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Juan III Ducas Vatatzés
Por Juan Pablo Neve

Introducción
Cuando nos remitimos a la figura Juan III “el misericordioso”, como nos es recordado este emperador por sus contemporáneos y posteriores, estamos refiriéndonos a una de las figuras más relevantes de la historiografía imperial bizantina, ya que él, más que ningún otro fue el que posibilitó la recuperación de Constantinopla de manos de los latinos, y a mi criterio, supo ser unos de los últimos, sino el último, de los grandes soberanos del imperio bizantino. Demostró sus cualidades como virtuoso gobernante cuando tras 32 años de “ vestir la púrpura”, habiendo heredado un reino menguante en recursos económicos, sostenido sobre “pilares de barro”, una vez finalizada su exitosa gestión, dejó un estado lo suficientemente fuerte y estable, como para ser respetado por potencias extranjeras e inclusive hasta temido por países lindantes. Por eso siempre pienso que la suerte y la historia han sido injustas con este emperador. La suerte por no haberlo hecho ser él quien, terminara la tarea y entrara triunfal a Constantinopla; siendo esto por lo que luchara y se sacrificara toda su existencia. La historia por que en su juicio, no le concedió toda la importancia y el valor que tuvo verdaderamente su obra de gobierno, para el mantenimiento del “imperio en el exilio de Nicea” y su influencia para su posterior restablecimiento en Constantinopla.
Juan III Vatatzes, nació aproximadamente por 1194, en la aldea Tracia de Demótica. Casado con la mayor de las hijas ( Irene) del emperador Niceno Teodoro I Láscaris. Se hizo cargo del gobierno imperial, a la muerte de Teodoro acaecida en 1222. Contando tan solo 28 años, con un imperio relativamente estable, pero en el que había mucho por hacer, Juan III, comenzó su glorioso reinado, con el sueño de volver a colocar a su estado entre las grandes potencias mundiales y reconquistar a la reina de las Ciudades, para incorporarla a sus dominios. Pero naturalmente el basileus sabía que solo podría realizar su sueño a costa de un gran esfuerzo personal y del de la población local. Es curioso un echo, que sucede al principio de su reinado, que empieza como una mera disputa interna bizantina, transformándose, luego, en una conflicto internacional y acabando como uno de los máximos logros de la política externa de Vatatzés, a continuación relataré este hecho. Hacía ya 2 años que el emperador ocupaba el “trono de Salomón”. Había en la ciudad de Antígono, dos hombres que se decían hermanos del extinto Teodoro Láscaris. Ellos se sentían “traicionados”, ya que afirmaban ser los legítimos sucesores al trono del difunto y acusaban a Juan III de usurpar sus derechos de sangre. Tras algún tiempo, al ser sus reclamos desatendidos en Nicea, se dirigieron hacia Constantinopla, para pedirle ayuda al emperador latino Roberto de Courtenay, este viendo en esta propuesta la posibilidad de sacarse de encima a un poderoso vecino, aprovechando que a la cabeza de dicho Estado se encontraba un gobernante joven e inexperto, no dudó en dar su completo apoyo a los Láscaris, no sin antes, acordar una suma considerable de dinero que se debería pagar, amén de la concesión de considerables zonas del Asia menor, una vez en el trono alguno de los hermanos. De esta forma, tras acordar con el déspota de Constantinopla, partieron con un gran ejercito hacia la tierra de los bitinios. Mientras tanto el Emperador, al enterarse de estos sucesos, manda inmediatamente a los mejores hombres de su tropa, para intentar poner freno a los latinos. Logrando estos valerosos hombres no solo detener, sino casi aniquilar por completo a sus rivales de occidente, en la batalla de Pemaneno (1224), con lo cual Roberto tuvo que pedirle la paz a Vatatzés, que se firmó al año siguiente, en la cual el imperio griego impuso durísimas condiciones a los latinos, ganando para sí, todos los territorios franceses del Asia Menor, exceptuando la costa frente a la ciudad de Constantino y una importante suma en concepto de daños ocasionados durante la contienda.
