La batalla de Pliska.
Por Francisco Aguado.

Imagen actual de las ruinas de Pliska.
Antecedentes.
Hacia el año 679 los turcos búlgaros irrumpieron desde el Noreste y después de rechazar al ejército imperial se establecieron en la región al sur del Danubio, dominando sobre la previa población romana y eslava. Latinos y griegos ‹los romanos o "bizantinos" de la época‹ sufrieron tan durísimo y sostenido maltrato que se llegó a su práctica desaparición en las areas rurales; en apenas un cuarto de siglo. Nuevas oleadas de tribus búlgaras ocuparon de inmediato su lugar. Ya en torno al 700, el kanato búlgaro se había constituido como un genuino estado; muy cohesionado y rival de Bizancio.
Dadas las dificultades en oriente, (terrible guerra de supervivencia frente a los árabes), el imperio no pudo reaccionar durante algún tiempo. Sin embargo, entre el 740 y 775, Constantino V, tan genial militar como buen administrador, fue capaz de recomponer la situación en gran medida; a fuerza de sucesivas y demoledoras campañas que debilitaron sobremanera al Reino de Bulgaria. Es muy probable que de haber vivido algo más tiempo el emperador iconoclasta o de haber tenido continuidad su política y bien hacer, Bulgaria hubiera sucumbido por entonces; tal vez hasta su total y definitiva desaparición como entidad política. El desastroso reinado de la santa emperatriz Irene, restauradora del culto a los iconos y reliquias, otorgó un precioso respiro a búlgaros y también a los árabes. Hacia el 802 todo el mundo podía ver la obra de los iconoclastas dilapidada, el tesoro vacío y los enemigos pujantes; la nación sumida en una crisis profunda y peligrosa. Irene, sin otro apoyo ya que el del clero, monjes y mujeres de cerradas convicciones en el dogma, se vió apartada del poder, substituida por el que fuera su ministro de hacienda, Nicéforo. Aquel hombre de números, iconófilo pero más sensato en política y diligente, se propuso enmendar, entre otras cosas, la situación exterior.

Ruinas de Pliska.
Consideraciones estratégicas
Parece fuera de toda duda que Nicéforo pretendía recuperar el tiempo perdido y asestar una derrota decisiva a los búlgaros; una operación a "gran escala", de tal entidad que permitiera anexionar su territorio y volver a colocar la frontera norte del imperio sobre el río Danubio. A buen seguro, la idea de que aquel propósito había sido algo muy posible de alcanzar hacía apenas un par de décadas, estaba presente en su ánimo y en el de los allegados.
En suma, el objetivo sería dar fín al Reino de Bulgaria. Aniquilado el estado y su ejército; una parte de la población sería diezmada, el resto sometida a un traslado forzoso y reasentada, (tal vez en areas de Anatolia) y, en cualquier caso, asimilada. Una práctica "revisionista" de la historia muy del agrado de los bizantinos, casi en cualquier época.
Desde el 807 Nicéforo había puesto en marcha valientes y enérgicas medidas financieras con el objetivo de recuperar la maltrecha hacienda del estado. En el año 809 lanza una expedición punitiva sobre territorio búlgaro cuyo objetivo es mostrar fuerza y disuadir al kan de hostigar las provincias bizantinas fronterizas; que de este modo se podrían terminar de re-colonizar y recuperar con seguridad para el imperio. Servirían como retaguardia estratégica para la futura ampliación hacia el norte. Francos y árabes parecían estar en el curso de un periodo de transición y no cabía esperar acción hostil de ninguno de ellos.
A principios del 811, el necesario capital para la gran campaña se había obtenido. Y en unos meses, de Enero a Mayo, se reunió la fuerza militar en la que se pensaba.
Teatro de Operaciones.-
El escenario de la campaña sería todo el territorio de lo que entonces era el Reino de Bulgaria. Una vía ascendía cercana al mar Negro hasta Mesembria y Varna. Desde allí , girando al oeste se alcanzaba Pliska. Otro camino seguía la margen del río Maritsa, desde Adrianopolis hasta Filipópolis y después Serdica. Filipópolis se unía con Pliska vía Nicópolis-Trnovo. La región al sur y oeste de Pliska es montañosa, con alturas medias entre 1000 y 2000 metros. Se continúa después un arco con las cumbres más importantes de la cordillera balcánica.
El río Tica , tal vez el escenario preciso de la batalla, nace en el corazón de este macizo, no lejos de Pliska, y en línea casi recta en dirección noreste acaba desembocando en el mar Negro. No lejos de su origen da lugar a un valle de extensión muy notable con extremos relativamente angostos y flancos de suave ascenso al principio pero en los que se acaba por topar con alturas notables .

Ruinas del Palacio de Pliska, siglo IX.
