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Ensayos sobre temas doctrinales e iconográficos Por Rafael Parra Muñoz |

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Reflexiones acerca del gran cisma y del primado del Papa
Sobre el primado del Papa y las sagradas escrituras
Sobre las influencias iconográficas orientales en la iglesia católica romana
Autor: Rafael Parra Muñoz. (Licenciatura en Etnohistoria en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, México D.F. -Tesis en revisión, asesor doctor Jesús Ruvalcaba.- Cursos efectuados: Filosofía y Lenguas Latina y Griega en el Seminario Conciliar de Querétaro. |

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El autor Ernst Cassirer, dice que el puro animal reacciona por lo orgánico a un estimulo dado, mientras que el hombre retarda su reacción por un proceso largo que implica el pensamiento, el cual requiere de símbolos. Por ello define al hombre como un animal simbólico. La cultura, para él, sería el universo simbólico en el cual se mueve el hombre.
Según dicho autor, la unidad básica necesaria para el pensamiento de cada individuo, es el símbolo, pero éste es solamente un medio para comunicar información que pueda ser procesada por el cerebro. En el estudio de la lógica filosófica, se considera, más bien, que la unidad básica para que opere el pensamiento, es la idea, en las obras de Platón, o más modernamente en las de Jaime Balmes. Aristóteles, creador de la analítica o lógica filosófica, habla del logos oros, o término, y Raúl Gutiérrez Sáenz, habla de los conceptos. Todos ellos son, precisamente, esa información lista para ser procesada por el cerebro humano, son significados abstraídos por el individuo, los cuales le son comunicados a través del lenguaje (con signos y símbolos), por otros integrantes del grupo social donde se desarrolla. Entonces, desde la perspectiva de la lógica filosófica, la cultura es el conjunto de conceptos que abstraen las personas, al aprender la lengua del grupo social al que pertenecen.
La mente del hombre funciona pues, según la lógica filosófica (Raúl Gutiérrez Sáenz), en base a conceptos, con los cuales se sintetizan juicios a partir de la comparación de dos conceptos, y con los cuales opera el raciocinio, proceso en que inferimos nueva información a partir de dos juicios semejantes, sintetizados con conceptos preestablecidos.
Tredici, describiendo el pensamiento de Emanuel Kant, menciona que en su Crítica de la Razón Pura, Kant plantea que la constitución de nuestros conocimientos de las cosas externas a nosotros está dada con elementos independientes, fuera de nuestra experiencia. El plantea que los juicios de cualquier persona, aunque pretendan ser universales, son sintéticos a priori, en los cuales la síntesis del predicado y del sujeto de sus proposiciones, formadas por conceptos, no proceden de su experiencia, ni del análisis de sus términos, sino de la estructura de las facultades del raciocinio del hombre. Son, entonces, entidades subjetivas que imputamos a las cosas. Así pues, nuestros juicios y raciocinios dependen de los conceptos de que se parta para realizarlos. Eso que llamamos realidad se amolda al intelecto humano, dice Kant. También decía que no alcanzamos el gnomen (conocimiento) de las cosas, sino el faignomen, un conocimiento aparentemente claro y objetivo, por estar basado en la experiencia, la cual, sin embargo, depende mucho de los conceptos previamente abstraídos en nuestro cerebro. El autor llega a la conclusión de que no conocemos las cosas en sí, sino que solamente nos formamos ideas a priori de ellas.
Así pues, nuestro conocimiento es parcial y relativo. Entonces, el conocimiento considerado como científico no puede ser universal, ni el no científico, pues parten de ideas prefabricadas. No se puede decir que sea mejor uno u otro, simplemente son diferentes interpretaciones de eso que consideramos la realidad. Sin embargo, las elites, como los académicos, los clérigos, o las clases dominantes, imponen sus conceptos a las masas, y son los que se consideran de mayor autoridad, constituyendo culturas dominantes, y los conceptos que no gozan de ese mayor consenso forman culturas subalternas, cuyo rango de influencia es de menor alcance entre la gente.
Ejemplo de conceptos impuesto por las elites científicas por su autoridad, como una verdad comprobada, aunque no lo sean, son los relacionados a la teoría atómica, y los referentes a la energía eléctrica y atómica, y al magnetismo.
El concepto de átomo fue inventado en la filosofía presocrática, con Leucipo y Demócrito, alrededor de los años 460-370 a. C. Para estos pensadores el mundo consiste en multitud de corpúsculos diferentes en forma y tamaño, los átomos, que en combinación orgánica originan los diversos cuerpos. Leibnitz entre el siglo XVII y XVIII desarrolló la idea de las mónadas, sustancias simples sin extensión esencialmente activas que componen el mundo corpóreo. El concepto actual de átomo sintetiza ideas de los atomistas y de Leibnitz, pues los átomos conforman la materia del mundo, y estos se supone que tienen actividad interna. Si bien los griegos pensaban que los átomos eran indivisibles, los nuevos científicos piensan que el átomo está dividido en numerosas partículas cuya energía es la que genera la actividad interna de los átomos, y del átomo provienen las llamadas energía atómica y la eléctrica. El concepto moderno del átomo se comenzó a consolidar a partir de las ideas de Dalton, quien creía que los átomos se diferencian por peso y tamaño y lo aplicó al análisis químico. Siempre fallaba en sus demostraciones. A priori también se han fabricado diversos modelos atómicos.
La teoría atómica moderna se ha sustentado a partir de fenómenos físicos aislados, no en base a una experimentación sistemática para comprobarla. Uno de estos fenómenos es el de que existe cierta energía que emana naturalmente de ciertos materiales a los que llaman radiactivos. Otros fenómenos son los siguientes. Ciertos gases sometidos a baja presión atmosférica conducen la electricidad y emiten luz. En base a este fenómeno funcionan, por ejemplo, las lámparas fluorescentes. Thomson descubrió que los rayos X (descubiertos por accidente a partir de acercar ciertos materiales a los tubos de descarga eléctrica), lograban que algunos gases condujeran electricidad a presión normal. Thomson pensó que los rayos X cargaban eléctricamente a los gases, y por ello sometió los rayos a un campo magnético, el cual se sabe que afecta a las corrientes eléctricas. Los rayos X resultaron afectados por el magnetismo, lo que demuestra que tienen energía eléctrica. Al buscar el origen de ésta, consideró a priori que esa energía no podía provenir sino del átomo mismo, que no es mas que un concepto prefabricado. Cierto experimento con un tubo de descargas eléctricas al vacío, en el cual se pone una hélice que se mueve a la hora de la descarga, hace suponer que existen partículas individuales de la descarga, las cuales tienen masa. De aquí deducen los hombres de ciencia que existen partículas de las cuales están formados los átomos, a las que llaman electrones.
Estos fenómenos son un hecho, pero son fenómenos que se detectaron aisladamente y hasta por accidente. Para explicarlos se aplica el concepto de átomo, el cual se desarrolló a priori y no por experimentación sistemática. Se trata solamente pues de explicaciones a priori imputadas a fenómenos aislados entre sí. Además, no se han podido deducir nuevos conocimientos a partir de la teoría atómica. Así, en una planta nucleoelectrica, a pesar de dar a entender en su rimbombante nombre que funciona a partir de esta teoría, simplemente funciona en base al calentamiento de agua con la radiación de barras de uranio. Se trata pues de convertir en vapor el agua para que este mueva las maquinas que producirán la electricidad. La ciencia a partir de la experimentación ha podido controlar esta energía pero tal vez no ha podido explicar bien a bien su naturaleza, a pesar de la muy elaborada teoría atómica, a la cual debe su nombre.
Otro ejemplo de dogma científico lo encontramos en torno al magnetismo, fenómeno que se descubrió primero en ciertos materiales naturalmente, y del cual se han descubierto métodos artificiales para producirlo, a partir de la electricidad. Esta última ya la hemos mencionado de pasada al hablar de la llamada energía atómica. Desde la antigüedad griega fueron conocidos ciertos efectos de las cargas electrostáticas. El nombre electrón proviene del griego y se refería al ámbar, material que utilizaron para experimentar con cargas estáticas. Nuevos efectos de estas fueron descubiertos en la era moderna por accidente, cuando unas ancas de rana se movieron por una descarga. Poco a poco se descubrieron diversas formas de crear tensión de cargas eléctricas, que en algún momento se ponen en movimiento viajando por materiales que pueden conducirlas, los cuales se llaman conductores, y otros que no les conducen se conocen como aislantes. A este fenómeno de cargas en movimiento se le conoce como electrodinámica. Las naturalezas del magnetismo y de la electricidad se explican a partir de la teoría del átomo también. Del primero se dice que funciona por la atracción y repulsión de las cargas de los electrones y del núcleo del átomo. De la segunda se dice que se produce por exceso de electrones de los átomos de la materia. La realidad es que de la teoría atómica no se han desprendido nuevos conocimientos respecto a la electricidad y al magnetismo, pues los descubrimientos en torno a estos, de modo similar a lo que vimos respecto a la llamada energía atómica, se obtuvieron de las experimentaciones directas en fenómenos muchas veces fortuitos y aislados, los cuales han sido utilizados para dar sustento a la teoría atómica. Como el átomo es un concepto prefabricado, al aplicarlo para explicar estos fenómenos, se mira que solamente se logran explicaciones a priori imputadas a dichos fenómenos. Aunque existan los llamados aparatos electrónicos, éstos no funcionan en base al conocimiento de los electrones, concebidos por la teoría atómica, sino en el simple control de la corriente eléctrica con componentes resistivos, capacitivos, e inductivos, que funcionan en base a diversos fenómenos físicos descubiertos en relación al comportamiento de la corriente eléctrica. El gran desarrollo de la llamada electrónica en tiempos recientes no ha sido en base a nuevos conocimientos deducidos por la teoría atómica, sino por un hecho más simple: el descubrimiento de las propiedades físicas de los materiales llamados semiconductores, los cuales pueden ser inducidos para que actúen como conductores o como aislantes. Estos permitieron una mayor complejidad en el control eléctrico, pues con ellos se fabricaron los transistores, los circuitos integrados y los recientes microchips, base del funcionamiento de las computadoras, por ejemplo.
