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BIZANCIO!!! El Imperio Romano Helénico y Cristiano de la Edad Media Dirección y diseño: Rolando Castillo. |
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Manuel I Comneno.
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Manuel Comneno fue uno de los personajes
más imponentes de toda la historia bizantina, su capacidad era
insuperable, su personalidad avasalladora, su ambición sin límites, su
política de una fuerza incontenible.
Fue un brillante militar, un gran político, un bizantino sin igual, con la gracia de los occidentales, con las costumbres de las cortes de caballeros, damas, danzas alegres, y combates de caballería pesada, justas deportivas, cosas que en Bizancio no se habían visto antes. |
Sus dos matrimonios fueron con damas occidentales, su alianza con el imperio germano hizo que todo Bizancio mirara al occidente con ojos de reconquista y dominio universal.
Lamentablemente para él, en su época, Europa había desarrollado muchos estados y ciudades independientes, que despreciaban absolutamente la idea de tener a un emperador y de formar parte de un imperio.
Su política miraba hacia occidente sin descuidar oriente, pero sin duda su objetivo principal era volver a controlar el occidente romano, y para eso dispuso de todos los medios a su alcance: las mencionadas bodas reales, las referidas alianzas, compra de lealtades, etc.
El tratado de 1149 entre Conrado III Y Manuel I.
Un hecho muy significativo de la política de Manuel fue el tratado con el emperador alemán Conrado III, refrendando el tratado de su padre Juan II.
El objetivo de Manuel I Comneno era a la vez simple y complejo: por un lado era el emperador y como tal estaba decidido a hacer valer su título igual que sus antepasados; por otro lado Europa estaba claramente dividida en dos grandes bloques: por un lado los normandos de Roger II, la Francia de Luis VII, Hungría, Serbia, los güelfos y cuando no, el Papa, y por el otro Bizancio, Alemania y Venecia.
Roger II de Brindisi era el líder de la coalición antibizantina, e inclusive quiso realizar una cruzada contra Constantinopla, que fracasó en parte por la fidelidad de Conrado III hacia Bizancio.
El pacto firmado en Tesalónica era invadir la península itálica en su totalidad y fueron difíciles las negociaciones porque Manuel I daba a esta conquista una importancia fundamental en su política exterior y quería sacar la mayor ventaja de ello, hasta que se llegó a un acuerdo por el cual la invasión sería conjunta y los bizantinos se establecerían en la península Apenina.
Su aliado alemán Conrado III tenía muchos problemas, puesto que su poder era discutido en su propio país: como miembro de los Hohenstaufen era contrario a la política papal, sus partidarios eran los waiblingen (llamados así por el castillo que poseía la casa en Suabia) en Alemania y los gibelinos en Italia.
Conrado III, junto con el rey de Francia Luis VII dirigió la segunda cruzada que sufriera una durísima derrota en Damasco y fuera un gran fracaso, tenía enorme interés en controlar Italia, pero como su poder aún era discutido en su propio país, venía de la terrible derrota de Damasco, y el poder de Manuel Comneno aún era enorme, el tratado fijaba condiciones favorables a los bizantinos (como dije antes, luego de arduas negociaciones en Tesalónica.)
Para Manuel II esta conquista era el primer paso para conseguir el poder universal, pero la muerte de Conrado III en plenos preparativos para la invasión en 1152 arruinó toda la empresa, porque su sucesor, Federico Barbarroja, tenía las mismas pretensiones que Manuel I Comneno, con lo cual en lugar de una acción común contra Francia y los normandos, las relaciones de Alemania con Bizancio fueron de competencia por el poder universal, no hubo mas una Alemania sumisa al servicio del emperador.
La reconquista de Italia.
Manuel I no pudo invadir la península itálica junto con Conrado III porque como hemos dicho éste murió en medio de los preparativos y además porque su sucesor, Federico Barbarroja, no sería sumiso a los deseos del emperador bizantino, mas bien todo lo contrario, pero Manuel I no se quedaría quieto: en 1155 decidió comenzar la invasión, alentado seguramente por la muerte de Roger II el año anterior, envió una gran flota a Ancona y comenzó la restauración del imperio romano.
Las ciudades de Apulia cayeron en manos bizantinas en muy poco tiempo, por las armas o por la traición de los príncipes normandos de la región.
Pero Europa ya no era la misma, todos los estados europeos se pusieron en contra del emperador; Federico Barbarroja, Venecia y por supuesto Guillermo de Normandía se pusieron totalmente en contra de Bizancio (que ya contaba en su contra al rey de Francia y con Hungría), decididos a no permitir restauración alguna.
En 1156, Guillermo de Normandía derrota a los bizantinos en Brindisi y poco tiempo después ya no quedaban dominios bizantinos en Italia, demostrando que la idea bizantina de restauración del imperio romano no era posible de momento.
Sin embargo, Manuel I Comneno no se resignó fácilmente, y consideraba los hechos acaecidos en el sur de Italia como un simple contratiempo, producto de un apresuramiento de su parte.
Aún con un Estado reformado, distinto, con una organización muy poco centralizada, la idea de restauración del imperio romano nunca dejó de obsesionar a cada uno de los emperadores bizantinos, muy especialmente a Manuel Comneno, producto de una cultura milenaria y muy particular, que merece ser estudiada profundamente.
Myriokephalon y el final.
Decidido a eliminar los problemas que su imperio tenía en oriente, Manuel sale al mando de un gran ejército a enfrentar a los turcos, hechos que provocan una derrota al emperador, de la cual sale vivo y con gran parte de su ejército.
No obstante, la batalla de Myriokephalon significó en 1176 el fin de todas sus ambiciones, ya que nunca más el Estado bizantino tuvo los medios para reunir a un ejército capaz de realizar las campañas necesarias para barrer a sus enemigos, como ellos estaban acostumbrados.
Cuatro años después, desolado por no haber podido cumplir sus sueños y en medio de una infinita tristeza, muere el gran emperador, dejando a un pequeño de siete años al frente del imperio, con el peligro que ello representaba.
Conclusión.
Creo que a Manuel I Comneno se lo puede acusar de desacertado o desafortunado por pretender reconquistar los territorios perdidos por Bizancio a través del tiempo, y de gastar fortunas en ello, pero en ello sigue en la tradición imperial de Justiniano, Heraclio, Constantino V, Nicéforo Focas, Juan Tzimiscés y Basilio II, no creo que esto haya sido necesariamente trágico, sino que mas bien respondía a las necesidades del imperio de recuperar tierras perdidas con los turcos, normandos y otros.
Sin embargo, fue un gran emperador, solo que su época estaba marcada por el notable ascenso de las potencias occidentales a las que Manuel logró subyugar (Alemania) o exasperar (Francia).
Ese ascenso, que marcaba grandes diferencias con la época de Justiniano y aún con la de Basilio II, hizo que Europa Occidental, aún respetándolo, lo pudiera contener fácilmente, a diferencia de los antiguos emperadores.
Las conquistas de Manuel I no las pudieron mantener sus sucesores, y poco después vino el gran golpe de la cuarta cruzada en 1204, pero sería injusto cargarle las tintas al viejo emperador por hacer lo mismo que sus mas gloriosos antecesores, simplemente Europa no era la misma, el imperio tampoco, y la sucesión en Alemania no le fue favorable, con lo cual tuvo a todo occidente unido contra el imperio.
Rolando Castillo.