Fue una gran jugada de Juan III, que por el momento dejaba fuera de juego al imperio de Roberto. Animado por este éxito el césar de los griegos, quizás, en un intento demasiado apresurado (a mi parecer, quizás por su inexperiencia como gobernante) emprendió una campaña relámpago, con un ejercito bastante precario y mal equipado, por algunas islas del Egeo y por Tracia, con el objetivo de conquistar la “Nueva Roma”, antes de que alguna milicia venido del occidente pudiera ayudar a los restos del moribundo estado Constantinopolitano. Si bien nunca llegó de occidente tal fuerza de combate, lo que le frustró sus planes al Misericordioso emperador, no fue ningún latino, sino otro soberano griego, Teodoro de Epiro, dueño y señor de Macedonia, que con su ejercito superior, mucho más experimentado y profesional en combate, hizo poner en huida a las tropas imperiales, matando a valiosos generales y soldados siendo un verdadero milagro que no haya ocurrido una catástrofe total, similar a la ocurrida hace unos años a los combatientes latinos. Este lamentable suceso, que en definitiva fue la imprudencia y ansiedad en demasía del basileus, fue lo que le privó de pasar a la historia como el soberano que le devolvió Constantinopla a los Romanos. Pienso que si, hubiera tenido más paciencia y preparado mejor a sus combatientes para poder enfrentar a una hueste más fuerte posiblemente, hubiese podido enfrentar al déspota de Arta, e inclusive derrotarlo, ya que anteriormente en 1224, había demostrado que poseía una gran capacidad ofensiva, no veo la razón por la cual, con un ejercito bien pertrechado no habría podido alcanzar la victoria.
Casi simultáneamente a la huida de las tropas nicenas, Teodoro fue derrotado en batalla y echo prisionero, por el gran soberano búlgaro Iván Asen en 1230. A partir de esta fecha comienza una nueva era en la forma de gobernar de Vatatzés, mucho más prudente e intentando solucionar conflictos por la vía diplomática, o sino más comúnmente en acciones militares conjuntas con alguna nación vecina, en particular buscará mucho el apoyo de los búlgaros, este cambio de actitud, en mi opinión no se debe a una maduración política del soberano, si no a la onda impresión que le causaron los sucesos acaecidos en Adranópolis que fueron un duro golpe a su moral, haciendo que por algunos años perdiera el incentivo y la confianza en sus propias fuerzas, aunque creo que esto le sirvió sobremanera para madurar como gobernante, como así lo demuestran los hechos. De acuerdo a lo que mencioné anteriormente, hasta el año 1235 no se registraron importantes movimientos del “misericordioso” en ningún campo. A partir de la fecha anteriormente mencionada, se intentará un acercamiento al papá, para discutir el tema de la unión de las 2 iglesias, que desde hacía casi 2 siglos venía dividendo a los cristianos del oriente y del occidente europeo. Para eso un año más tarde, llegaron primero a la ciudad de Nicea y luego al Sínodo general de Ninfea, enviados papales que discutieron en presencia del emperador, con los lejanos discípulos de Cerulario, aunque, comenzaron intercambiando opiniones en un tono ameno, finalmente terminaron en “discusiones bizantinas” y en mutuas acusaciones de herejes, que no llevaron a ningún lado. Juan Vatatzés pretendía saber, si la Iglesia ortodoxa se sometía a los dictámenes romanos, el Papa ¿Estaría dispuesto a colocar al patriarca de Nicea en Constantinopla y apoyar a la ocupación griega de La Ciudad? Al no poder contestar esto, el soberano, despidió a los delegados papales, con una gran desilusión, e inmediatamente, al darse cuenta, que por la vía de conversación, tendría que pasar mucho tiempo hasta poder concluir en un acuerdo beneficioso para su estado, decidió entonces, buscar la alianza con el poderoso soberano búlgaro Iván Asen, que se había convertido en un acérrimo enemigo del imperio de Constantinopla tras la elección de Juan de Brienne como emperador latino, firmando una alianza que se selló, con la vuelta de la iglesia búlgara a la ortodoxia y el compromiso de los hijos de ambos reyes, Teodoro II Láscaris Vatatzés y Elena Asen. Acto seguido, en mi opinión en un intento de demostrarle al papado romano, que no necesitaban su ayuda para recuperar Constantinopla, enviaron un gran ejercito conjunto greco-búlgaro, para tomar definitivamente dicha ciudad, las