Plan estratégico.-
Considerando los acontecimientos que después se desarrollaron, es casi seguro que se contó con un elaborado plan estratégico, con dos fases bien definidas:
Una primera de aproximación, concentrando el ejército en algún punto froterizo para después dejar trascurrrir cierto tiempo sin operar, (así se podría valorar bien la poderosa fuerza que se presentaba, deberían cundir el temor y desánimo entre los búlgaros); por último, sucesivas tentativas falsas de ataque en areas diversas servirían para confundir al enemigo, pretendiendo evitar que él a su vez concentrara también los efectivos.
La segunda etapa significaría una maniobra envolvente desde el este y oeste, 2 columnas confluyendo sobre la ciudad de Pliska, capital del reino búlgaro. En el intervalo, a ser posible en batalla campal, se trataría de destruir la mayor parte del ejército del kan.
Al final; se sometería el campo y resto de ciudades a un sistemático pillaje y horror. La repoblación y "bizantinización" del país se iniciaría sin solución de continuidad. Principio del formulario
Consideraciones tácticas
Componentes del ejército bizantino.-
No cabe duda de que la calidad y el volumen relativo de la fuerza reunida por Nicéforo fue algo muy extraordinario, sin parangón en un largo periodo de tiempo, antes y después. Incluía a casi todas las tropas móviles de los Tágmata y la mayoría que conformaban los Temas de Asia Menor y Tracia. Además de estas unidades regulares también se movilizó a un numeroso grupo de ciudadanos "voluntarios", de extracción social baja, que llevaban sus propias provisiones y armas ligeras, (garrotes y hondas) y que fueron distribuídos en secciones auxiliares de otras mayores. (Se afirma que tales se extraían de entre los humildes que se habían visto muy beneficiados por las reformas de Nicéforo y que constituían un incondicional y agradecido grupo de apoyo al soberano).
Amén de los oficiales de todas las unidades que íban a combatir, Nicéforo tuvo a bien llamar a un amplio y reluctante elenco de cortesanos. Su hijo y segundo emperador Estauracio, su yerno y curopalates Miguel Rangabé, el Magister Teoctisto, sus amigos y ayudantes Teodosio Salibaras y Sisinio Trifillius, el antíguo ministro de Irene llamado Aecio, incluso el prefecto de Constantinopla cuyo nombre no nos ha llegado. Sorprende mucho tal concentración de figuras importantes; parece razonable suponer que el emperador pretendía asegurarse de que ninguno de ellos aprovechaba su ausencia en la capital para hacerse con el poder. Por el contrario deseaba que hubiera muchos y encumbrados "testigos de su triunfo".
Como siempre es muy dificil dar una cifra total; pero podría ser plausible hablar de unos 80.000 hombres en orden de combate.
Operaciones y desarrollo táctico.-
1ª Fase.-
A finales de Junio del 811 la masa del ejército bizantino acampó en las inmediaciones de la ciudad fronteriza de Markellai y "se dejó ver". Exhibiendo tamaño y medios, las tropas permanecieron en el lugar no menos de una quincena de días. El efecto intimidatorio se verificó: el Kan Krum solícitó por medio de carta la paz, dispuesto a ceder en casi todo. Nicéforo, por supuesto, no aceptó ni siquiera iniciar diálogo alguno. Varias fintas, (operaciones de diversión) se lanzaron sucesivamente para despistar sobre el objetivo real.
El 11 de Julio se desencadenó la verdadera ofensiva. Conforme a lo previsto, el ejército se dividió en dos cuerpos; uno avanzó por el este cerca de la costa del mar Negro y el otro por el interior hacia el oeste del territorio búlgaro. Ninguno encontró resistencia significativa y ambas se encontraron en Pliska apenas tres días después. La guarnición búlgara, unos 13.000 hombres fue arrollada y sucumbió hasta el último hombre. Otro destacamento (tal vez otros 15.000 guerreros), que el Kan envió en socorro fue del mismo modo neutralizado.
El día 19, el emperador Nicéforo envió una misiva oficial a Constantinopla en la que daba noticia de la victoria y loaba los acertados consejos que había recibido de su hijo Estauracio en la campaña.
Durante una semana, los soldados tuvieron libertad para saquear lo que hubiera en la ciudad y la región próxima, incluídas las cavas privadas de Krum y los boyardos de la corte búlgara. Después el palacio real y la mayor parte de la ciudad fue incendiada de forma premeditada. El tesoro del Kan pudo encontrarse y se repartió raudo entre los soldados y oficiales, aunque una parte importante pasó a las arcas del Tesoro imperial. Afirman las crónicas que Nicéforo pensó en voz alta, paseando sobre las ruinas humeantes, sobre los términos en los que se edificaría una nueva ciudad en aquel lugar, que llevaría y haría inmortal su nombre. Krum envió por entonces una segunda oferta de paz al emperador: "Observa, tu has triunfado. Toma aquello que desees y marcha en paz". Nicéforo no se dignó contestar.
