la bóveda brilla, en medio del oro, el símbolo de la Cruz en mármol verde, y allí vuelven a encontrarse los retratos de los emperadores y de sus hijos, que levantan sus ojos hacia Dios y hacia el símbolo de la Cruz…”.

 

Puede aseverarse que todos las edificaciones de ese gran complejo llamado “Palacio Sagrado” estaban decorados con mosaicos maravillosos.

 

 

A mediados del siglo IX, cuando finalizó la contienda iconoclasta, se establece la iconografía y la estética bizantina. Los estudiosos han establecido esta época como el surgimiento de una segunda Edad de Oro, la que trajo consigo el auge de las artes figurativas, trasmitiendo su influencia  al arte islámico y al naciente arte románico europeo. Las figuras ciertamente denotan una cierta dureza e inmovilidad, pero plenas de simbolismo.

 

Los modelos iconográficos se adaptan simbólicamente a las diferentes lugares  de los  templos: en la cúpula, siempre aparecerá el Pantocrátor, imagen de Cristo, en toda su Majestad. En las pechinas, los evangelistas y sus simbolos, conocidos como el “Tetramorfos”. En el  ábside, la Teotokos o madre de Dios, con el Niño en brazos y en las paredes de las naves o en los arcos, santos, ángeles y profetas. 

 

                                                              

Salónica

 

En el siglo V, Salónica era la segunda ciudad  del Imperio, pues además de ser un puerto en donde florecía el comercio, era también una importante basa militar.  Anteriormente, El emperador Galerio edificó un rico palacio, en donde destacaban los magníficos mosaicos de la rotonda de los “Hagios Giorgios”.

 

Una construcción sobresaliente en la ciudad era la Iglesia de la “Teotokos Acheiropoeitos” que guardaba un icono de la Virgen, que según la tradición, al sentirse imposibilitado San Lucas para terminar la pintura, esta se pintó milagrosamente, por lo tanto “no fue pintada por manos humanas”, que es el significado del vocablo ”acheiropoeitos”.

 

Los muros de este templo estaban construidos de mármol, la semicúpula  del ábside y los arcos, estaban revestidos de mosaicos. En la actualidad se conservan algunos fragmentos que representan vides que emergen de grandes jarrones, así como también diversas aves y una Cruz dentro de un gran medallón.

 

La iglesia de San Demetrio, consagrada al Santo Patrón de esta ciudad, tiene un grandioso mosaico que representa escenas de la vida de este santo. Durante la crisis iconoclasta Esta iglesia no fue tocada ya que sus habitantes se opusieron a cualquier atentado.

 

Otras grandes construcciones eran los monasterios, que llegaron  a albergar hasta 12,000 mil  monjes ; por lo tanto era vital que para ayudar en su preparación de los novicios, los muros estuviesen cubiertos por mosaicos.

 

El monasterio de Hosios Lukas es el mejor modelo de monasterio bizantino que se conoce, en su patio central, se elevan majestuosamente sus dos iglesias conventuales, dedicadas a la Virgen y a San Lucas.

                                                         

La iglesia dedicada a la Teotokos, inició su construcción en el año 946 y se debe al patrocinio del general Cresites. Este sitio, indudablemente, fue elegido para mostrar las innovadoras tendencias de la arquitectura, pues así lo demuestra su planta en forma cruz griega.

 

En el año 1011, el gran número de peregrinos que solicitaban abrigo durante las noches, obligó a la construcción de un segundo templo, hoy día es calificado como uno de los más bellos gracias a  sus maravillosos decorados, que indudablemente muestran la esplendidez de las arcas imperiales.

           

El Monasterio del Monte Sinaí, fue fundado por Justiniano en el lugar exacto en donde Moisés recibió las Tablas de la Ley. En su patio principal fue construida una iglesia conventual de planta basilical, la decoración de su ábside, que data del siglo IV, presenta un tema raramente empleado en estos lugares de la iglesia. Se trata de la Transfiguración, sin lugar a dudas, este tema fue seleccionado por estar presente la imagen de Moisés. Además este pasaje confirma la doble naturaleza de Cristo, lo que negaba la herejía monofisista.

 

 En el centro del mosaico, dentro de una mandorla, se encuentra Cristo; representado como una de las tres personas de la Trinidad. Siguiendo al píe de la letra el texto evangélico, sus vestiduras son de un blanco muy luminoso y de su cuerpo surgen rayos de luz; a sus costados aparecen las imágenes de Moisés y Elías. A los pies de Cristo se encuentran sus Apóstoles, presas de pasmo y admiración.