tropas, permanecieron 2 años en territorio de combate, logrando ponerle sitio en 2 ocasiones, y cuando parecía que la ciudad imperial por excelencia iba, por fin a capitular, la sociedad entre ambos soberanos tuvo un temporáneo “cortocircuito”, esto dio tiempo suficiente para que el papa Gregorio IX, que no había dejado de seguir de cerca los sucesos acaecidos en el oriente latino, iniciara la preparación de una nueva cruzada, desde mi punto de vista el papá idealizó esta nueva cruzada, no para ayudar al agonizante imperio, que en realidad no le reportaba beneficios al papado, si no solamente para poder abrir una nueva fases de negociaciones con el emperador “hereje” de los griegos, en el tema de unión de ambas iglesias que sin lugar a dudas era uno de los grandes objetivos de la política papal de aquél entonces. En la cuál Constantinopla era la “pieza clave del rompecabezas”, para ir con las de ganar en un convenio futuro. Pero los planes al papá no le salieron como esperaba, ya que ese mismo año (1237) griegos y búlgaros, renuevan su alianza, y cargan nuevamente al ataque. Pero Vatatzés, habiendo notado que el poder de Epiro, había resurgido nuevamente de sus cenizas tras la liberación de su viejo enemigo Teodoro Ducas, habiendo este recompuesto su imperio dejando la regencia del mismo, a su hijo Juan Ducas, ya que él mismo, estaba imposibilitado a causa de su ceguera. Quizás recordando el desastre de Adrianópolis, que le había impedido la toma de Constantinopla, hacía unos años, decidió el basileus con un gran sentido de la prudencia, intervenir primero en el Reino de Salónica- Epiro, conquistarlo y luego, recién dirigirse hacia Constantinopla.
Voy a hacer un paréntesis, para comentar, aunque sea de una manera breve su obra de gobierno interna, que creo que también merece una mención.
Sabemos perfectamente que la Agricultura era la principal actividad desarrollada por aquellos entonces, por eso creo que se puede entender, él echo de que el emperador, le haya dado tanta importancia a la misma, inclusive se sabe que Vatatzés, mando a cultivar granjas para poder abastecer a la corte con víveres, teniendo que servir este ejemplo de modelo a la sociedad en conjunto. Inclusive tras la devastación que los mongoles produjeron, en el territorio vecino del sultanado de Rum, se sabe que los comerciantes griegos pudieron exportar sus productos a muy altos precios. Inclusive Juan III, que había logrado “contener” con gran éxito la invasión de los Mongoles, concibió una fantástica idea, que mataría a varios pájaros de un solo tiro, a continuación pasaré a explicarla. Había en todo el territorio de los bitinios, una enorme cantidad de campos y tierras abandonadas a causa de los impuestos y la guerra, el emperador confiscó estos campos, y se los entregó en forma de pronoia, a altos comandos del ejercito y también a oficiales inferiores de baja procedencia, a los cuales se les entregaron grandes latifundios, que contaban con varios pueblos cada uno, de esta manera, estaban obligados a mantener un cuerpo militar permanente, para cuidar de sus campos, posibilitando, de esta manera la formación de un importante ejercito móvil, al mínimo costo posible, teniendo en ocasiones que cederle parte de la milicia al emperador, cuando la situación en un punto del imperio así lo requiriese. En materia fronteriza, el soberano, no dudó en seguir el modelo de los grandes soberanos macedonios, que tantos buenos resultados, les había concebido en su tiempo. El sistema se basaba en la concesión de territorio a soldados- campesinos, que pudieran, cultivar y exportar su producción a los países lindantes y defender su territorio, de posibles correrías con el fin del pillaje, o hasta inclusive expediciones militares fuertemente organizadas. Para agrandar el mercado exportador, Juan III, alentó a que se introdujeran nuevas especies para el cultivo, como ser la viticultura y la vitivinicultura. También promovió la ganadería e impulsó la industria textil propia, prohibiendo mediante penas de repudio y confiscación de bienes que las familias adineradas, llevasen vestimenta confeccionada en países extranjeros, fomentando de está manera a los textiles griegos, para que diseñaran productos de lujo destinados a los funcionarios de la corte, aristócratas y grandes terratenientes contribuyendo de esta manera a la homogeneidad nacional.
