Juan Filopón (490-566)

Juan Filopón, llamado en su tiempo Juan el Gramático, nació bajo el gobierno de Zenón, luego su vida transcurrió durante las gestiones de los emperadores Anastasio, Justino II, Justiniano el Grande y murió el primer año de Justino II como emperador.

Fue uno de los pensadores bizantinos más destacados del siglo VI, especialmente porque su campo de acción abarcaba una gran cantidad de ciencias, o sea que no estaba circunscripto a la teología, ni siquiera a la filosofía, sino que abarcaba campos como el de la física, la astronomía, la aritmética o la geografía.

Fue, por ejemplo, con su hipótesis donde explicaba el movimiento, (sostiene que el "ímpetu" es lo que permite a un cuerpo sostener su movimiento sin influencia exterior, refutando las teorías de Aristóteles y relaciona los conceptos espacio, tiempo, velocidad, aceleración y fuerza, explicando su teoría), el precursor de la mecánica de movimiento moderna, ya que sus ideas fueron recogidas por Olivi, el cual a su vez fue tomado como base para la dinámica de Buridán, demostrando así el amplio desarrollo de sus ideas ya en esa época y su influencia en el pensamiento científico mundial.

Estudió en Alejandría, o sea que era de escuela pagana por excelencia, y a pesar de convertirse luego al cristianismo y escribir sobre las sagradas escrituras y sobre teología cristiana en general, fue considerado hereje por Leoncio de Bizancio y muchos años más tarde por Juan Damasceno. Sin embargo, a pesar de esas acusaciones, proclamadas por estos grandes personajes, sus escritos influenciaron notablemente en la civilización bizantina, por eso su gran importancia en la historia del pensamiento en Bizancio.

Filopón, cuando era pagano y discípulo de Ammonio Hermias,  se dedicaba a comentar obras de Aristóteles, como las Categorías, los Analíticos, la Física, la Generación y corrupción, y el tratado Sobre el alma, con lo cual quedó en la historia como filósofo aristotélico por excelencia, lo cual no es una completa verdad, porque también consideró muchas ideas platónicas o de los neoplatónicos, y porque fue un científico más que un filósofo o un teólogo.

Su conversión al cristianismo es una clara muestra de que los pensadores y científicos del siglo VI ya no encontraban en el paganismo todas las respuestas, y de que era necesario entrar en el mundo de la teología cristiana para que sus ideas fueran tomadas en cuenta.

Una de sus principales obras escritas como pensador cristiano es "De Aeternitate Mundi" (La eternidad del Mundo), donde Filopón presenta a Platón como discípulo de Moisés y lector de la Biblia, en un claro intento de someter al filósofo griego al pensamiento cristiano, lo que ya había hecho también Clemente de Alejandría. La obra es considerada una réplica al pensamiento del filósofo pagano Proclo sobre la eternidad del mundo.

"De Opificio Mundi" (La creación del mundo)  fue otra de sus obras muy leídas en Bizancio, y allí vuelve a tomar a Moisés como el maestro que influye sobre los teólogos y filósofos, y es en general un comentario de la Biblia y en particular una visión científica del Génesis, porque comenta los fenómenos científicos a la luz de las palabras escritas en dicho libro.

Su pasión por la ciencia lo hizo escribir abundantes comentarios a obras de Gerasa, Apolonio, Herodiano, Dionisio de Tracia y muchos más, además de los comentarios a Aristóteles ya mencionados, y con estos escritos los futuros estudiantes bizantinos tuvieron excelentes manuales con los cuales poder comprender a estos pensadores y científicos, convirtiéndose así en uno de los hombres fundamentales de la educación bizantina, tan importante para la formación de los ciudadanos que en el futuro serían también transmisores del conocimiento.

Podemos decir por esto que Filopón constituyó uno de los pilares del pensamiento bizantino, por el hecho de abarcar un extenso campo de acción, por haber escrito muy interesantes obras teológico-filosóficas que influyeron en mayor o menor grado en los futuros notables filósofos y teólogos bizantinos, y fundamentalmente por haber elaborado metódicamente extensos manuales científicos que fueron utilizados en la enseñanza de los futuros filósofos durante siglos, manteniendo viva la llama del conocimiento y configurando un muy temprano antecedente del humanismo bizantino, luego extendido por el mundo (Tomás de Aquino utilizó los pensamientos de Filopón en forma extensa y hasta los incluyó casi literalmente en su obra). Otro tanto puede decirse sobre el mundo árabe, ya que Filopón fue traducido muy rápidamente al siríaco y al árabe, siendo leído ampliamente por los pensadores del Islam.

                                                                                                                                                              Rolando Castillo

 

El Pensamiento de Filopón, por él mismo:

 

De aeternitate mundi.

En el mundo no puede haber más ni mejores cosas que las que hay.

Si el mundo fuera eterno, tendríamos el infinito en acto y como cosa enumerable: y como esto es imposible, la eternidad del mundo es, desde luego, un absurdo.

La creación se hace por la mera voluntad de Dios, y esta voluntad se manifiesta sin que tenga necesidad alguna de tiempo ni de dimensión. A la creación así concebida sólo le corresponde tener energía espiritual, la que también es atemporal y de ningún modo movimiento.