Dió comienzo lo que se suponía "aprovechamiento del éxito"; el ejército bizantino avanzó en dirección oeste, hacia Serdica. Todo lo que aparecía a su paso era destruído, pueblos, cultivos y ganado. La marcha era, por ende, muy lenta. En ningún momento se encontraba resistencia seria. Se alcanzó la cordillera balcánica y, sin muchas precauciones, las tropas se introdujeron en un amplio valle en torno al tramo inicial de uno de los ríos que se originan allí; tal vez el correspondiente al que ahora se conoce con el nombre de "Tica".
2ª Fase.-
El Kan no había permanecido inactivo. De hecho todo apunta a que tenía la ventaja de una buena información y recursos económicos importantes. Al parecer sabía de antemano cuales eran los objetivos del emperador, (suponemos la presencia de un espía entre los sirvientes de la cámara privada que incluso habría desertado en el periodo de concentración en la ciudad de Markellai). Después supo mantener vigías que siguieron con precisión los movimientos de la parte más importante del ejército bizantino y consiguió que las noticias le llegaran casi sobre el momento. Con oro y promesas obtuvo también el concurso de un número muy importante de mercenarios ávaros y eslavos
La información de Nicéforo y sus comandantes, casi seguro, representaba el extremo opuesto. Estaban convencidos de haber aniquilado la mayor parte de las huestes del kan y suponían a éste huyendo hacia el norte para no ser capturado. También entendían a la población búlgara completamente asustada e inerme.
Hacia el 23 de Julio, el ejército bizantino ocupó el centro de la cuenca del Tica y a buen seguro se desplegó para comenzar el saqueo y destrucción de granjas y pueblos en donde abundaba el agua, la caza, los pastos y el ganado. Al día siguiente, los mandos imperiales recibieron la noticia de que la salida sur y norte del territorio estaban bloqueadas por unas descomunales empalizadas con foso, que sin duda los búlgaros habían levantado en apenas 24 horas de agil, silencioso y esforzado trabajo. Las alturas estaban ocupadas por guerreros que se dejaban ver y cuyo número seguramente aumentaba a cada hora que pasaba.
3ª Fase
Algunos oficiales bizantinos, (entre ellos se encontraba el propio Estauracio), plantearon la necesidad de asaltar de inmediato una de las barreras para evitar que se reforzara aún más y romper el cerco. Sin embargo, Nicéforo no lo consideró apropiado; se inclinaba más por un ataque diferido, no veía ninguna urgencia dado que el area era grande y permitía sostenerse con agua y viandas; tal vez después de un periodo prolongado se podría romper el cerco con efecto sorpresa o el Kan cayera en la tentación de entablar batalla abierta sobre el terreno. Difícil precisar cual de las dos opciones era mejor.
En cualquier caso se intentó mantener la calma, confianza y tranquilidad entre las tropas. Se dedició no informarlas de la situación; incluso para mayor refuerzo de "normalidad" se continuaron las acciones de destrucción y rapiña por el terreno llano. Entre tanto, aún demasiado seguros de su poder y faltos, tal vez, de órdenes precisas; las diferentes unidades ubicaron sus campamentos a cierta distancia unos de otros, sin protegerse con el reglamentario foso y cercado.
4ª Fase
Al caer la noche del viernes 25 de Julio, un salvaje griterío y el fúnebre son de tambores inundó el valle. Procedecían de los miles de gargantas y duras manos con las que contaban miles de enfebrecidos guerreros búlgaros, eslavos y ávaros, apostados en las laderas.
Antes de que amaneciera el sábado, un nutrido grupo de jinetes lanzó el primer ataque, evidentemente muy bien planeado y con un perfecto conocimiento del enemigo; golpeando directamente al grupo de tiendas donde se alojaba el emperador y sus allegados. La resistencia, si llegó a darse, no duró mucho; Nicéforo y la guardia personal debieron perecer en aquellos primeros momentos.
Los Tágmata, que estaban muy cerca, no tuvieron capacidad para organizarse; la mayoría montaron sobre sus caballos y emprendieron una huída sin sentido. Los Temas, cuando pudieron observar el campo imperial invadido y en llamas, con soldados imperiales en desordenada fuga, se sumaron a la desbandada general.
El desastre era ya imparable. Y no sería nada facil para nadie, valientes o cobardes, eludir el más cruel de los destinos.
El río formaba a su inmediato alrededor una zona pantanosa. Fue el primer obstáculo que debieron superar. Los primeros bizantinos en llegar se hundieron en el fango. Sólo cuando una verdadera masa de cuerpos cimentó varios "pasos", el resto de fugitivos pudo atravesar el area. Y detrás, a corta distancia, los guerreros búlgaros llenos de vigoroso brío vengador.