Las energías atómica y eléctrica son fenómenos que se han podido controlar pero de los cuales no se conocen cabalmente sus naturalezas, como auguró Kant.
Otro ejemplo lo vemos en la teoría de la evolución biológica, la cual se enseña como una verdad comprobada en las escuelas. Fue creada a priori por Anaximandro de Mileto entre los años 610 y 540 a. C. En la era moderna, quien la puso de nuevo de moda fue Darwin, en el siglo XIX. Aplicada al devenir cultural la encontramos en el pensamiento de Vico, quien vivió entre el siglo XVII y XVIII, y de Spencer, del siglo XIX.
Si bien existen huesos de diversas especies que han poblado el orbe, no se han encontrado series de huesos completas que prueben el paso de una especie a otra. Esto resalta especialmente en lo referente a las osamentas de los llamados homínidos, pues si se han encontrado varias de ella de diferentes épocas, no hay series completas que prueben que de un homínido derivó en una especie posterior más avanzada hasta llegar al homo sapiens. Los huesos demuestran que existieron esas criaturas aisladamente en diferentes épocas, pero no hay una conexión probada entre una y otra de esas especies. El hombre es el que a priori considera que unas especies derivaron de otras, a partir del concepto prefabricado de la evolución. Nunca llegaremos a saber la verdad precisa, como auguró Kant.
En esta página encontrarán disertaciones sobre diversos temas de religión cristiana, tratando de desechar los conceptos impuestos por la elite clerical romana, y nuestras conclusiones no pretenden ser la neta del planeta, sino una interpretación más en el vasto universo de las posibilidades, desde donde se pueden enfocar dichos temas.
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REFLEXIONES ACERCA DEL GRAN CISMA Y DEL PRIMADO DEL PAPA
Introducción El término ekklesia significa asamblea de los fieles, en el nuevo testamento, abarcando jerarcas y los que no lo eran. El concepto popular actual, es que la iglesia está formada únicamente por los jerarcas, además de aplicarse este término a los templos. Pablo habla de la iglesia en general y de la iglesia particular de cada lugar, a lo largo de sus cartas. La mayoría de las iglesias particulares mencionadas en la escritura (además de la de los circuncisos, de origen hebreo), eran griegas, ubicadas en Asia menor y en Europa del este. La única occidental que se menciona es la de Roma. Las cartas de Pablo, sin embargo, sugieren que él viajó hasta España, en donde pudo fundar, tal vez, otra iglesia occidental.
La antropología cultural ha revelado que todos los pueblos tienden siempre a organizarse, aunque de maneras muy diversas, pues existe una gran diversidad de culturas, al grado de que se piensa que no hay valores culturales universales. Las ekklesiai del nuevo testamento parecen no haber sido la excepción, en cuanto a organizarse, pues desde las cartas de Pablo se mencionan funcionarios de ellas, como el episkopos (guardián), y el presbyteros. En el Diccionario Manual Vox, Griego - Español, aparece presbys y presbytes como anciano, y presbyterion como consejo de ancianos, pero no aparece el término presbyteros, a excepción de que se señala que, para referirse al consejo de ancianos de los judíos y primeros cristianos, se puede emplear en griego el término, declinado en nominativo y plural, hoi presbyteroi (los ancianos del pueblo), que en nominativo y singular sería ho presbyteros. Los términos episkopos y presbyteros parecen referir, dentro de las escrituras, a funcionarios iguales, y parecería que se les daba sólo a hombres tales nombramientos, porque se mencionan solamente funcionarios masculinos. Otro término, diakonos, que quiere decir criado, parece referirse a otros funcionarios de la iglesia, de menor rango, que podían ser hombres y mujeres. El hecho de que se distinga entre varón y fémina, y de que se les llame criados a unos para diferenciarles de los presbyteroi y episkopoi, pueden ser ya signos de estratificación. San Pablo, en la primera de corintios, habla de que en la iglesia hay diversidad de funciones, la cual es el cuerpo de Cristo. Al decir que unos son cabeza y otros pies, me parece que deja ver un concepto de estratificación. Esta se refleja también cuando menciona, a lo largo de sus cartas, primero a los cristianos de origen hebreo y luego a los gentiles, que según sus palabras, eran principalmente griegos. En un pasaje de su epístola a los Gálatas, cuando enfrentó a Kefas, le ganó el etnocentrismo sobremanera, pues refleja que estaba orgulloso de ser de origen hebreo y no gentil pecador. También deja entrever sus ideas de estratificación cuando dice que la mujer debe someterse al hombre, que debe callarse en las asambleas y debe entrar con la cabeza cubierta, como signo de sujeción a su marido.
Entonces es posible pensar que la organización de la iglesia primitiva era con diversidad de funcionarios, e incluso estratificada. En lo personal creo que aunque la sociedad necesita de personas que desarrollen diferentes funciones, eso no implica, a priori, que las que ostentan cierto tipo de éstas, se clasifiquen como “superiores”, y a otras que no desempeñan las mismas, se les considere como “inferiores”, como sucede en la división de clérigos “doctos” y laicos = legos = “ignorantes”, dentro de la iglesia católica. Jesús pensó más bien en una utopía donde todos fuésemos iguales dentro del grupo de sus discípulos, a pesar de que hubiese diferentes funcionarios en la iglesia. Pero las etnografías han demostrado que aún dentro de ciertos grupos que consideran muy “primitivos”, y a su organización como “rudimentaria”, y han llegado a calificarles de sociedades “igualitarias”, aún en estos grupos hay estratificaciones entre jefes y los que no lo son, entre hombres y mujeres. ¿Por ventura llegaremos a creer, como Nietzsche, que lo natural en la sociedad humana es esa estratificación donde impera la ley del más fuerte?
Estas divisiones jerárquicas fueron evolucionando, hasta tomar la forma que tienen ahora en las viejas iglesias desarrolladas a lo largo del imperio romano, y más allá de sus fronteras. En algunas de éstas, como la ortodoxa y la católica, vemos que el obispo es la orden sagrada de mayor rango, luego los presbíteros, los diáconos, además de otras ordenes menores, como subdiáconos o acólitos, y lectores, que no se mencionan en las escrituras. Entre estas iglesias, la ortodoxa y la católica son tan sólo unas más, dentro de un conjunto más grande, formado por otras que se fueron desprendiendo, con el paso de los siglos, de la única iglesia que surgió a lo largo del imperio romano, y más allá, como las iglesias armenia, la jacobita, la asiria-caldea y la copta.
Señalamos, por último, que todas estas iglesias surgidas al amparo imperial, a pesar de tener elementos comunes con aquellas iglesias primitivas que mencionan las escrituras, también tienen diferencias. Una importante es que, en las primitivas, se le daba más importancia al ministerio de la palabra. Sanct Pablo ha dejado buenos testimonios de esto. Pablo una vez dice, en la carta a primera a los Corintios, que “Cristo no me envió a bautizar, si no a predicar el evangelio”. También dijo en la carta primera a los corintios, primero hablando de los servidores del templo judío, que “los que sirven al altar del altar participan”. Y añade (hablando de los ministros de Jesucristo) “los que predican el evangelio que vivan del evangelio”, dejando claro que los ministros cristianos, por sobre todo predicaban. Ese ministerio llevaba el fin de invitar a la gente a que cumpliera realmente la ley de Dios, la ley de la misericordia, de la justicia, del amor, les invitaban a una conversión interna. Los mismos predicadores, quería sanct Pablo, debían ser modelos en vivir esa conversión. Pero las iglesias desarrolladas a la sombra de los emperadores romanos, dieron mayor importancia a ritos externos, como lo que llaman divina liturgia o misa, y otros servicios religiosos, dejando de lado la predicación, convirtiendo la dispensación de esos ritos en su única razón de ser. Otra diferencia es que, precisamente, los jerarcas de la cristiandad primitiva no tuvieron sujeción a los emperadores, quienes hicieron religión oficial del estado al cristianismo, desde el siglo IV, a partir de Teodosio I. Otra más es que todos los jerarcas de la primitiva iglesia podían casarse, desde el presbyteros, episkopos y diakonos, pero en las iglesias nacidas al amparo de los emperadores, como en la ortodoxa y la católica, se fueron instituyendo diversas leyes de celibato para los jerarcas. Además, las iglesias modernas no aceptan mujeres en el diaconado, como parece que las hubo en el tiempo apostólico, según las cartas de Romanos y primera a Timoteo.
La iglesia católica romana, al decir que es la única fundada por Cristo, no le da el grado de apostólica, ni a la ortodoxa, ni a la copta, ni a la jacobita, ni a la asiria-caldea, ni a la armenia. Sin embargo, consideremos que eran una sola iglesia, y se separaron, primero las precalcedonias en el siglo V, luego la ortodoxa y la católica en el siglo XI. Pensando que el emperador hizo al cristianismo religión oficial del imperio, y los emperadores fueron quienes convocaron los concilios y quienes unificaron las doctrinas, podemos decir que quien las fundó, a todas, fue el emperador, y no Cristo. Entonces, ninguna de ellas sería apostólica.