Tanto el emperador, como la emperatriz, hicieron muchas obras de caridad, ocupándose de los socialmente más débiles y desprotegidos, fundando hospitales públicos, centros asistenciales, que repartían alimentos y otros elementos indispensables para la vida diaria, también se fundaron orfelinatos y geriátricos. Por esta preocupación hacia los que menos tenían y los más débiles, el pueblo y la Iglesia lo honraron tras su muerte, nombrándolo santo y poniéndole con suma justicia, el sobrenombre de “el misericordioso”. También el césar, mostró interés por la parte cultural y educacional. Hizo numerosas fundaciones de bibliotecas en varias ciudades de su imperio, salvando de esta manera, gran cantidad de las joyas literarias griegas antiguas, que fueron de vital importancia, para el posterior renacimiento cultural e intelectual, que experimenta Europa a finales del S. XV y principios del S. XVI. También es conocida la importancia que le dio el basileus a la filosofía por lo cuál fundó una importante escuela de dicha ciencia en Nicea. En cuanto a su política monetaria, es cierto que durante su reinado hubo, una mejoría general en las condiciones económicas de sus súbditos, y que hubo un aumento de la circulación monetaria, pero esto último se debió a una importante devaluación del hyperpere que afectó gravemente a la economía bizantina y que trajo el definitivo desplazamiento de esta moneda, como la moneda de cambio internacional, ocasionando catastróficas consecuencias en el futuro económico del imperio. Pero prefiero no explayarme más con respecto a este tema ya, que no conozco lo suficiente en materia económica.
Historia de su reinado: Segunda parte: 1237/38 - 1254
A continuación, (volviendo a su política exterior) voy a pasar a contar de los hechos y resultados de su campaña por suelo Macedonio. Como dije en mi relato previo, había en la ciudad de San Demetrio, un nuevo rey, Juan Ducas, que era conducido a manera títere por su padre Teodoro, incluso contra su propia voluntad. Juan, siendo poseedor de un carácter débil y sumamente manejable, inició una campaña a gran escala, instigado por su progenitor, teniendo esta, el mismo fin del basileus, la toma de la reina de las ciudades. Así pues, el virtuoso soberano de los griegos, enterado de las ambiciones de sus rivales, pone en marcha sus huestes, hacía el encuentro de los tiranos de Salónica. Fue Vatatzés, el primero, que junto a las tropas búlgaras que lo seguían trabó batalla contra los enemigos y tras carga abierta, puso en fuga y luego capturó a los macedonios que estaban frente a él. A Juan le dejo seguir reinando, en calidad de déspota en la ciudad de San Demetrio, tras la jura de sumisión a Nicea y la previa entrega de los territorios macedonios por él controlados. En lo que respecta al intrigante Teodoro es trasladado en calidad de rehén, hacia Nicea, en donde a pesar de ser un prisionero de guerra, es tratado en su estadía con bastante amabilidad por el magnánimo emperador, aunque tiempo después debido a su elevada edad le libera.
En 1241 Muere Iván Asen, con lo cual su estado queda temporalmente desorganizado y débil. A pesar de que había resultado un gran aliado suyo, el basileus, sintió un alivio general, al enterarse de la noticia, ya que se había percatado que uno de los máximos competidores a su ascenso al “alegre trono de Salomón”, una vez conquistada LA Ciudad, iba a ser el mismísimo Zar de los búlgaros, entonces aprovechando que en el trono se encontraba un emperador niño, se desligó de las alianzas convenidas, con el extinto Asen. Para asegurar sus conquistas europeas, Juan III, mando a varios colonos nicenos, y a un ejército permanente, que defendiera los territorios recientemente incorporados. Con un Imperio Latino débil, tras el cese del temblor Macedonio y con la potencia búlgara fuera de juego, todo parecía indicar que en poco tiempo más se iba ver dueño de la gran Bizancio, pero justo en ese momento, un echo inesperado sucedió, como si él Dios de los Cristianos, no querría que fuese él, el que entrase, lleno de gloria, a Constantinopla. Acaeció que por esos años llegados de las estepas, del Asia Centra, vinieron unos bravos guerreros, más brutales y salvajes que cualquier bestia conocida, siendo devastadas zonas enteras del cercano oriente, el Asia menor oriental, y Europa del este, estos hombres conocidos como los Mongoles, eran peores que las siete plagas de Egipto, un viejo refrán dice “ Por donde pisa el caballo de Atila no vuelve a crecer el pasto”, para estos hombres ese refrán queda corto, porque por donde pisan sus caballos, ciertamente no queda ni la tierra. Tal amenaza, frustró, evidentemente, los planes gloriosos del Cesar de los griegos, ya que este que estuvo “preso” en Asia Menor, concentrando todas sus fuerzas y energías, fortaleciendo las defensas de su reino, aún mucho más, cuando en él país vecino, los turcos fueron estrepitosamente derrotados, siendo lo griegos testigos, de la gran violencia y brutalidad sin limites de los que eran dueños estos individuos, que mandaban a realizar pirámides con los cráneos de sus subyugados.
