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El Imperio Romano  Helénico y Cristiano de la Edad Media

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RINCONES BIZANTINOS

Iglesia de la Panayía

Fódele (Creta)

 

Iglesia de la Virgen en Fódele, Creta.

 

A unos 25 kilómetros de Heraklion, la capital de la isla de Creta, en dirección a Rethimno, se encuentra Fódele, un pequeño pueblo metido entre montañas cuyo principal mérito es que, probablemente, allí nació en 1541 uno de los mayores genios de la pintura de todos los tiempos, Doménico Teotocópulo, El Greco.

 

El largo dominio veneciano de Creta (1210-1669) hizo que la isla se convirtiera en uno de los bastiones más importantes de Occidente frente al Turco en el Mediterráneo oriental, y después de la caída de Constantinopla permitió que allí se produjera el llamado Renacimiento Cretense del siglo XVI, una de las épocas más importantes de la cultura griega tanto en las letras como en las artes. Por otra parte, las estrechas relaciones que existían entre la colonia veneciana y su metrópoli permitieron que numerosos artistas y escritores pudieran viajar a Venecia para ampliar formación y horizontes, y tal fue el caso de Doménico, quien, después de formarse como iconógrafo junto a su maestro Damasceno, emprendió un viaje sin regreso hacia Venecia que le llevaría en último término hasta Toledo. El Greco nunca olvidó sus orígenes, y en su obra occidental pueden distinguirse claramente elementos fundamentales de la iconografía bizantina que aprendió durante sus años de formación como artista.

 

La Plaza del pueblo y monumento al Greco

 

En la plaza del pueblo podemos comprar artesanía local y deliciosas naranjas recién arrancadas del árbol, y también tomar un café mientras admiramos la agreste y plácida belleza del entorno. Allí se encuentra un bloque de mármol de Toledo que en 1934 llevó un grupo de estudiantes y profesores universitarios en lo que fue más una peregrinación que viaje de estudios, para rendir homenaje al pintor que encontró en la Ciudad Imperial española su segunda patria y donde desarrolló la etapa más brillante de su vida artística.

 

Sin embargo, la ubicación original de Fódele no es la que vemos hoy en día. Hasta el siglo XIX, el pueblo donde nació El Greco se encontraba mucho más escondido entre los montes, pero a raíz de una destrucción casi total que sufrió por parte de los turcos como represalia por una de las muchas insurrecciones que vivió Creta en su lucha por unirse a la Grecia ya independiente, se reconstruyó donde lo vemos hoy en día, en un lugar más llano y mejor comunicado.

 

Vista del lateral derecho de la iglesia.

 

Para ver lo mejor de Fódele es preciso salir del pueblo moderno y pasear durante unos veinte minutos por un camino que se va internando entre los montes hasta llegar al lugar donde se encontraba antiguamente. Los únicos restos que han quedado del anterior emplazamiento son la llamada "Casa del Greco" o “arjontikó”, donde podemos ver reproducciones de las mejores obras del pintor y contemplar la arquitectura de una casa del siglo XVI (y si no es tan antigua al menos es un bonito palacete rústico) y la iglesia bizantina de la Panayía o de la Virgen, una verdadera joya que sorprende por lo inesperado.

 

Fue levantada en el siglo XI sobre una basílica anterior del siglo VIII destruida por los sarracenos. Antiguamente estaba rodeada de un muro exterior circundante que le servía de protección y del que hoy sólo queda la base y las pilastras que flanqueaban la entrada. Los materiales de construcción son variados, con lo que el resultado final es una mampostería heterogénea de ladrillo y argamasa, donde el ladrillo y algunos sillares de piedra alcanzan todo el protagonismo ornamental. La iglesia presenta una planta de cruz griega tradicional inscrita en un círculo, y no tiene nártex, con lo que la entrada conduce directamente al interior del templo. Los ángulos están aprovechados como capillas, y en el centro se alza la cúpula sobre un tambor de doce aberturas que, junto con las ventanas de los laterales, otorgan una gran luminosidad al minúsculo interior. En la base de las cuatro pechinas que sustentan el tambor observamos unos orificios que son la salida de recipientes de barro incrustados en la construcción para aumentar la acústica, y en la franja central del enlosado de la iglesia podemos apreciar todavía restos de la basílica anterior.

 

Al fondo de la pared izquierda pueden verse los escalones que anteceden a la pila lustral encastrada en el muro.

 

Resulta curiosa la reutilización de numerosos materiales de la antigua edificación paleocristiana, como son las bases del iconostasio, hoy inexistente, las columnas de la ventana del ábside y, ya en el exterior, en la fachada izquierda, una pila lustral con algunos escalones de descenso, lo que demuestra su mayor antigüedad al hallarse en un nivel inferior.

 

El programa iconográfico del interior casi ha desaparecido por completo, por lo que no se puede apreciar su secuencia a pesar de que aún podemos admirar algunos fragmentos grandes con imágenes de santos locales como Hagios Minas. Grandes lienzos de pintura habían sido deteriorados por la humedad y el paso del tiempo ya en el siglo XIX, pero el ataque turco que arrasó el resto del pueblo fue la puntilla definitiva para su destrucción. Sin embargo, quedan todavía restos de las pinturas originales del siglo XI, sobre todo a ambos lados de la entrada, y sobre ellas puede apreciarse la superposición de un estrato pictórico posterior datado en el siglo XIV.

 

La iglesia de la Panayía acaba de ser objeto de una profunda restauración, ya que antes de nuestra visita (julio del 2002) ni siquiera estaba abierta al público. La razón de no poder ofrecer aquí imágenes del interior se debe a que entonces los restos de sus frescos todavía estaban siendo fotografiados y catalogados por especialistas para su futura publicación y no estaba permitido sacar instantáneas de las pinturas. Confiamos en no tener que esperar mucho más para disfrutar de esas imágenes en papel, y, mientras esperamos, merece la pena que en nuestro viaje a Creta nos desviemos unos kilómetros de nuestra ruta principal para pasar un rato inolvidable junto a esta pequeña lindeza bizantina cuya simple conservación parece un milagro. La leyenda romántica dice que esta iglesia y sus pinturas fueron las primeras que vieron los ojos del niño Doménico: ¿por qué no creerlo si eso nos hace sentir privilegiados?

 

 

Vista exterior de la cúpula sobre el tambor de doce vanos.

Detalle del exterior del ábside. Se pueden apreciar las columnas reutilizadas de la basílica antigua y los efectos ornamentales del ladrillo.

 

El exterior del ábside se encontraba protegido por un murete que hoy no se conserva entero.

Detalle del exterior de una de las capillas del ábside.

 

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