Desarrollo En el siglo XI, la iglesia que se había desarrollado a lo largo del imperio romano sufrió una ruptura más (pues ya entre los siglos V – VI, se habían cismado las llamadas precalcedonias), dando como resultado que hoy en día, la principal iglesia de la porción oriental de dicho imperio sea conocida como ortodoxa, y la iglesia romana, de la porción occidental, y separada de la primera, sea conocida como iglesia católica. Queremos reflexionar sobre las causas de dicha ruptura, pero usando datos históricos tomados de libros católicos, para que no se piense que queremos inclinar la balanza a favor de la Iglesia ortodoxa.
Es necesario entender que una forma más natural de organización dentro de la iglesia, fue por medio de jurisdicciones autónomas, como los patriarcados y autocefalías que existen aún en la iglesia ortodoxa (ambas tienen un grado perfecto de autonomía, pues ya no dependen en cuanto a disciplina de ninguna otra iglesia. En el lenguaje clerical ortodoxo, el concepto de iglesias autónomas implica que tienen aún dependencia de otra iglesia, la cual puede ser patriarcal o autocefala). Desde tiempos anteriores al llamado “cisma de oriente”, en estas formas de organización, un obispo tomó jurisdicción sobre otros obispos dentro de una región determinada. Los patriarcas tenían una jurisdicción determinada, pero podían inmiscuirse en los asuntos de otras iglesias de menor rango, las iglesias metropolitanas, sin tener directamente jurisdicción sobre ellas. Cada patriarcado (más antiguos que las autocefalías), tenía y tiene autonomía, respecto a otras jurisdicciones, en cuanto a la elección de sus obispos y primado, sus cánones, es decir en todo lo que respecta a la parte disciplinar, aunque en cuestiones doctrinales se juntasen desde antiguo los obispos para discutirlas, en los concilios, manteniéndose en este campo la unidad. Así podemos ver, como consecuencia de dicha autonomía, que en las iglesias orientales, contando tanto las que no son ortodoxas y las que sí lo son, se pudo conservar, por ejemplo, diversidad en ritos litúrgicos, los cuales se desarrollaron históricamente en ciertas iglesias particulares. Los principales patriarcados estaban en oriente antes del cisma: Alejandría, Antioquia, Jerusalén y Constantinopla, mientras que en occidente sólo existía el patriarcado de Roma. Estas jurisdicciones autónomas patriarcales comenzaron a reconocerse en el segundo concilio ecuménico hecho en Constantinopla, en el siglo IV, y se completaron de definir hasta el concilio IV, de Calcedonia, en el s. V.
Wilhelm de Vries, escritor católico, de la Sociedad de Jesús, en su obra Ortodoxia y Catolicismo, editada por Herder, aunque defiende la doctrina del primado absoluto del papa, reconoce que había en las iglesias del patriarcado romano un sistema de jurisdicciones autónomas, en lo disciplinar, encabezadas por obispos metropolitanos, y éste existió hasta el siglo IX.
El escritor católico Ángel Santos, también de la Sociedad de Jesús, en su obra Iglesias de Oriente, editada por Sal Terrae, defiende también la postura católica acerca de que el obispo de Roma tiene el primado por ley divina, por ser sucesor de Kefas o Pedro. Sin embargo se ve obligado a hablar de que el obispo romano empezó a ganar privilegios frente a los demás obispos, por estar en la que fue la primera capital del imperio romano, pues así lo mencionan los obispos del concilio de Calcedonia, del siglo V. Menciona también que desde el siglo IV Constantinopla fue la capital del imperio romano, y desde entonces surge el patriarcado homónimo. Poco a poco le es dado por los obispos el privilegio, que hasta entonces había tenido el patriarca romano, de ser considerado el primero, por estar en la nueva capital imperial. Así en el año 451, el concilio de Calcedonia emite un canon, el 28, que declara tal situación, mismo que el obispo romano en turno, León Magno, eliminó de los documentos de dicho concilio, saltándose la decisión comunitaria conciliar. Roma cayó también en manos de los bárbaros, en el siglo V, derrumbándose el imperio de occidente, quedando únicamente el oriental, cuyo emperador fue quien, prácticamente, vino a dirigir a la iglesia imperial.
Según Wilhelm De Vries, el patriarca de Roma reorganizó, desde el siglo VIII, un nuevo imperio occidental romano – germánico, primero con la ayuda de Pipino, y luego con Carlo Magno como emperador, en el siglo IX, el cual llegó a ser conocido, al correr el tiempo, como el Sacro Imperio Romano. Esta fue su primera estrategia para que, desde el siglo IX, pudiera iniciar un nuevo desarrollo de la iglesia occidental, donde el obispo de Roma, que desde entonces sería el papa, comienza a cobrar un poder eclesial absolutista. La jurisdicción del obispo romano sólo alcanzaba entre los siglos VIII al IX, según De Vries, una porción de la Italia actual, que ni siquiera traspasaba los Apeninos. Pero a partir de dicho siglo IX comenzó a ganar jurisdicción sobre las regiones autónomas, encabezadas por metropolitanos, incluidas dentro de su territorio patriarcal. Tradicionalmente, según De Vries, el privilegio del patriarca romano, al ser considerado el primero entre los patriarcas, se ejercía tan sólo en el derecho de apelar sobre decisiones conciliares con las que no estuviese de acuerdo. Pero desde el siglo IX, el naciente papado intentó imponer su mando absoluto, tanto doctrinal como disciplinar, en todas las iglesias que gozaban de autonomía. En occidente tuvo éxito su campaña de conquista, pero en el oriente obtuvo resistencia de los patriarcas por estar obrando un rompimiento con la tradición, ya entonces centenaria, y esto sería, a la larga, una de las causas del llamado gran cisma, según la perspectiva ortodoxa, o “cisma de oriente”, según la perspectiva católica.
(Su control absoluto, el papa lo quiso extender al ámbito secular, al querer avasallar al poder político incluso, poniendo en práctica la doctrina de un obispo romano llamado Gelasio, según De Vries, la cual decía que el emperador debe someterse al obispo de Roma. Por esta ambición de controlar los poderes seculares, el papa llegó a tener en su tiara tres coronas, las cuales simbolizaban que era padre de príncipes y reyes, gobernador del mundo y vicario de Cristo, así como existió la costumbre de que el papa coronase a los monarcas. Mas como se ve en la historia, terminó cayendo el papado bajo el control de dichos poderes políticos seculares. Por ejemplo, en cierto tiempo fue controlado por los príncipes de la hoy Alemania, cuando la sucesión del emperador pasó a la nobleza de allí, con Otón, a partir, aproximadamente, del siglo X. El emperador y el papa tuvieron muchos conflictos por decidir quien elegía a los obispos, y hasta quería controlar el emperador el nombramiento del papa. En otros tiempos el papa viajó a Avignon, según parece por una maniobra del rey de la actual Francia, cuya nobleza ya no tenía la sucesión del emperador, y se provocó por esa disputa de controles ajenos a la iglesia, el llamado cisma de occidente, entre los siglos XIV y XV, donde llegó a haber un papa controlado por los príncipes de la actual Francia, y otro controlado por los príncipes de la actual Italia, ganando apoyo dividido uno y otro papa entre el resto de los países de Europa occidental, e incluso llegó a haber un tercer papa elegido por cardenales de uno y otro. Durante el tiempo colonial, En Nueva España, entre los siglos XVI-XIX, los clérigos eran agentes de la corona, y hay varias evidencias de ello. Por ejemplo, se sabe que el papa cedió a la corona española la administración eclesial, por lo que el virrey era quien vendía los puestos de párroco, llamándose por ello “beneficiados curas” a tales funcionarios. Los clérigos ocupaban, además, otros puestos burocráticos, como el de juez, verbi gratia. También, se sabe que los reyes Borbones españoles expulsaron a los jesuitas, porque tienen un voto de obediencia al papa, por ello no quisieron hacerse más adictos a la corona borbónica, que asumió el poder en el siglo XVIII, mientras que las otras ordenes, y los clérigos seculares, no tuvieron ningún problema para acatar estas disposiciones. Incluso, se sabe que la universidad no llevó el título de "pontificia", sino sólo de "real", por un buen tiempo, y fue hasta fines de la colonia cuando ya se le daba el título de “real y pontificia universidad de México”. Esto era signo de la poca influencia del papa en estas tierras, y el mayor poder de la corona sobre la iglesia. La iglesia católica critica mucho a la ortodoxa, porque ésta última siempre estuvo supeditada al poder político, abiertamente, calificando a este hecho como el CESAROPAPISMO, pero la iglesia católica, veladamente, cayó en lo mismo).