De este modo Vatatzés, gastó mucho dinero en la preparación de las defensas, hasta que las gentes del gran Khan, tan inesperadamente como vinieron, hubieran decidido abandonar la zona por los años 1243/44. La ultima gran amenaza con la que tuvo que enfrentarse el niceno, fue al soberano epirota Miguel II, que instigado por el ya anciano y maquiavélico Teodoro Ducas, restableció su reino en las tierras del mítico Pirro y atacó la ciudad de Salónica. A continuación expondré los hechos. Una vez, dueño de la ciudad de San Demetrio, el déspota de Arta, decide atacar los territorios europeos de los bitinios, logrando con el favoritismo del santo de la guerra, conquistarlos sin dificultad alguna. Tras enterarse de lo que ocurría en Europa, Juan III decidió salirles al encuentro, logrando, los romanos, tras ardua y agotadora lucha, derrotar a Miguel II y quitarle todas sus conquistas (1252). A pesar de todo, al poco tiempo le perdonó y le concedió él titulo de déspota dejándole seguir gobernando en calidad de vasallo, su Epiro natal. En cuanto a Teodoro, lo encarceló definitivamente, terminando este sus tristes días en prisión. Por último cabe decir, que en los últimos años de su reinado “el misericordioso”, intentó nuevamente un acercamiento al papado con el fin de poder conseguir la toma de Constantinopla, por vía diplomática, ya que el conflicto, primero con los mongoles, que lo había obligado a ocuparse de ellos y luego la enorme prolongación del conflicto con Miguel II, le habían echo desgastar más de lo pensado sus fuerzas militares y en esos momentos no se encontraba en situación de atacar Bizancio. También en este campo tuvo bastante éxito. Ambas partes, Nicea Y Roma, estuvieron a un paso de llegar a concluir un convenio, con la consecuente devolución de Constantinopla. Pero desde hacía algún tiempo venía padeciendo Juan III Ducas Vatatzes, ataques epilépticos, que por desgracia aumentaron su frecuencia en los últimos años de su reinado, muriendo el emperador de uno de estos a 32 años de su subida al trono. Sucediéndole su hijo Teodoro II Láscaris.
La conclusión final que puedo sacar de lo que con anterioridad e mencionado, acerca de Juan III Ducas Vatatzés, es que fue, sin temor a equivocarme, una de las máximas figuras de la historia grande de Bizancio, a pesar de que nunca pisó dicha ciudad. Fue una personalidad inquieta, un espíritu noble, un corazón bondadoso, una mente brillante, llena de ideas y por sobre todas las cosas un hombre justo, con un amor por su patria indescriptible, desafortunado en el sentido de los difíciles tiempos en que le tocó dirigir los destinos del imperio.
Baynes, N. H., El imperio Bizantino. Fondo de Cultura Económica. Méjico, 1952.
* Este texto es a mi parecer, una obra imprescindible, para cualquiera que siendo un novato, quiera comenzar a interiorizarse en el tema y no sepa por donde, creo que esta obra le va a “dibujar”, un panorama mucho más claro, acerca de la historia general, y no tanto sobre este imperio. En mi caso particular me ha servido de mucho. La versión original de la obra es en alemán, la que tengo en mi poder es una traducción, realizada posteriormente, el título original es: Byzanz.