No vienen las criaturas a completar al Creador, ya que el mundo no tiene con Dios relación análoga a la que hay entre la luz natural y el Sol, pues lo divino se basta a sí mismo. Las criaturas están totalmente fuera de la sustancia divina y son extrañas a toda relación sustancial con ella. Dios sería perfecto aunque no existiera criatura alguna.

La creación se ha realizado en el tiempo, y también éste tiene su comienzo. No es, pues, verdad que todo lo que comienza en el tiempo se halla, por eso mismo, sujeto a devenir y cambio perpetuo.

Tampoco es verdad que todo lo que se hace necesite de la materia para hacerse, ni que se precise precise necesariamente que sea hecho de algún ser, pues puede ser creado de la nada. Es igualmente falso que exista materia sin forma.

Las almas no tienen su ser y sustancia en tanto que son principio de movimiento, pues tal como el sol, por su propia naturaleza y sin quererlo, ilumina y calienta desde que aparece, análogamente allí donde aparece el alma racional provoca por su solo ser, sin desearlo, vida y movimiento. Por tanto, el movimiento no constituye la sustancia del alma.

De opificio mundi.

Los cuerpos celestes, ante todo, no son animados, porque Moisés no dice de ello ni palabra.

El alma es incorpórea, ya que ningún cuerpo puede penetrar en otro, y no hay nada intermedio entre lo corpóreo y lo no corpóreo.

Se deduce del Génesis que sólo el cuerpo humano está hecho de tierra, pero no el alma; ésta, que es de otra naturaleza, se introduce en el cuerpo humano después de formado éste y desde fuera. Dios, tras crear al hombre, le impartió su bendición; lo cual hace evidente que la entrada del alma en el cuerpo no es un menoscabo, como pretende Platón.

Sólo las almas de los seres irracionales desaparecen al mismo tiempo que sus cuerpos, ya que ellas no tienen ninguna actividad separada de los cuerpos y todo su movimiento se refiere exclusivamente a ellos. En el alma humana ocurre lo contrario: que una vez separada del cuerpo, es cuando culmina su propia vida.

Cuando decimos de Dios que es infinito e incircunscriptible, hay que dar a estos términos un sentido especial, sin ver en ellos atributos de lugar ni de cantidad.

Los ángeles son sustancias incorpóreas, ajenas a toda dimensión, no ocupan lugar alguno ni dentro ni fuera del universo, y claro está que no son circunscriptibles, aunque tampoco son incircunscriptibles, pues este atributo le pertenece sólo a Dios. El pensamiento de que únicamente la inteligencia ve y sólo ella comprende, toma su pleno sentido exclusivamente al referirse a los ángeles.

La oscuridad no es más que la privación de su contrario, la luz.

La astrología suprime las leyes, la justicia, las admoniciones, las reprimendas, los elogios, las condenas y los castigos, o sea: todo lo que depende de creer en el libre albedrío. El cristianismo pide a los fieles que repudien la astrología, la cual aleja de Dios, y tal repudio es la mayor prueba de la piedad y de la fe cristianas.

Toda criatura existe con su perfección máxima en cuanto se ha cumplido el gesto divino de su creación. El hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, tiene reservada una sola evolución; es evidente que, en cuanto fué creado, ya recibió tal "imagen"; en cambio, sólo recibió esa "semejanza" virtualmente, en potencia, puesto que su sustancia racional es susceptible de alcanzar dicha semejanza en acto mediante el conocimiento de lo verdadero y la pureza de vida.

La evolución es común a los dos sexos, pues ambos no constituyen sino una sustancia y reciben idéntica definición: "animal racional mortal"

La fuente del mal no es otra que el empleo malo y voluntario de las facultades de nuestra naturaleza. Por tanto, el mal no es una realidad positiva, una sustancia; ni de lo anterior se sigue que el libre albedrío sea un mal.

Todo lo que es bello es bueno, pero no todo lo que es bueno es también bello.

Dios creó primero la luz y después las luminarias, precisamente porque Él puede separar las dos cualidades de la luz: el elemento lumínico y el elemento cáustico. En la Naturaleza se hallan seres que tienen el primer elemento y no el segundo.

Tratado sobre la resurrección (perdido)

El cuerpo resucitado no es idéntico al antiguo cuerpo de Cristo.

Padre, Hijo y Espíritu Santo tienen una naturaleza común, pero cada una de estas tres hipóstasis forma una persona aparte. (Acercamiento de Filopón al monofisismo)
La unidad es una y hace nacer a los números por su propia revolución.
La física es capaz de proporcianar fórmulas totalmente seguras sobre el movimiento de los cuerpos celestes, pero estas fórmulas, por ser muy generales, no pueden brindarnos la explicación precisa de los fenómenas que observamos. Para llegar a esto, el astrónomo recurre a ciertas raras combinaciones hipotéticas, pero jamás debe olvidar que le está prohibido considerar a tales hipótesis coma imágenes de la realidad.
La generación espontánea prueba que Dios ha insertado desde el primer instante en los elementos las razones semillales de todo la que habrá de nacer en el futuro.

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