El patriarcado de Roma, considerado a partir del siglo IX, en el occidente, como el primado absoluto de la iglesia, fue adquiriendo poco a poco una postura francamente imperialista en materia religiosa, que se refleja especialmente en que retiró los privilegios autónomos a los obispos de su patriarcado, que tuvieron rango de metropolitanos. Éstos poco a poco fueron desapareciendo, quedando sólo de nombre en la organización católica actual, sin ningún privilegio. Los cánones actuales, verbi gratia, indican que si un obispo ordena a otro sin consentimiento del papa, queda excomulgado, como ocurrió con un obispo de la iglesia de Utrech en principios del siglo XIX, y en el siglo XX con Lefebvre, mientras que es muy probable que antiguamente el papa sólo confirmaba a los obispos electos por los metropolitanos, y no era pues, el único que podía nombrarles. También, el rito romano se fue imponiendo a la diversidad de ritos que había en occidente, de los que quedan muy pequeñas reminiscencias, como el rito mozarabe del sur de la actual España (que parece ser derivado de los galicanos), y el ambrosiano de la actual Italia. Pero el dicho rito galicano y sus múltiples variantes desaparecieron de lo que hoy es Francia y de las islas británicas. Si miramos hacia las iglesias orientales, entre las que no son ortodoxas y las que sí lo son, la diversidad de ritos aún hoy está presente, a pesar de que en la iglesia ortodoxa, propiamente dicha, el rito bizantino también fue imponiéndose en los otros tres patriarcados, desplazando a otros ritos locales, aunque el patriarcado de Constantinopla nunca borró las jurisdicciones autónomas, como quería hacerlo el papa, por lo que hasta el día de hoy siguen existiendo tales jurisdicciones en la iglesia ortodoxa, nombradas como patriarcados y autocefalías. El patriarca romano, o el papa, eliminó pues otras jurisdicciones autónomas que estaban en su territorio patriarcal, las cuales tenían independencia en cuestiones disciplinares, para que ninguna de éstas se llegara a constituir en el futuro, un patriarcado que le hiciera competencia.
Según De Vries, en este contexto, los deseos de alcanzar la supremacía e independencia, se acentuaron, tanto en la iglesia de occidente, hoy católica romana, impositora de un nuevo primado absolutista, como entre los actuales ortodoxos, del oriente, en reacción a las pretensiones papales. Se dio entonces una disputa entre Roma y Constantinopla, por la posesión de la jurisdicción de las misiones que se estaban estableciendo en Bulgaria (siglos IX). Se hicieron acusaciones tanto de los latinos hacia los bizantinos, y viceversa como consecuente reacción, acerca de sus diferencias de costumbres litúrgicas, calificándose mutuamente de que eran ilícitas, y hasta herejes, y queriendo el papa que los de la iglesia oriental dejaran sus costumbres, para adoptar las romanas. Por esta disputa, Focio (quien subió de laico a patriarca con la desaprobación romana, pues los bizantinos permitieron a los enviados del papa entrometerse en esta elección, que era una cuestión puramente disciplinar), atacó al papa. Este consistió primero en denunciar lo que él creía que eran las ilícitas costumbres rituales romanas, una cuestión disciplinar, pero fue centrándolo poco a poco en la cuestión doctrinal sobre el Filioque, palabra que aparece en la versión en latín del “credo” o símbolo niceno-constantinopolitano: “credo in Spiritum Sanctum, Deum et Vivificantem, qui ex Patre FILIOQUE procedit”, expresión que se refiere a la procedencia del Espíritu Santo. Según los romanos procede del Padre y del Hijo, a esto se refiere el término Filioque, mas ello lo agregaron hasta el siglo VII en la iglesia romana, según Ángel Santos, S.I., mientras que la original definición de los concilios primeros de Nicea y Constantinopla, en el siglo IV (tres siglos antes), decía solamente que del Padre procede. Históricamente hablando, los católicos no tienen ninguna defensa, porque está demostrado que corrompieron al símbolo niceno – constantinopolitano, ya que el argumento católico para legitimar esta doctrina, se basa en especulaciones metafísicas (ontológicas), y no en el estudio de las fuentes de la revelación, pues en la escritura, en el evangelio de Juan, se dice explícitamente que del Padre procede el Espíritu Santo, tal como lo dice la doctrina de aquellos primeros concilios. Aparentemente se restableció la comunión entre ambas iglesias, pero el papa se dejó de mencionar en la liturgia oriental desde entonces.
En tiempos de Kerulario, patriarca de Constantinopla en el siglo XI, se da de nuevo la disputa religiosa disciplinar, atacando esta vez, primero los bizantinos, según De Vries, las costumbres litúrgicas romanas, y lo mismo hicieron los romanos descalificándoles en reacción. El patriarca de Constantinopla quería hacerles abandonar sus costumbres rituales a los romanos, pero en respuesta, el papa quería de nuevo imponerles su primado absolutista, que abarcaba el área disciplinar y doctrinal, queriendo primero que abandonaran los bizantinos sus costumbres rituales, cuestión disciplinar, y se acentuó la tensión cuando los enviados del papa revivieron la disputa doctrinal sobre el Filioque, que comenzó Focio dos siglos atrás. Incluso, una página de internet, de la Enciclopedia Católica, que versa sobre el documento de Donación de Constantino (el cual, según parece, estaba incluido en la colección de actas pseudoisidorianas), asevera que el papa, León IX, mandó a Kerulario una carta, donde utiliza la dicha Donación de Constantino, para legitimar su poder temporal y celestial centralista, frente al patriarca de Constantinopla. Después de muchas discusiones y ningún acuerdo, la excomunión de los enérgicos enviados del papa a Kerulario no se hizo esperar, según De Vries, y al saberlo el pueblo, súbditos de Kerulario, el apoyo fue más bien a éste, que no a los enviados del papa. Los otros tres patriarcados orientales le dieron también su apoyo a Constantinopla. Para la iglesia romana, los patriarcas orientales fueron quienes rompieron la unión, pero los cristianos de oriente, siendo mayoría en aquel siglo del cisma, pues había en oriente cuatro patriarcados, mientras que en occidente sólo había uno, creen que el papa rompió la unión con ellos. Actualmente, el “ecumenismo” católico va encaminado a que los patriarcas de oriente, al fin reconozcan su primado absolutista, renunciando a sus privilegios de primados patriarcales y autocefalos. Pero ¿por qué el papa no renuncia a sus aspiraciones de señor absoluto o déspota, y acepta ser “primero entre sus iguales”, como era antiguamente, cuando las dos iglesias estaban unidas?
A tal grado llegó el autoritarismo del papa, que De Vries señala que en el siglo XIV, después del cisma, hubo una tentativa de unión entre occidente y oriente, a causa de la amenaza de invasores contra Constantinopla. En ella, con tal de que occidente ayudara militarmente a los bizantinos, las autoridades eclesiales ortodoxas prácticamente aceptaron la unión, bajo las condiciones de Roma, las cuales consistían en que se borrara el rito bizantino, y se impusiera únicamente el rito romano, y que el papa impusiera el derecho romano en todas las iglesias ortodoxas, buscando así borrar los patriarcados y que renunciaran a su identidad propia, ya milenaria. Ello, en términos modernos antropológicos, es un etnocidio o exterminio cultural. Afortunadamente tales maquinaciones del papado no se llevaron a cabo, aunque a costa, como sabemos, de que sin auxilio de occidente, se dio el triunfo de los turcos en el siglo XV sobre el imperio romano de oriente, a lo cual también sobreviviera, sin embargo, el patriarcado de Constantinopla. En el siglo XIX el papa Pio IX intentó otra unión, según De Vries, aparentando que iba a respetar los usos de los ortodoxos, pero no se llevó a cabo de nuevo, porque los ortodoxos vieron que había impuesto Roma a las iglesias orientales que aceptaron unírsele (los uniatos), el derecho canónico occidental, y eliminó los privilegios de los patriarcas, por lo que obtuvo resistencia aún de los jerarcas de esas mismas iglesias orientales, unidas a Roma. Sólo les permitió Pio IX seguir usando su rito propio, que a la larga se ha ido también romanizando, como se puede ver en el rito de la iglesia maronita, la cual tiene presencia en México, ya que actualmente usan hostias. (Y a pesar de que los uniatos están en plena comunión con Roma, en México hemos oído rumores de que el arzobispo Norberto Rivera Carrera, les hace la guerra a los greco melquitas de la iglesia de Porta Coeli, del centro de la ciudad. Se dice que ha declarado inválidos los sacramentos tomados en dicha iglesia, para expulsarles, y que la iglesia sea atendida por clérigos de rito romano). ¿Se puede creer que en estas decisiones papales en cuestión de fe y costumbres, donde se supone que opera, hubo realmente infalibilidad? El papa por su primado, que dicen le viene por ley divina ¿tiene derecho a esa actitud tan déspota?
En la iglesia occidental, los concilios promovidos después del cisma son considerados ecuménicos, por ser convocados y presididos por el papa, o por ser presididos por sus delegados, y donde moralmente, según dicen, está presente la iglesia mundial. El papa es quien debe ratificar las decisiones del concilio para ser consideradas ecuménicas e infalibles. Esto da las condiciones para que, aunque los obispos votasen en mayoría contra una propuesta de dogma, el papa y sus allegados de todos modos la definan ex catedra. En realidad, el papa viene a ser sólo, quizá, un patriarca, el de Roma, pero no el primado de toda la iglesia, porque ese privilegio lo definieron en el tardío concilio vaticano I, en el siglo XIX, hecho en occidente. Aunque a este concilio se le da el título de ecuménico, no puede considerársele así porque los obispos que aceptaron tal cosa fueron todos occidentales, los que sí reconocen el primado absolutista del papa (aunque hubo una parte que no lo aceptaron, y hasta se cismaron de Roma), y aunque la mayoría de los obispos votaron en contra, según parece, se definió como dogma lo que el papa y sus allegados quisieron. La enorme cristiandad ortodoxa, oriental, que no reconoce su primado absolutista, no participó, sólo tal vez, representantes de las pequeñas iglesias orientales que se han unido a Roma.
Los concilios realmente ecuménicos e infalibles, son aquellos en que participó la mayoría de la iglesia en su conjunto, tanto la oriental como la occidental romana, esto según la doctrina de san Pablo, en la cual se expresa que la iglesia es un cuerpo y todos los órganos se necesitan mutuamente, se necesita hasta del órgano más pequeño, y la cabeza no dice a los pies “no les necesito”.
