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Testimonios sobre la época de la iconoclastia

Comentarios: Francisco Aguado.

 

1- Memorandum enviado por Nicolás, antiguo escolario de la Guardia Imperial, a León V, llamado el Armenio, nuevo emperador de Constantinopla

2- Fragmento de la "Relatio de Legatione", oficio del embajador Liutprando, obispo de Cremona, ejerciendo en Constantinopla bajo el reinado de Teófilo, por cuenta de Otón el Grande.

3- Contra los iconoclastas Teodoro de Estudios. Abad del Monasterio de San Juan Bautista en Constantinopla

4- Extracto del "Elogio de Teófanes Grapto" por Teófanes, Metropolita de Cesarea, (hacia el 886)

5- Fragmento de la "Cronografía" de Teófanes el Monje

5- Extracto de una carta escrita por el Patriarca Juan el Gramático a Teodoro Kritinos, arzobispo de Siracusa


Memorandum enviado por Nicolás, antiguo escolario de la Guardia Imperial, a León V, llamado el Armenio, nuevo emperador de Constantinopla

Muy santo emperador, pupila de nuestros ojos, latido de nuestro corazón, soberano de nuestras almas, por la valía de nuestros brazos a los que, por tu presencia, tu acabas de dar nuevo vigor; que Dios te guarde largo tiempo triunfante sobre el trono de Roma.

¿Pues quién, sino tú, prestará oído a los sufrimientos que hemos soportado tus soldados por haber quedado, durante estos años, fieles a la memoria de León III, Constantino V y León IV, así como a su política de lucha contra las imágenes?

Yo te contaré lo que nosotros hemos penado, de humillaciones a manos de los bárbaros y cuantas derrotas hemos sufrido, abandonados a nuestra suerte, a los caprichos de una mujer o simples objetos de la rivalidad entre eunucos. ¿No hablarán los hechos sólo por sí mismos?

En tanto que bajo el mando de aquellos valientes jefes de guerra, sólo el golpe de nuestras espadas sobre los escudos era suficiente para poner en fuga bien a los árabes en el Oriente o a los búlgaros en Ocidente; ayer hemos visto a los unos recuperar su antigua arrogancia, ocupar Tyana y empujar hasta Ancyra; hoy los otros aniquilar nuestros ejércitos, devastar los campos de Tracia y llegar hasta los muros de Constantinopla.

Nosotros nos encomendamos a tí, para que nuestras heridas y nuestros sacrificios no hayan sido padecidos en vano. Pues, a pesar de estas afrentas, en tales periodos agitados, jamás hemos bajado los brazos ni cesado de proteger el imperio con la muralla de nuestros cuerpos.

Así nos has encontrado delante de tí, ciertamente debilitados, pero vivos, prestos a entrar a tu servicio, aún capaces de victorias, aptos para hacer valer tu gloria.

Vuelve a dar, entonces, confianza, honor y dignidad a tu ejército.


Fragmento de la "Relatio de Legatione", oficio del embajador Liutprando, obispo de Cremona, ejerciendo en Constantinopla bajo el reinado de Teófilo, por cuenta de Otón el Grande.

Tal es el clima de sospecha y de intriga; y tales son algunas de las costumbres en uso por aquí. Si las persecuciones aumentan, no será por falta de avisos y advertencias enviadas al emperador por el Papa o los Patriarcas de Alejandría, Antioquía y Jerusalem. Una carta de éstos le ha llegado, de seguro, tomando defensa de las "santas, honorables y venerables imágenes", que bien poco efecto ha tenido. Sin embargo, el retrato detallado de la cara de Cristo fue hecho, conforme a unas características que se sabe son ciertas. Rechazar su imágen, se le ha recordado, es repudiar a Cristo-Rey; el phrourarca del imperio. Que se cuide de imitar aquel gesto de repulsa, cuando León V desvió su mirada de la figura santa hablando en éstos términos: "aléjate Jesús- Emperador, no quiero ni conocer tus caminos ni reconocer tus facciones". Palabras que fueron la alegría de Satán; ahora su alma se retuerce para siempre lejos de la presencia efectiva de Dios.

Después del Sínodo organizado por Juan el Gramático, quien llegaría después a ser, y para la desgracia de los cristianos, Patriarca de Constantinopla; las persecuciones no han hecho más que ganar en intensidad y en violencia. Me ha ocurrido el tener que organizar, con grandes peligros, la huída de algunos monjes y el traslado de relíquias hasta Italia; entre otras, aquellas de Helena, de Sebastian y de Guy, todas han tomado por igual el camino del imperio de los francos. Pero muchas, por desgracia, se han perdido en la ruta, sumidas en el abismo o destruidas...