 

Toda esta gran obra esta enmarcada por medallones con las imágenes de los principales mecenas, así como también por profetas y  apóstoles.

 

El artista que diseño este mosaico puso especial atención en su colorido, a fin de no distorsionar con el los textos evangélicos, asimismo, eliminó el decorado del fondo, así como también los elementos decorativos secundarios que, distrajeran la atención de la escena principal. Las imágenes conservan el toque del clasicismo griego, auque las tres principales figuras sean rígidas y tengan una postura frontal.  

 

 

 

Fuera de Bizancio

 

Son extraordinarios también, los mosaicos que revisten los muros de las catedrales de Monreal, elaborados entre los años 1180 y 1190 y de Cefalú, que muestran escenas del Antiguo Testamento, cuyas figuras tienen un impresionante realismo y cuyos fondos carecen ex profeso de elementos decorativos pero el oro de sus teselas ofrece una fascinante demostración de exuberancia y grandeza. 

 

En Chipre subsisten imponentes ejemplos de mosaicos que representan a la Teotokos, ya sea de píe o entronizada, siempre con el Niño en brazos. Generalmente, la imagen de la Virgen se localiza en ábside y la figura de Cristo en la cúpula, pero como las iglesias chipriotas carecen de cúpulas no aparece la imagen de Cristo.

 

La fecha de elaboración de estos mosaicos se ha fijado en los siglos IV al VII, algo notable  pues superaron la iconoclasia y a la invasión musulmana.

 

En los mosaicos de la monumental iglesia de San Marcos en Venecia se puede apreciar, en toda su magnitud el estilo empleado para sus decoraciones durante el último periodo del arte bizantino.

 

Los complicadas ornamentos hechos con mosaicos y que decoran la mezquita de Damasco, ordenados por el califa Walid ibn Add al-Malik, son obra también de artistas bizantinos. En el mismo sitio, en donde la tradición islámica Mahoma ascendió al cielo, fue construida la mezquita o Cúpula de la Roca, es un monumento inspirado en la  Santo Sepulcro, con una gran cúpula de madera sobre pilares y columnas, en donde se aprecia la influencia bizantina, pues fueron artesanos bizantinos quienes la construyeron con materiales, también, bizantinos.

 

Técnicas de fabricación de mosaicos para pisos

 

En la antigüedad existieron talleres especializados en la elaboración de mosaicos que desarrollaron diferentes técnicas, pero todas ellas seguían al píe de la letra diferentes pasos para llevar a buen término su labor. El primero de estos, llamado “emblema”, vocablo griego que significa “encajado o incrustado” era el diseño del dibujo o cuadro.

 

El siguiente paso era dividirlo de acuerdo con los colores que se utilizarían, para lo que era necesario hacer un patrón en tela o papiro y sobre esa plantilla se colocaban las teselas siguiendo el modelo. La forma de colocar las teselas era en modo inverso a como aparecerían una vez terminada la obra.

 

Un paso sumamente importante era la especial preparación del suelo, para que permaneciese firme y sin variaciones, pues las fisuras causadas por un piso inestable causaban el deterioro de toda la obra.

 

Debía apisonársele varias veces hasta lograr un perfecto nivelado, sin embargo la mayor dificultad era lograr una muy leve inclinación a fin de evitar la acumulación de agua en los días de lluvia.

 

Corte transversal de la base de un mosaico para piso.

 

1. Suelo

 

2. Statumen o capa de grava gruesa

 

3. Rudus o capa de argamasa tosca

 

4. Nucleus, capa de mortero en que se incrustan los tesilos

 

5. Caja en donde se coloca el emblema

 

6. Superficie del emblema

 

7. Superficie del mosaico.

 

 

 

TÉCNICAS DE FABRICACIÓN DEL MOSAICO BIZANTINO

 

Para la fabricación de mosaicos bizantinos el primer paso consistía en aislar o mejor dicho, impermeabilizar con resina o betún, los muros en donde serían colocadas con varias capas de argamasa. La primera capa, compuesta de cal apagada, arena o ceniza volcánica, era pesada y se le agregaban diferentes materiales como polvo de ladrillo. Para una mejor adherencia en ciertas áreas, como las cúpulas, se insertaban grapas o clavos sin cabeza.