El hecho de que en la iglesia ortodoxa, y en las precalcedonias, se hayan conservado las jurisdicciones autónomas, los patriarcados y autocefalías, ha permitido que exista en parte eso que llaman democracia (aunque tal democracia, el poder gubernamental del pueblo, sea algo realmente utópico, pues, como ya lo preveía Rousseau, los gobiernos democráticos realmente llevarían a una aristocracia electiva al poder. Fue cierta su profecía: en México, por ejemplo, los partidos políticos que albergan a ciertas elites de personas, son los únicos que pueden aspirar a tener candidatos al gobierno, y cualquiera que aspire a ser presidente tiene que pasar por su filtro, por una serie de estratos dentro de algún partido, y sólo algunos podrán llegar a ser candidatos, y sólo uno o dos de los partidos tendrán la mayor probabilidad del triunfo: el PRI y el PAN. Además, realmente las clases bajas no tienen acceso a los altos cargos políticos, sólo gente rica, o que siendo pobre subió de estatus, es decir estamos viendo una oligarquía en el gobierno de estas tierras que llaman México). En la iglesia ortodoxa pues, el poder de primacía se distribuye entre más personas (los patriarcas y primados autocefalos, que no laicos), y por ello es más controlado, no acaparado, por un solo jerarca que imponga a sus anchas su voluntad, junto con sus secuaces. Es como debería de ser, idealmente, la relación entre los congresos y presidentes, en los gobiernos laicos republicanos. En el congreso, por ejemplo, si sus componentes son de partido o partidos contrarios al del presidente, frenan el que éste domine absolutamente en la república, saltándose el ejecutivo al poder legislativo. Eso es lo que se está tratando de hacer actualmente en México. Así, dentro de la iglesia ortodoxa hay bloques de patriarcas y primados autocefalos que tienen intereses en común, y puede haber antagonismo entre un bloque y otro, lo que equilibra las fuerzas, de manera que ningún bloque acaba por imponer sus intereses de manera despótica, si no que se llega a acuerdos y consensos.
En la iglesia católica romana, en cambio, el poder harto centralista del papa hace que la democracia sea nula, pues se hace lo que diga el papa y sus allegados, sin ninguna posibilidad de que alguien les cuestione o les contradiga, so pena de excomunión. Eso era, por ejemplo, lo que pasaba en México hasta hace unos años, cuando el presidente era omnipotente y podía manejar a su antojo al poder legislativo, porque el poder estaba acaparado por un solo partido, el PRI, y eran ellos mayoría en el senado y en la cámara de diputados. A la larga, ese centralismo de la iglesia romana provoca que surjan tensiones, muchos rebeldes, pues al acaparar tan poca gente el poder hacen que surjan inconformes que desean tener poder religioso, y por eso entran en conflicto con el centralismo absoluto, buscando crear nuevas alternativas religiosas, donde más gente tenga el control. Al ser impensable siquiera un diálogo con el poder centralista romano, se suscita que las tensiones se escapen por medio de la creación de nuevos grupos religiosos que rompen absolutamente la comunión con la iglesia romana, es decir, surgen las mentadas sectas, en lugar de que se formen iglesias autónomas que mantengan la comunión entre sí, como sucede en la iglesia ortodoxa, y en otras orientales.
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DEL PRIMADO DEL PAPA Y LAS SAGRADAS ESCRITURAS
Según se cree, los evangelios fueron escritos en tiempos posteriores a la vida de Cristo. La Biblia de Jerusalén indica que el evangelio de Mateo data del año 50, pero se trata de una hipotética versión en arameo de la cual no se ha podido encontrar nada hasta el día de hoy. El evangelio de Mateo en Griego, que es el que sí ha llegado hasta nuestros días, data del 67 después de Cristo, según los exegetas. El evangelio de Marcos está fechado en el año 64, el de Lucas en el 67, junto con el libro de los Hechos, atribuido también a san Lucas, y el evangelio de Juan lo fechan en el 95. Las cartas de san Pablo son todas anteriores a los evangelios, lo que las hace las más antiguas fuentes bíblicas del nuevo testamento, según las cronologías. Estas datan de entre los años 51 al 62.
Según san Pablo, en su carta a los Gálatas, Pedro era el apóstol de los circuncisos, y tres apóstoles eran los pilares de la iglesia cristiana de los de origen judío: Santiago, Kefas (Pedro) y Juan, autonombrándose Saúl de Tarso como el apóstol de los incircuncisos, o gentiles. Dice también que Pedro se sentía presionado por los enviados de Santiago (a quien llama hermano del Señor), en cuanto a comer con los incircuncisos, y por eso evitaba ello, por lo cual Pablo le enfrentó.
En los evangelios es común ver que se menciona a Pedro, Santiago y Juan, como los apóstoles que más de cerca seguían al Señor a todos lados. Se podría pensar que se está legitimando la jerarquía, que en tiempos que se escribieron los evangelios, ya habían adquirido, pues cita san Pablo que tres homónimos eran los pilares de la iglesia de los circuncisos. Cabe añadir, que la tradición ortodoxa menciona como jerarca episcopal de Jerusalén, a Santiago hermano del Señor Jesús, concordando en esto último con la carta a los Gálatas, quien no era parte de los doce apóstoles, según la tradición oriental. En el libro de los Hechos se mencionan, reunidos en Jerusalén, a todos los apóstoles, dando el nombre de cada uno, y entre ellos, el de Santiago y su hermano Juan, y de Santiago de Alfeo, faltando únicamente Judas Iscariote. También se enlista a la virgen María, y después a los hermanos del Señor. Aunque el libro de los Hechos no da sus nombres, de estos últimos sabemos, por el evangelio de Mateo, que uno se llamaba Santiago, otro José, otro Simón y otro Judas. Por tanto, según este texto de Hechos, parece que los hermano del Señor posiblemente no se hallaban dentro del grupo de los 12 apóstoles. Así las cosas, Santiago hermano del Señor mencionado en la carta de los Gálatas, quien era obispo de Jerusalén según la tradición, de la iglesia de los circuncisos, tal vez no era, ni el hermano de Juan, que los católicos romanos llaman “el mayor”, ni Santiago de Alfeo, a quien los católicos llaman “el menor”. Probablemente, entonces, la tradición oriental no esté tan herrada.
El apóstol de Tarso, en varias ocasiones, nombra primero en sus cartas a los cristianos de origen judío y enseguida a los griegos, como en una de sus cartas a los Corintios, y en la de Romanos. Incluso, alguna vez en la de los Gálatas, en el pasaje cuando increpó a Pedro, dice que los hebreos, como él y Kefas, no eran parte de todos esos pueblos de pecadores, que para él eran los gentiles, dejando ver que tenía a estos últimos por inferiores, respecto a los hebreos. También se entiende que los gentiles cristianos de entonces eran principalmente griegos.
En el libro del Apocalipsis, se dice que los salvados por el cordero serán, en primer lugar (quitando interpretaciones forzadas y sólo atendiendo al texto), 144000, es decir, una gran muchedumbre, de todas las tribus de Israel, y luego una muchedumbre incontable de toda lengua y pueblo, o sea, de los no hebreos o gentiles. San Pablo reconoce también, una jerarquía importante a Santiago Kefas y Juan, los pilares de la iglesia de los circuncisos, con los cuales buscó la comunión, y la aprobación, para predicar entre los gentiles. Entonces, en los tiempos apostólicos, como es lógico, la iglesia considerada más importante era probablemente la de los cristianos de origen judío, y por ello en el libro del Apocalipsis y en las cartas de san Pablo, el orden psicológico de la redacción nos menciona primero a los cristianos de ese origen, así como Pablo les concede una jerarquía importante. En segundo término estaban los cristianos venidos de la gentilidad.
Según el libro de los Hechos, en el tiempo que san Pablo se convirtió al cristianismo, Pedro visitó la iglesia hasta entonces extendida por Judea, Samaria y Galilea. También la iglesia se había extendido hasta Fenicia y Antioquia, según los Hechos, con cristianos que huyeron hasta allá desde Judea, después de una persecución que se desató cuando mataron a Esteban. Se menciona que esos cristianos hebreos que se dispersaron, llegaron hasta Chipre, y también se mencionan predicadores de Cirene en Antioquia, ¿ello indicará por ventura, que la iglesia cristiana se había extendido ya hasta el norte de África? Pablo fue quien empezó a viajar, para predicar, según los Hechos, hasta Chipre, Efeso, Atenas, etc., es decir, a ciudades de gentiles, de cultura griega principalmente. El libro de los Hechos se concluye con la narración del viaje de Pablo a Roma. Este relato dice que cuando llegó allá, lo recibieron judíos avecindados en esa ciudad, que no cristianos, a los que intentó convertir, pero tal parece que con poco éxito, y entonces les dijo que el mensaje de Cristo se les daría a los gentiles, y que ellos sí lo recibirían. Se da a entender pues, que cuando llegó a Roma san Pablo, todavía no había cristianos, y como el libro de los Hechos dice que se quedó allí por dos años, es probable que él fuese quien logró fundar la primera comunidad cristiana romana.