Cuando muchos ya se creían en el camino de la salvación, se toparon de frente con la empalizada en la salida sur del valle. En realidad había pocos soldados bulgaros guarneciendo el lugar, el problema sería la urgencia y la complejidad de la obra. Desesperados, los primeros bizantinos intentaron escalar el maderamen; la mayoría sólo consiguieron caer al vacío que había por detrás y sufrir una muerte lenta por fracturas múltiples. Algunas mentes que todavía eran capaces de pensar se pusieron manos a la obra, de modo que se consiguió prender fuego a sectores definidos de la estructura. A renglón seguido procedía construir algún puente o esperar a que los troncos asentaran sobre el foso para poder pasar en seguridad. Pero la inquietud y el pánico desbordaban toda precaución. Muchos no tuvieron sangre fría suficiente y comenzaron a pasar sobre los restos humeantes que cedieron para encontrar la muerte en el foso, verdadero horno en aquel momento. Sólo después de que ciertos espacios se rellenaran con muertos y madera pudieron conseguir salir del atolladero el resto de los desesperados, que en total desorden no cesaron de correr hacia el sur, hasta llegar a la ciudad de Adrianópolis
Consecuencias
Las pérdidas bizantinas fueron tremendas, tal vez algo más de los dos tercios del total de efectivos entre muertos, heridos y prisioneros. El séquito imperial, la guardia personal y los tágmata, (los primeros en huir), fueron los más afectados. El emperador Nicéforo, Teodosio Salibaris, Sisinio Trifillius, Aecio y el prefecto de Constantinopla; dos de los cuatro comandantes de los Tágmata, el doméstico de los excubitores y el drongario de la guardia perdieron la vida. Tambien murieron dos de los seis comandantes de los Temas, (en concreto el estratego de los Anatólicos y el de Tracia). El comandante de los Hicanati, Pedro el Patricio y otros muchos oficiales fueron capturados. Estauracio sufrió una terrible herida en la zona lumbar, cerca de la médula, que le ocasionó la parálisis de las extremidades inferiores. Apenas un año después murió, entre dolor y desesperación, seguramente por una sepsis secundaria a la gangrena del tejido.
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Krum ejerció la máxima ostentación de su triunfo. El cuerpo de Nicéforo fue empalado y expuesto durante días, ante búlgaros y cautivos. Después seccionaron la cabeza; y la calota descarnada se cubrió de plata para confeccionar una copa con la que, se dice, el Kan bebió y brindó en cuantas ocasiones solemnes fueron propicias. |
El resultado inmediato de la batalla fue la pérdida definitiva de las regiones búlgaras para el imperio. Bulgaria era ya algo "irreversible". Sin embargo, pese a la rotundidad de aquel verano negro para Bizancio, las consecuencias fueron menores de lo que a priori pudiera imaginarse. Semejante derrota hubiera podido dar fín a la existencia del imperio; si no estuviera fortalecido por las medidas políticas y militares que habían llevado a cabo los emperadores "isaurianos", (en particular León III y Constantino V). Garcias a ello no iban a faltar nuevos ciudadanos con capacidad de combatir; las poblaciones sentían el patriotismo que surge de saberse protegido por cierta equidad legal-social y de la convicción de vivir en una sociedad mejor, (en lo económico, cultural y moral), que la ofrecida por el invasor. León V el Armenio, uno de aquellos soldados iconoclastas de ideas religiosas sencillas pero desbordante hombría y alto sentido de la justicia, pudo tomar el poder poco después y reconducir la situación.
Krum llegó hasta los muros de Constantinopla pero después de su muerte, acaecida el 13 de Abril del 814, Bulgaria perdió fuerza en disputas por el poder. Por el contrario una nueva pléyade de emperadores iconoclastas, entendemos a Miguel II "el tartamudo" y Teófilo "el Justo" conducirían el imperio a un nuevo periodo de solidez y prosperidad, antesala del "renacimiento macedonio".
Bibliografía
Fuentes primarias.-
Teophanes: Chronographia, ed. C. de Boor, 2 Vols. Leipzig, 1883. (489-490-491-492-493).
La conocida como "Crónica del año 811" trasladada al francés, se encuentra en el trabajo de DUJCEV, I: "La Chronique byzantine de l'an 811", Travaux et Mémoires, I (1965), pags: 205-254.
Trabajos modernos.-
TREADGOLD, Warren: "The bulgarian catastrophe" en The Byzantine Revival, 780-842; pags: 168-174, Stanford: Stanford University Press, 1988.
RUNCIMAN, Steven: A History of the First Bulgarian Empire, London: G. Bell and Sons,1930.