 

 

En las capas subsiguientes se procuraba que este material fuese cada vez mas fino para lo cual se le agregaba polvo de mármol. Una vez aplicada una capa se le dejaba fraguar y se humedecía para permitir una mayor adherencia a la siguiente. La última capa, en donde se incrustarían las teselas, solamente se aplicaba en espacios reducidos para evitar su endurecimiento antes de poner las teselas.

 

Los artistas modificaban las superficies de las paredes, dando a cada tesela un ángulo de inclinación distinto, lo que producía efectos luminosos diferentes dependiendo de  la reflexión de la luz sobre los muros.

 

 

Para confeccionar las teselas era necesario fabricar el vidrio del que estaban hechas, este se obtenía de la fundición a altas temperaturas de una mezcla de arena, especialmente fina, a la que se le agregaban óxidos de potasio y de calcio y la tierra del color requerido. El vidrio fundido se vaciaba sobre largas placas de metal. Una vez frío, se cortaba en pequeños cubos, cuyas dimensiones no excedían de 2 cm. por lado. La cara por donde se hizo el corte es la parte visible, ya que cualquier defecto en su superficie aumenta la luminosidad y el brillo.

 

Para las teselas doradas o plateadas, estando aún caliente el vidrio, se aplicaba manualmente en una de sus caras, una finísima hoja de oro o plata y se vertía cristal fundido sobre la hoja de metal quedando este perfectamente bien sellado y protegido contra cualquier alteración.

 

Los teselas dorada colocadas en una superficie lisa producían un efecto metálico, por lo que para aminorar esa impresión, los cubos de las teselas se colocaban de lado semejando una superficie ondulada.

 

 

El diseño de los mosaicos bizantinos era generalmente de carácter religioso y se basaba en temas bíblicos. Los artistas, como en la pintura, permanecían fieles a normas dictadas por las mas altas autoridades eclesiásticas y por lo tanto carecían de libertad para la selección e interpretación de los temas, a cambio están inmersos en un fascinante simbolismo.

 

 Hechos ex profeso para ser admirados a distancia, ya que, generalmente están colocados a gran altura, como lo pueden estar las bóvedas, el ábside, etc. tienen características muy específicas como lo son sus llamativos colores, muy vistosos pero carentes de sombras y tonalidades; sus imágenes estilizadas, colocadas o mejor dicho, inmersas en un fondo dorado y especialmente su austeridad, que los diferencia de cualesquier otro estilo.

 

Elaborar el mosaico, propiamente dicho, era una tarea sumamente delicada, debiendo tomarse muy en cuenta los “intersticios” que son los pequeños espacios entre las teselas y que juegan un papel fundamental en la elaboración del mosaico y en el efecto final del mismo. Las teselas se colocaban una a una en una superficie adherente, como cemento o yeso, siguiendo cuidadosamente el diseño. El artista mayormente capacitado era el encargado de elaborar las cabezas y rostros de las imágenes, esta labor se hacía al final, la razón que esgrimían los artistas era que Cristo hizo al hombre en el último día de la creación.

 

 

Corte de un mosaico mural.

 

 

 

1.- pared de ladrillo.

2.- capa espesa de argamasa con clavos de sostén

3.- capa fina de argamasa

4.- la capa más fina de argamasa en la cual se ponen los mosaicos

5. mosaicos con superficies lisas colocados en ángulos paralelos

6. mosaicos colocados en diferentes ángulos de acuerdo a la técnica bizantina

7. mosaicos colocados paralelamente y pegados contra el muro

                                     

                                                            * * * * * * * * *

 

 

Para terminar, vale la pena anotar una anécdota sucedida en el año 1988, cuando la marchante de arte estadounidense Peg Goldberg ofreció al  museo Paul Getty, por 20 millones de dólares, un mosaico bizantino del siglo VI, robado de la iglesia de Panagía Kanakariá, en Chipre. El director de este museo no aceptó el ofrecimiento pues le pareció excesivo su precio e informó del asunto al director del Departamento de Antigüedades de Chipre. Los mosaicos fueron devueltos. Sin embargo, en 1994, Murray McClellan, de la Universidad de Boston, denunciaba el “flagrante desprecio” del código de ética de la Asociación Estadounidense de Museos de que hacía gala el museo Paul Getty.

 

 

                                                                                                                                                                                                       Manuel Vega

 

 

 

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