El evangelio de Mateo, menciona que Pedro es la piedra donde edificaría su iglesia el Señor, y que a Pedro se le dio el poder de que lo que atara en la tierra sería atado en el cielo (mas cabe recalcar que el mismo evangelio de Mateo, más adelante, menciona cómo Yeshua o Jesús, reunido con sus apóstoles, les dice también a todos ellos, que lo que atasen en la tierra sería atado en el cielo, lo que habla de posible igualdad de poderes entre los apóstoles, y por ende, entre sus sucesores modernos, los obispos). Según las notas exegéticas de la Biblia de Jerusalén, el evangelio de Mateo fue escrito para una comunidad de cristianos de origen judío, avecindados en Antioquia. Según las notas para el evangelio de Marcos, éste fue escrito para lectores romanos. El de Lucas fue escrito para lectores de origen griego. De todos ellos, el único evangelio que menciona la supuesta promesa del primado absolutista de Pedro, es el de Mateo, el cual fue escrito para cristianos de origen judío, de Antioquia, como dijimos. En el evangelio de Marcos, escrito para romanos, no se menciona nada sobre la dicha promesa, y eso que dicen los de la iglesia católica que Pedro fue obispo de Roma, y sería lógico que este autor mencionara algo al respecto. Por otra parte, la tradición oriental dice que Pedro fue obispo de Antioquia, y para lectores de esta ciudad fue escrito el evangelio de Mateo. Entonces, podemos concluir que la supuesta promesa del primado absolutista, dada a Kefas o Pedro, que pone en labios de Cristo el escritor del evangelio de Mateo, es sólo una forma de exaltarle por ser el apóstol principal de los circuncisos o cristianos de origen hebreo, como ya hemos dicho que le llama san Pablo, y además, porque es muy probable que era el obispo de Antioquia en ese entonces, de donde era, probablemente, originario el escritor, y para cuyos fieles estaba dirigido, el evangelio de Mateo. Es lógico que le considerasen por todo esto, el más excelso de los apóstoles. Con el tiempo la iglesia cristiana de los judíos fue perdiendo importancia, y los gentiles ganaron terreno. Los manuscritos que se conocen de las escrituras canónicas del N. T., verbi gratia, están en su totalidad en lengua griega, que no aramea ni hebrea. Los latinos no debieron tener tanta importancia tampoco, pues las escrituras que ellos toman como originales del Nuevo Testamento, están en griego. Si bien el obispo romano fue considerado en algún momento el primero entre los patriarcas, por estar en la capital antigua del imperio, su gusto le duró sólo hasta el siglo V, en el cual, fue promulgado por el concilio ecuménico de Calcedonia que el primero entre los patriarcas sería el de Constantinopla, porque ahí se había trasladado la nueva capital del imperio romano, cosa que el obispo de Roma se negó a acatar, y de qué modo, tratando de imponer, por el contrario, su poder absoluto, que a la larga sería una de las causas de el cisma de la iglesia, en 1054. Otra razón de que los gentiles cobraran tanta importancia, pudo ser el hecho de que los judíos eran más reacios a convertirse al cristianismo, según se entiende en algunos pasajes neotestamentarios, por ello su número fue quedándose menor respecto a los gentiles, quienes, según parece entenderse en los dichos escritos del Nuevo Testamento, se convertían más fácilmente al cristianismo.
Ahora bien: el catecismo de la iglesia católica dice que la única iglesia valida, es la gobernada por el sucesor de Pedro, junto con los obispos (sucesores de los apóstoles), en comunión con él.
Si bien la tradición, tanto en Oriente como en occidente, dice que Pedro murió en Roma, ello no implica a priori que haya sido el fundador y primer obispo de la comunidad cristiana de dicha ciudad, como afirma la iglesia católica romana. Según los Hechos, es más probable que cuando Pedro llegó a allá, fue un obispo más, pero no el primero, que dejó a sus únicos sucesores en Roma, pues el libro de los Hechos da a entender que cuando Pablo llegó a la capital imperial, encontró sólo judíos. Entonces Saúl de Tarso se quedó dos años, y en ese lapso, pudo fundar la primera comunidad cristiana romana.
¿Acaso Pedro desarrolló toda su vida ministerial, hasta que murió, únicamente en Roma? El libro de los Hechos, como hemos visto, dice que Pedro desarrollaba su ministerio a lo largo de Judea Samaria y Galilea, en tiempos que Saúl de Tarso se convirtió al cristianismo. La carta a los Gálatas dice que visitaba hasta las comunidades de Antioquia. Una carta de Sanct Pedro indica que la escribió desde Babilonia ¿acaso en el Eufrates, aunque interpretan los romanos que tal Babilonia es Roma? Se entiende pues que desde Judea hasta Antioquia, Pedro desarrolló su ministerio antes que en Roma. Entonces, cuando Pedro marchó a la capital del imperio, pudo dejar un sucesor en Judea (al mismo Santiago) o en Antioquia.
La tradición oriental dice que Pedro fue obispo en Antioquia, como ya dijimos. Esto puede ser cierto, pues concuerda con lo que dice el libro de los Hechos, acerca de que después de la persecución desatada en Judea, cuando la muerte de Esteban, mucha gente cristiana hebrea migró para Antioquia. Si bien el libro de los Hechos sólo menciona que Pablo y Bernabé fueron a Antioquia, después de la persecución, la epístola a los Gálatas indica que Pedro también visitaba esa ciudad. Históricamente, dice De Vries, primero alcanzó Antioquia el rango de patriarcado, antes que Jerusalén, quizá porque creció más el número de cristianos con los hebreos conversos inmigrados, más otros conversos nativos, mientras que en Jerusalén, tal vez decreció el número de cristianos por las persecuciones, las cuales pudieron expulsar también a Pedro, sino es que hasta tuvo algunas disputas con Santiago, quien por ser hermano de Jesús se quedó como el jerarca de Jerusalén.
Además, el papas de los coptos reclama ser heredero de Pedro, pues san Marcos, que se supone fundó la iglesia de Alejandría, según la tradición oriental, era discípulo de Pedro. Entonces tenemos que, no sólo Roma puede tener un sucesor de san Pedro, si no otras tres sedes más: Antioquia, Alejandría, y hasta Jerusalén, con menor probabilidad. Entonces, estas cuatro sedes tendrían derecho a aspirar a ser primados absolutos de la iglesia entera, por tener jerarcas sucesores de san Pedro. Pero, ¿por qué entonces Roma dice tener a su único sucesor, y que es la única sede que tiene derecho de ser primado absoluto? Si dicen que la tradición ortodoxa es incorrecta, ¿cómo pueden demostrarlo los católicos?, ¿como pueden probar los romanos que su tradición es la única valida? Los restos de San Pedro en Roma no solucionan este dilema, pues sólo demuestran que murió ahí, mas no que fue el único lugar donde dejó Pedro un sucesor.
En el argumento católico de que Pedro fue el primer obispo de Roma, se puede criticar aún más, ya que leyendo las escrituras sagradas, sobre todo las epístolas, vemos que los términos presbyteros y episkopos, describen jerarquías que no parecen tener muchas diferencias. En una carta de san Pedro, verbi gratia, leemos que él mismo se autonombra presbyteros, no episkopos. Es de pensarse pues, que en los tiempos apostólicos, aún no se definía la jerarquía de obispo como la entendemos actualmente. Por lo tanto la afirmación católica sobre que Pedro fue el primer obispo de Roma, es más moderna, no es del tiempo apostólico. Las escrituras más bien dan pistas para pensar que fue Pablo quien fundó, y consecuentemente, tal vez, fue el primer jerarca, no sabemos si obispo o presbítero, de Roma.
Concluyendo, podemos preguntarnos: si Pedro hubiese tenido un primado absolutista como el papa, quien pretende ser el único sucesor de Kefas, ¿Pedro se hubiese sentido presionado por los representantes de Santiago, como dice la epístola a los Gálatas, para no comer con los incircuncisos? ¿Pablo hubiese atrevido a enfrentar a Pedro, como según cuenta lo hizo, en su epístola a los Gálatas, por el mismo hecho de no comer con los incircuncisos? ¿Algún obispo moderno se atrevería a contradecir al papa, so pena de que le excomulguen? Más aún, Pablo menciona pues, que Pedro era partidario de imponer leyes judías a los conversos gentiles, por presión de Santiago, y por ello se le enfrentó. Si de verdad Pedro hubiese tenido un primado absolutista como el papa actual, se hubiesen impuesto sus ideas, similares a las de Santiago, y hoy los cristianos tendríamos que seguir todavía, tal vez, la circuncisión o el shabat, o comer sólo de algunos alimentos y otros no por impuros. ¡Pero no!, las ideas que se impusieron en la iglesia fueron las de Pablo, quien tenía entonces menor jerarquía que Kefas, mas no las de Pedro, ni las de Santiago, quienes eran judaizantes.
Si la promesa hecha a Pedro le confirió a éste, de parte de Cristo, el muy mencionado primado absolutista, como el que tiene actualmente el papa dentro de su iglesia romana, implicaría que el obispo romano (que dice ser el único sucesor de Pedro), tenía desde antiguo jurisdicción universal sobre todos los obispos, con un mismo derecho canónico, un mismo rito litúrgico. ¿Por qué entonces, el concilio segundo ecuménico de Constantinopla, ocurrido en el siglo IV, ya plantea la organización de jurisdicciones autónomas, conocidas como patriarcados, y no se menciona una iglesia con un rey absoluto, el obispo romano? ¿Por qué entonces hubo, tanto en oriente como en occidente, gran diversidad de ritos litúrgicos, que en oriente siguen existiendo, y nombrando sólo los occidentales tenemos: el galicano, el mozarabe, el ambrosiano, mismos que fueron desplazados a partir del tardío siglo IX, cuando el obispo romano empezó a cobrar mando absolutista en occidente, según De Vries, y se impuso como único al rito romano?
