Leoncio de Bizancio (475 - 543)
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Nacido en Constantinopla, probablemente en el año 475, Leoncio fue uno de los más grandes pensadores bizantinos del siglo VI.
Dedicado exclusivamente a los problemas teológicos, fue quien moldeó el pensamiento cristiano para los siguientes siglos. Piedra fundamental de la ortodoxia, consideraba las herejías como desviaciones de gente muy corta de entendimiento, que no pidía llegar a la profundidad del pensamiento verdaderamente ortodoxo.
Nació bajo el gobierno de Zenón, y luego vivió bajo los emperadores Anastasio I, Justino II y durante una buena parte del gobierno de Justiniano el Grande, y no tuvo problemas en imponer su pensamiento fundamentalmente ortodoxo.
Se trasladó a Roma en el año 519, y fue partidario del Papa en el conflicto entre las dos Iglesias originado por los nestorianos de Constantinopla, que al menos en parte se atribuye al emperador Justino.
El año 520 ingresó en la Nueva Laura, monasterio cercano a Jerusalén, donde tomó contacto con Nono, jefe de los origenistas, quien influyó mucho en sus escritos. Acompañó a San Sabas en 531 a Constantinopla, donde Leoncio se declaró en favor del Concilio de Calcedonia. Al descubrir la notoria influencia de Orígenes en Leoncio, San Sabas lo despidió de su lado. Leoncio se quedó en la capital del imperio, donde intervino en la conferencia entre severianos y católicos por orden de Justiniano, y al concilio del año 536 contra los monofisitas. Vuelve a la Nueva Laura en el 538, y luego regresa a Constantinopla, donde muere hacia 543.
La historia de su vida y las obras que escribió prueban que era un hombre tranquilo, reposado, aunque de temperamento vigoroso, y que supo guardarse de los extremos tanto en la querella de los tres capítulos, como en la de los origenistas.
Equilibrado, sutil e inteligente pensador, se manifiesta como uno de los partidarios de la independencia de la Iglesia respecto del Estado, un problema mayor que nunca tuvo solución en el imperio, por la costumbre de la cultura bizantina de considerar al emperador como representante de Dios en la Tierra y por ello con autoridad para nombrar al patriarca e imponer sus decretos sobre la iglesia.
Autor de "Libri tres adversus Nestorianos it Euthychianos" (Tres libros contra los nestorianos y los eutiquianos), "la Epilysis" (Explicación) y "Triginta capita" (Treinta capítulos) y tal vez de otros tres escritos que normalmente se le atribuyen: "De sectis" (Sobre las sectas), "Contra monophysitas" (Contra los monofisitas) y "Contra Nestorianos" (Contra los nestorianos). Con ellos influenció enormemente a muchos pensadores bizantinos, incluidos Máximo el Confesor y Juan Damasceno.
Su pensamiento fue notablemente original, dedicado a demostrar la naturaleza de Dios - Hombre, por ello toma de Platón y de Aristóteles los elementos que sirven a su argumentación, sin que tome partido por ninguno de ellos particularmente.e6n |
Leoncio de Bizancio por él mismo.
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"Jesús es Dios en cuanto a su espíritu, y es hombre en lo referente a su humanidad." |
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"¿De dónde viene esa confusión de los herejes y su imposibilidad de comprender la naturaleza de Jesús? La causa está en los términos empleados, porque los herejes no se han tomado el trabajo de establecer de manera exacta, precisa, indubitable y siempre la misma, el sentido de los términos fundamentales antes de proceder al desarrollo de este tema." |
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"La impresión simple y global de los objetos provoca en nosotros una noción general y poco clara; en cambio, la división que de ellos hacemos mediante el pensamiento nos proporciona el conocimiento claro de sus elementos constitutivos. Ahora bien, es risible continuar haciendo otras divisiones después de la primera, analizando las partes de las partes, pues habría que seguir tal análisis hasta el infinito. Por ejemplo, en lo concerniente al cuerpo humano, el término carne basta para designar sus partes, y los buenos cristianos no han de entregarse a otros análisis acerca de esto; quede para los escépticos el hacer sub divisiones, que son búsquedas superfluas difíciles de seguir por parte del pueblo". |