Contra los iconoclastas Teodoro de Estudios. Abad del Monasterio de San Juan Bautista en Constantinopla

El Coprónimo había creído uncir la asamblea de los cristianos.

Y mantenerla atrapada entre las dos mandíbulas de su silogismo impío.

Así, valiendose de la autoridad de Eusebio el desdentado,

nos había puesto en la tesitura de escoger entre lo imposible:

o la imagen circunscrita a la naturaleza divina,

lo que es inconcebible;

o que ella no reprodujera más que la apariencia corporal,

lo que es insuficiente.

En los dos casos, dividiendo aquello que debe restar unido,

se rebelaba así ferviente discípulo de Nestorio,

ensuciaba sus manos en el fango de las doctrinas de Orígenes y de Arrio.

 

Atrás los tres, fomentadores de la herejía,

igualmente distantes de aquello que Dios es, en verdad.

Seres maléficos de los que nuestros enemigos se han nutrido.

Incluso arrojándolos al olvido, no puedo hacerlo sin sentir repugnancia.

Pues al igual que he soportado el hierro del verdugo,

lo mismo yo mancharía mi boca y quemaría mi lengua

con sólo enunciar su nombre, sus indignidades,

a fin de que esteis seguros de que ellos son tal como yo os he dicho.

 

¡Que sus teorías sean para siempre desterradas de vuestros espíritus,

y que entre vosotros, contra ellos, saqueis fuerzas para restar unidos!.

Insensibles quedareis, yo creo,

a las seducciones de aquellos que querrían aniquilar las imágenes;

 cuando haya demostrado de qué manera sus argumentos

hunden sus raices en las herejías del pasado,

 errores que los santos concilios han justamente condenado.

 

¡Sed derrotadas, falanges de aquellos que afirmais

que no se puede venerar a Dios en su imágen!;

¡Perecez, pues, vosotros que rehusais reconocer a Jesús

en la forma que con los mortales El comparte!.


Extracto del "Elogio de Teófanes Grapto" por Teófanes, Metropolita de Cesarea, (hacia el 886)

Comentario previo: (A buen seguro el emperador Teófilo trataba de demostrar que Dios estaba en todas y cada una de las partes del universo; y no "más" ni "mejor" en un objeto-imagen, icono o de cualquier otro tipo)

Y [el emperador] dijo: ¿Dios es a la vez omnipotente y está en todos los sitios o bien omnipotente pero no en todos los lugares?

[y Teófanes respondió]: ‹ El es omnipotente, pero no está en todos los lugares.

[los asistentes gritaron]: ‹¡Qué ignorancia!,¡qué impiedad!

[y el emperador dijo] ‹¿Cómo es esto?, violador de la verdad, explícate: ¿Dios es omnipotente, pero no está en todos los lugares?...

[y el "valiente" Teófanes dijo]: ‹ Sí en verdad esto es evidente: Dios es omnipotente pero no está en tu corazón...

Estas palabras turbaron sin medida al entorno del emperador, y dos cosas preocuparon a éste en igual parte: la sorpresa de la derrota (¿?) y la verguenza ante los asistentes. La cólera del emperador es, por ende, peor que la del león..., y los guardias que le rodeaban gritaron, furiosos: ¡que se le ajusticie como a un criminal!, ¿castigémosle, será la mejor prueba de nuestra lealtad al emperador!, ¡traez el látigo!, ¡encadenazle, pronto!

Comentario final: Si el hagiógrafo nos traslada una conversación más o menos "real"; el desacato, al margen de otras consideraciones, es manifiesto. Resulta casi sorprendente que Teofilo, a pesar de ello, no ajusticiara al "grapto". Otros muchos basileos, iconófilos incluídos y por mucho menos, lo hubieran hecho.


Fragmento de la "Cronografía" de Teófanes el Monje

Comentario previo: El emperador "Miguel" que se cita es Miguel I Rangabé

... y ahí estaban aquellos que soltaban la lengua contra los santos y venerables iconos y el hábito monástico, santificando a Constantino, el maldito de Dios tres veces miserable, por haber triunfado sobre los búlgaros; lo cual, de creer en el lenguaje sacrílego de los desgraciados, se habría debido a que él detentaba la verdadera piedad. ...