El Primado legado a Pedro, el cual se supone que heredó únicamente al obispo de Roma, implicaría también que el obispo romano desde antiguo, debió, como marcan los cánones actuales de la iglesia romana, convocar, presidir y confirmar por medio de su infalibilidad, cada uno de los cánones de los concilios ecuménicos antiguos. Pero los siete concilio ecuménicos anteriores al cisma: el de Nicea en 325; el de Constantinopla en 381; el de Efeso en 431; el de Calcedonia en 451; el de Constantinopla II, en 533; el de Constantinopla III, en 580, y el de Nicea II, en 787, fueron convocados con frecuencia por el emperador romano de oriente, avecindado en Constantinopla, y por supuesto ninguno fue confirmado por el obispo de Roma con infalibilidad, pues este dogma lo definió Pio IX en 1870, en el concilio Vaticano Primero, ocho siglos después del cisma, y once siglos después del último concilio anterior al cisma. ¿Por qué tan tardíamente definieron la infalibilidad del papa, si es que Pedro la recibió de Cristo Yeshua desde el principio de la iglesia? ¿Por qué hasta el siglo V, según De Vries, cuando el concilio de Calcedonia le retiró a Roma el título de ser el primero de los patriarcas, empezó éste a reclamar el tan mentado primado absoluto, y hasta en el siglo IX inventaron documentos falsos, como las actas pseudo isidorianas, para tratar de probar que existía un primado absoluto del obispo romano desde el siglo I, documentos que hasta el mismo Wilheim de Vries, historiador, que era clérigo católico, reconoce que eran falsos, por objetividad histórica?
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DE INFLUENCIAS ICONOGRÁFICAS ORIENTALES EN LA IGLESIA CATÓLICA ROMANA
Hace un tiempo salió un documental en el canal once, de México, en el cual se volvió a presentar la reconstrucción facial de un cráneo del siglo primero, de Palestina, publicada años atrás. Según los investigadores, las facciones de un judío de aquel siglo no eran tan “finas”, y probablemente la piel de aquellos era más morena que blanca, como es común aún en muchos pueblos semitas, difiriendo de lo que estamos acostumbrados a pensar de los judíos actualmente, pues les conceptuamos más blancos que morenos, quizá porque, aunque su ley lo prohíba, se han mezclado con gentes indoeuropeas en las diferentes latitudes donde migraron: los sefardíes en España, y los azkenazi en los países de Europa septentrional. La prueba de esto, quizá, la vemos en que las facciones entre los judíos del siglo I y los contemporáneos, son diferentes, y tal vez ahora son más “finas” y son de piel más blanca, por la mezcla mencionada. También, en el documental mostraron unas pinturas que existen de una sinagoga de Siria, del siglo III, en las cuales se aprecia que la apariencia de los judíos de aquel tiempo era con pelo chino, corto, y barba corta, lo que los hacía ver muy "afro", como dijo el investigador del documental, cosa no rara, ya que los hebreos estuvieron en Egipto, y pudieron mezclarse con personas de rasgos africanos, rasgos que encontramos hasta en las representaciones de personajes de la elite faraónica, lo que indica que pudieron ser bastantes comunes entre los habitantes de Egipto. En el documental señalaron también que la imagen predominante de Cristo, hoy en día, procede de la iglesia oriental, y por ende, las facciones que le ponen en estas imágenes corresponden a la gente de latitudes de Europa oriental y la actual Turquía, predominantemente. Los romanos le conceptuaban de otro modo.
Podemos ver en una de las ediciones recientes del catecismo de la iglesia católica, que se miran en su portada y contraportada algunas imágenes de Cristo. Unas son de las catacumbas romanas, y otra más es de la iglesia oriental, ortodoxa, de un monasterio del monte Athos. Puede verse que las representaciones de Cristo en las catacumbas, según la usanza más extendida de la clericia católica romana hasta hoy, es sin barba y pelo más bien corto, mientras que las representaciones de Cristo, de las iglesias orientales, según la usanza de sus clérigos, son con barba y pelo largo.
En el libro Arqueología Cristiana, de Jesús Álvarez (misionero claretiano, católico), editado por la BAC, podemos ver algunas ilustraciones que muestran nuevamente que en la iconografía paleocristiana occidental, de las catacumbas, de entre los siglos II al IV, Cristo aparece sin barba y con pelo más bien corto. En cambio, en los templos de Ravena, de entre los siglos V y VI, que fue un exarcado bizantino en Italia, vemos que si bien hay influencias occidentales en cuanto a la iconografía de Cristo, pues hay algunos iconos de nuestro Señor en los cuales se le aprecia sin barba, y con pelo más bien corto, también ya encontramos iconos donde aparece Cristo con barba y pelo largo.
En una página de internet, que presenta iconos del reino de Pamplona - Najera, encontramos ya una versión occidental del Pantokrator, bizantino, del siglo X. Durante los siglos XI, XII y XIII en los cuales cundió el arte románico, de occidente, se copiaron con mucha frecuencia las iglesias y los iconos bizantinos. Así pues, hay varias versiones románicas del pantokrator, que se encuentran, verbi gratia, en el Panteón de san Isidoro de León, en el Libro de los Testamentos de la catedral de Oviedo, o en san Clemente de Tahull, en Cataluña. El famoso crucifijo de san Damián, de Italia, que evidentemente es de estilo bizantino, fue pintado en el periodo románico también. En todos estos iconos aparece Cristo con barba y pelo largo.
Esa imagen de Nuestro Señor, de la iglesia oriental, con barba y pelo largo, es la que se impuso en occidente, pues hasta el día de hoy se utiliza en la iglesia católica, ¿por qué? Una explicación que podríamos formular es que, como el emperador de oriente fue el único que quedó en pie, después de la caída del imperio de occidente, y fue quien vino a gobernar a la iglesia entera, por lo cual la mayoría de los concilios ecuménicos antes del cisma fueron en oriente, se dieron las condiciones para que surgiese una estratificación hacia adentro de la iglesia. En ésta estratificación, la iglesia oriental tenía mayor jerarquía que la romana occidental. Así, en cuanto iconografía, se impuso la imagen o icono de Cristo a la manera oriental, en la iglesia romana, y la occidental, sin barba ni pelo largo, fue desplazada.
Cabe añadir que Cristo, por lógica, se pensaría que no usaba el pelo largo, pues los judíos ordinariamente no lo usaban (como lo expusieron en el documental mencionado). Incluso una de las cartas de San Pablo, dice que era afrentoso que un hombre, común y corriente, llevara el pelo largo. Los que sí le usaban eran los nazires, como dice en el Pentateuco. Sansón o Juan el Bautista, según los relatos de anunciación de sus nacimientos, fueron nazires desde su nacimiento, pero Cristo, según se podría pensar, no lo fue, pues el relato de su anunciación no menciona nada al respecto. Tampoco es probable que de adulto hiciese voto de nazir, porque bebía vino, y eso se le prohibía a los nazires. A no ser que adoptó el pelo largo como símbolo de consagración, igual que los nazires, pero no cumplía el voto de no beber vino, como ellos.
Sin embargo, pensando a Cristo por un momento como humano, según las definiciones conciliares, y no solo con la divinidad con que siempre le conceptuamos preponderantemente, le podemos concebir como un inconforme religioso y social, que buscó reformar las estructuras religiosas y sociales en general, de su tiempo, pues no se conformaba con la maldad, con la terrible desigualdad que había corrompido a la sociedad Judía, donde los sacerdotes, que ostentaban poder religioso y político, eran artífices de la opresión a los de las clases bajas judías, ya que inculcaban en el pueblo que se debía discriminar a los que no tenían riquezas, y a los enfermos, personajes todos reivindicados en el evangelio, porque se consideraba que padecían esa pobreza o enfermedad, por sus pecados, o los de sus antepasados, y estaban dejados de la mano de Dios, por ende. De este modo sí es posible conceptuar entonces a Jesucristo, con pelo largo, como signo de su inconformidad con las estructuras sociales establecidas en Judea. La barba era símbolo de honorabilidad entre los judíos, por eso Yeshua es muy probable que sí debiera usarla, ¿o qué tal que si por ser un inconforme, no usaba la barba, por ser algo bien visto dentro de la sociedad judía? El evangelio nos da evidencias de que Cristo rompía las normas judías, como por ejemplo, el no lavarse las manos para purificarse o hacer cosas en el shabat.
Ni una ni otra imagen, oriental u occidental, creemos que corresponde cien por ciento al verdadero Jesús, pues seguramente era de facciones menos “finas” de lo que lo pintan, y más moreno, con pelo tal vez corto (o qué tal con pelo largo y sin barba). Dudamos mucho que haya tenido ojos zarcos o claros, como es común verle representado en algunas imágenes de la iglesia romana, que parecen tomadas de una película de Zefirelli.
Después de todo, como hemos visto, los hombres suelen representar a su Dios como a sí mismos, así se entiende la diversidad de iconos de Cristo que hemos mencionado, los de Roma, y los de la iglesia ortodoxa. Existen también los iconos coptos, de Etiopía, en los cuales pintan a Cristo con facciones australoides o “afro”, como es su raza. Los hombres blancos representan a su Dios como a sí mismos, blanco, y sería un oprobio que estuviesen adorando a un Dios que originalmente fue moreno, pues suponen a priori que sería de raza inferior. Por ello el papa puso el grito al cielo cuando publicaron primariamente esa reconstrucción del dicho cráneo, del siglo primero, hace unos años, según el documental. Mas de pronto, la frase "Cristo también era negro", atribuida a Daniel Comboni, obispo italiano de la iglesia católica, cobra un nuevo sentido, aunque habría que retocarla: ¿"Cristo era negro"?