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"La sustancia es el esse per se, y ya por su definición se opone al accidente, el cual no posee existencia sustancial, por tener su ser en otro y no en sí mismo, además de que, por otra parte, se refiere siempre a la sustancia. Ésta es sinónimo perfecto de naturaleza, la cual significa, a su vez, la disposición aportada por el nacimiento, de donde se deriva su imposibilidad de aceptar al mismo tiempo los contrarios. La naturaleza comporta el ser, pero el número de los que participan en una misma naturaleza no entra en su definición; Y justamente a causa de la pluralidad de los individuos que tienen la misma naturaleza, este término significa lo universal, por relación con sus individuos, y se llama entonces especie. La oposición entre naturaleza e hipóstasis es más importante que la que hay entre sustancia y accidente; la sustancia, en su denominación de naturaleza, significa lo universal, el ser; en cambio, la hipóstasis representa el ser particular, Y no ya el perfecto, de modo absoluto e incondicional, sino el ser en su existencia particular. Entre naturaleza e hipóstasis no hay reciprocidad; hipóstasis es naturaleza, pero ésta no es necesariamente hipóstasis. Los sinónimos de hipóstasis son: persona, individuo, sujeto, particular, propio. Lo que la hipóstasis añade a la naturaleza es que hace de ésta una cosa y no otra. La hipóstasis se caracteriza por el conjunto de accidentes que no pueden ser atribuidos a ninguna otra cosa." |
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"No hay naturaleza desprovista de hipóstasis, pero no toda naturaleza es una hipóstasis, pues hay casos en que la naturaleza no es ni lo uno ni lo otro. Llegamos así a la noción de enhipóstasis, que significa una naturaleza que no es hipóstasis ella misma, pero que existe en una hipóstasis. Esto es verídico cuando se trata de la fusión de alma y cuerpo en el hombre, así como de la naturaleza humana de Cristo en la hipóstasis del Verbo. La enhipóstasis se halla entre la anhipóstasis (que es el accidente) y la hipóstasis; y no es como ésta, sino que entre ambas hay la misma diferencia que entre la usía (sustancia) y la enusía. La hipóstasis denota el individuo, mientras que la enhipóstasis denota la usía.
Las sustancias que se unen en una hipóstasis son sustancias completas que, fuera de esta unión, son hipóstasis cada una por separado, así como el alma y el cuerpo. Hay, pues, seres unidos por las especies (naturalezas) y divididos por las hipóstasis, tal como sucede con la Santísima Trinidad; mientras que otros resultan divididos por las especies y unidos por las hipóstasis, como ocurre en el hombre con su cuerpo y alma.
Un alma se une a otra por la identidad de la sustancia, pero se distingue de ella por la diferencia de la hipóstasis; en cambio, toda alma se distingue de su cuerpo por la diferencia de la sustancia, y se une a él por razón de la hipóstasis." |
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"El hombre es enteramente distinto del cuerpo y del alma, tomados éstos en sentido absoluto. La unión de su cuerpo y alma no es natural, sino obra del poder de Dios. Entre el cuerpo y el alma no hay lazo natural alguno; ambos tienen en el hombre su hipóstasis común, pero cada cual posee su propia naturaleza y su razón diferente. Considerados en sí, estos dos seres son perfectos, pero son imperfectos en relación con el hombre, puesto que son partes de él. La unión de su cuerpo y alma se hace sin que se confundan esas dos naturalezas; y así, aunque se une a este cuerpo visible y mortal, el alma no pierde su invisibilidad ni su inmortalidad. Puede resultar afectada y sufrir, pero esto le ocurre no porque esté en un cuerpo, sino porque, ya por su propia naturaleza, es susceptible de afecciones, y podría sufrir todo lo que sufre el cuerpo, aunque no estuviera en él. De donde se deduce que si resulta afectada, es porque tiene facultades afectivas.
Puesto que el alma es una sustancia pasiva, sus afecciones pueden ser determinadas por el temperamento del cuerpo al cual está unida y por la particularidad del país en que vive; pero asimismo puede tener afecciones divinas, y éstas no a causa de su cuerpo, que, al contrario, se opone a ellas. Tales afecciones se deben a su propia naturaleza, y entonces los apetitos y tendencias del alma se mantienen plenos de amor hacia Dios, mientras que la energía de la voluntad marcha a la par con él, plena de vigor, y el cálculo de la razón recibe, sin sombra alguna, las impresiones inmateriales y se ilumina interiormente en la unificaci6n del pensamiento. En cambio, cuando el alma enturbia sus facultades, es cuando se hunde en el mal y en la ignorancia, siendo ella, y no el cuerpo, la causa única de esta degradación." |