Pero el señor les cubrió de confusión y suscitó contra ellos al muy piadoso Miguel, vengador de la verdad. Proclamando en alto a los pueblos que el estaba con la fe, marcha sobre la villa imperial: gracias a su juicio seguro, algunos golpes le fueron suficientes para neutralizar a los agitadores; después exilia a los hijos cegados de Constantino, lejos en Afusia.

Un falso eremita, un hechicero de la camarilla de Nicolás el Hexakionita, que había deshonrado un icono de la toda Santa Madre de Dios, rasgándolo; le hizo cortar la lengua de suerte que el infame murió, en alma y cuerpo. En cuanto a su cómplice Nicolás, después de haberle instado al arrepentimiento, le hizo desfilar delante de todos reconociendo sus bajezas; después lo envía a un monasterio a fin de que no fuera libre de actuar a su manera. Después reunió en la Magnaura un silention en el curso del cual se dirige a los pueblos para hacer ver cláramente hasta qué punto la doctrina de su piadoso espíritu era conforme a aquella de Dios. Después confisca los bienes de los "atinganos"...

Comentario final: No necesita, creo, muchos comentarios. Parece meridianamente claro que también hubo "martires" iconoclastas y que los modos de los iconófilos, (alentados por "santas" personalidades) no fueron precisamente respetuosos de lo que hoy entendemos como "derechos humanos".


Extracto de una carta escrita por el Patriarca Juan el Gramático a Teodoro Kritinos, arzobispo de Siracusa

Comentario previo: El Patriarca Juan el Gramático no merece el olvido ni el cúmulo de insultos y falsedades que se han arrojado sobre su figura y obra durante tantos siglos. Reivindicar un hombre que podría haber escrito algo así es una tarea tan necesaria como emocionante.

Hay que decir que la muerte de Teófilo nos ha dejado desolados y en lo sucesivo privados de sostén. Ello ha permitido a nuestros adversarios, que yo no creía tan numerosos, aparecer con el rostro descubierto. Intrigan y se mueven en la corte para abatirnos. No, ya no estará más el príncipe bien amado, aquel a quien yo mismo enseñé a leer, al que hube instruído y conservado en la desconfianza hacia los retratos impíos, a fin de que estuviera en condiciones de proseguir la obra de sus ancestros y servir de muralla para la defensa de la verdadera fe.

No ahorré esfuerzos para educarle en el rigor de las discusiones austeras; primero la gramática, después las matemáticas; que desdeñan el concurso de los sentidos y que por su única lógica, ayudan al espíritu a contenerse y marchar recto. Yo le enseñé que se puede muy bien dirigirse a Dios y aproximarse a Él sin artifícios engañosos, que otros colocan para su provecho usurero como barreras idolátricas; que sólo con la fuerza de la oración y del canto litúrgico, en la íntima conversación con el Supremo Hacedor es suficiente. Incluso él había tomado gusto en escribir versos y componer himnos que, pese a ser para mi gusto demasiado largos, no estaban exentos de ingenio y belleza .

Sobre todo me esforcé en demostrarle la perniciosa influencia que podían ejercer esos llamados "retratos de la Virgen y del Cristo" y la acción deletérea de esas escenas de mártires que, en lugar de fortificar los corazones, turban a los sentidos del inocente. La contemplación de los cuerpos de santos abandonados a los suplicios, antes que nada, hace arder la imaginación de los fieles no avisados, les arroja a los sueños impuros en el placer del dolor, fomenta el exceso, con irracionalidad; muchos después se autolastiman, abandonan sus deberes y familias, pretenden vivir permanentemente en la misma oscuridad y agonía que ven, sin pensar, ciegos; no pueden ver allí que Dios es sólo amor, paz y júbilo.

Tales son los ejercicios a los que se dan los idólatras y los monjes patanes y orgullosos, que desprecian las ciencias. Bien se puede ver a qué peligros quieren exponer el Imperio. Intentando expander por doquier su doctrina y complejos, gangrenan la iglesia que quiere ser humilde y el gobierno del Imperio que debe ser fuerte; excitan al pueblo contra nosotros y pretenden acabar con el valor y la fuerza de los mejores entre los soldados y los espíritus imparciales y serenos.

Muchas veces sugerí que se evacuara del monasterio de Estudios a esos seres facinerosos y de corto entendimiento. El emperador siempre se negó a ello. Gracias a Teodora, hoy los enemigos de la tranquila fe y de la justicia, triunfan.

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