Aproximadamente desde el concilio Vaticano II, en la iglesia católica ha cobrado nuevo auge el gusto por los iconos ortodoxos. Dichos iconos están pintados según viejas normas, impuestas por las mismas iglesias. A pesar de las influencias romanas, verbi gratia, en la iglesia rusa, no se aceptan bien las imágenes de escultura en la iglesia ortodoxa, porque en el VII concilio ecuménico, realizado antes del cisma, el segundo de Nicea, el cual los católicos dicen reconocer, se emitió un canon que de alguna manera prohíbe las esculturas. Por ello los iconos ortodoxos por excelencia, son pinturas. Al contrario, los católicos prefieren, contradiciendo al concilio, usar esculturas. También, la iglesia católica realmente ha dejado al arbitrio de los pintores y escultores las imágenes que fabrican, por ello, generalmente, no tienen uniformidad.
Los católicos cada vez se apropian más y más de los iconos de la iglesia ortodoxa. Les hemos visto, por ejemplo, con mucha frecuencia, en portadas de libros. En el Misal Mensual, verbi gratia, publicado por Obra Nacional de la Buena Prensa, ponen iconos ortodoxos en sus portadas, con algunas variaciones. Así, sacaron el de Pentecostés, el cual en la iglesia ortodoxa no tiene a María, sólo a los apóstoles. El que pusieron en el misal, en cambio, tiene a María en el centro, a la manera romana. Esta es la única diferencia. En otro ejemplar pusieron de portada a "la virgen de la ternura", que no es otra que la Eleusa (palabra que suelen traducir como ternura, o bondadosa) ortodoxa. Y tienen la desfachatez de poner en la contraportada que su autora es "Rosa María Perejoan”, de Jerusalén. ¡Qué falsedad más grande! Pues los iconos se hacen según normas establecidas por la iglesia, incluso de milenios, como lo demuestra el de la Trinidad. Aunque se reconozca en la iglesia ortodoxa que el más famoso de estos iconos lo pintó Andrei Rubleiv, lo hizo según normas eclesiales antiguas, como lo muestra un icono de la Trinidad, muy parecido en lo esencial, que se encuentra en la iglesia bizantina de San Vitale, de Ravena, Italia, del siglo VI. Sin embargo, esta representación trinitaria se puede encontrar también en la paleoiconografía de las catacumbas romanas, según parece.
Un icono que retoman mucho los católicos, recientemente, es el Pantocrátor, muy copiado durante el periodo románico, como ya hemos visto. Otro ejemplo es, precisamente, el de la Trinidad. En Rusia la representan como tres jóvenes sentados a la mesa, los tres exactamente iguales, basándose en el relato de la teofanía de Mambré (por lo cual se le dice Trinidad veterotestamentaria). Los católicos romanos lo transformaron, pintándole como a tres personas idénticas a Jesús, como en un cuadro que se encuentra en la Basílica de Guadalupe, en México. También, con mucha frecuencia, el icono ruso le hemos visto en portadas de libros católicos, y le venden como si fuese imagen de la iglesia romana. La pintura más común de la Trinidad, usada en la iglesia católica romana, poniendo al Padre como un anciano, a Cristo joven, y al Espíritu Santo como una paloma (a la cual se le dice neotestamentaria), no puede rastrearse en occidente (aunque también hay iconos orientales de este tipo, aproximadamente de la misma época) más allá de la baja edad media, según parece.
La “virgen del Perpetuo Socorro”, es otro ejemplo, y más antiguo. Según un clérigo ortodoxo, fue robada por los cruzados de Bizancio (hoy Estambul, Turquía). Sin embargo, los católicos dicen que la llevó a Roma un “piadoso comerciante”. El móvil que pudieron tener los cruzados para cometer este latrocinio, si es que la historia del hurto es cierta, es la leyenda, que aún existe entre los católicos, acerca de que este tipo de iconos fueron pintados por san Lucas. Dicha pintura es en realidad un icono de la Odigitria bizantina, o la que muestra el camino, pues nos muestra a Cristo, que es el camino la verdad y la vida, con su mano derecha, mientras le sostiene en su brazo izquierdo. Entre los rusos ortodoxos le llaman icono de la pasión, por los instrumentos de tortura, de su pasión, que muestran los ángeles a Jesús niño.
Podemos añadir que los iconos ortodoxos, incluso parecen tener más exactitud histórica. Por ejemplo, el icono ortodoxo equivalente al de La Última Cena, ubica a Cristo en el extremo izquierdo de la mesa, como parece que era la costumbre en tiempos de Jesús. Además, en dicho icono se dibuja la mesa baja, y a los apóstoles sentados en asientos bajos, aunque no recostados, como parece que era la costumbre de su época. Los iconos occidentales de Giotto, por ejemplo, del siglo XIV, todavía guardan estas formas. Sin embargo, a ultimas fechas, hasta la iconografía ortodoxa sobre la Cena Mística, o Última Cena, se ha visto transformada por influencias de la pintura de Da Vinci, del siglo XV, la cual es la más conocida en occidente, que representa a Cristo en medio de una mesa, que es más alta, y en la cual están sentados todos en sillas más altas. Esta imagen no corresponde a las costumbres orientales de los tiempos de Jesús. También, en los iconos ortodoxos se pinta a la Virgen con un manto color vino, café, o rojo. Según un documental que pasó por canal 22, de México, estos colores fueron usados, más probablemente, por las mujeres de la clase social de María, y no el azul, como la pintan en la iglesia católica romana.
APENDICE SOBRE INFLUENCIAS ORIENTALES EN LA IGLESIA DE OCCIDENTE
Cabe mencionar que hay otras varias influencias orientales en la iglesia católica. Ya entre los siglos VIII-IX, Carlo Magno mandó construir una iglesia, copiando la de san Vitale, bizantina, de Ravena, Italia. El investigador Eisenhofer, en su libro Compendio de Liturgia Católica, de Editorial Herder, acepta que el rito galicano, dividido en múltiples variantes, el cual se extendió más que el romano por todo el occidente, en la antigüedad, tenía influencias antioqueñas-bizantinas. Dice también, que actualmente se han descubierto influencias en la liturgia de occidente, del rito de Santiago, de Jerusalén. También, Eisenhoffer reconoce que el término liturgia no se usaba en la edad media, en occidente, sino hasta los siglos XVI-XVIII, por influencia oriental. En la iglesia ortodoxa, el término liturgia designa solamente al ritual equivalente al de la misa, el sacrificio eucarístico, pero en occidente vino a designar a todo servicio religioso reconocido oficialmente por los clérigos. P. Emidio de Ascoli, franciscano, católico, menciona que los usos litúrgicos y leyendas tradicionales de la iglesia bizantina se extendieron en Italia por los monjes de San Basilio que colonizaron Sicilia y Calabria, junto con la tradición de representaciones dramáticas de los hechos evangélicos. Esta tradición, de un modo u otro, vino a enraizar hondamente en “México”, en especial las dramatizaciones de la natividad, las “pastorelas”, y de la pasión.
Por ventura no es verdad que los primeros eremitas, surgieron en los desiertos de Egipto y Asia Menor, y fue hacia el siglo IV que surgieron los primeros kenobios con las reglas de San Pacomio, en Egipto, y de San Basilio en Asia Menor. El monaquismo en occidente, los católicos aceptan que empezó con San Benito de Nursia, en el siglo VI. P. Emidio de Ascoli reconoce que las reglas de dichos santos orientales influenciaron a la de San Benito. El monacato pues, puede evidenciar influencias orientales también, en la iglesia católica.
Y no es verdad que la iglesia católica romana utilizaba los llamados cantos ambrosianos, que según aceptan los católicos, tuvieron influencias orientales, pues así lo testifica san Agustín en sus Confesiones, para el siglo IV-V. Posteriormente usaron los cantos gregorianos, que se formaron y generalizaron en occidente entre los siglos VII-IX, aproximadamente, en los cuales utilizaban los llamados 8 modos griegos, número que aumentó después a doce, seis llamados auténticos y seis plagales. El canto bizantino utiliza, hasta hoy, 8 tonos. Por todo esto puede pensarse en una influencia bizantina, griega, en el canto gregoriano.
Según parece, ya desde aproximadamente los siglos IV-V, sanct Agustín informa también del uso de sartales de cuentas, o cuerdas con nudos, no recordamos bien el dato, usadas para el rezo en la iglesia oriental, que hasta hoy se utilizan. Un folleto católico que cayó en nuestras manos, intitulado “Breve Historia del Rosario”, de Ediciones Paulinas, señala que en la antigua Ninive, en Asiria, encontraron unas estatuas de mujeres sosteniendo sartales de cuentas, cuya postura parece de oración. Aseveran también que los monjes griegos (aunque no especifican en qué siglo), usaban cuerdas con nudos llamados “ombologuios”, los cuales se siguen usando en la iglesia ortodoxa, conocidos como comboskinis. Objetos similares también se usan entre los musulmanes y entre los budistas para rezar, lo que muestra que está más diversificado en oriente. En cambio, entre los católicos sólo se conoce el rosario. El más antiguo sartal que ha sido hallado, en occidente, es del siglo VII, en la tumba de santa Gertrudis. Fue hasta el tiempo de santo Domingo de Guzmán, quien vivió entre los siglos XII Y XIII, que se empezó a usar más ampliamente entre los católicos. De toda la información presentada, deducimos que puede haber otra influencia oriental en la iglesia católica, en cuanto al uso de este sartal para rezar, que conocen los católicos como rosario.
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