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BIZANCIO!!! El Imperio Romano Helénico y Cristiano de la Edad Media Dirección y diseño: Rolando Castillo. |
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Miguel VIII Paleólogo
Por Juan Pablo Neve
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Miguel Paleólogo |
En Agosto del año 1258, fallece el emperador de Nicea
Teodoro II Láscaris, dejando a su hijo y sucesor Juan Láscaris, que por
aquellos entonces contaba con 7 años, bajo la regencia de su favorito y
compañero de estudios Jorge Muzalón, que si bien había sabido ganarse el
aprecio del fallecido emperador nunca se supo ganar la simpatía de la
nobleza. A pesar de que todos los dignatarios del imperio le hicieron
solemnes juramentos de fidelidad, el regente fue victima de una conjura
palaciega, mientras se celebraban los actos fúnebres en honor a Teodoro II.
Como nuevo regente del joven Juan, se impuso Miguel Paleólogo, hombre que gozaba de gran prestigio en los ambientes aristocráticos y tenía mucha fama en el ejército por sus dotes como brillante general. |
A finales de ese mismo año fue coronado emperador junto al niño Juan Láscaris, pues todo hombre que habitaba el imperio sabía perfectamente que en esos momentos el Imperio necesitaba un soldado de gran experiencia y no un joven como Juan Láscaris. Corría el año 1259 y el Imperio latino de Constantinopla no daba para más.
El nuevo regente Miguel VIII Paleólogo, se proponía acabar con el moribundo estado y recuperar Constantinopla para su Imperio. Pero lamentablemente para este emperador, el no era el único que ambicionaba conquistar La Ciudad. El déspota bizantino del Epiro, rival del Imperio de Nicea, Miguel II Ducas, había armado una gran coalición con el fin de conquistar a la reina de las ciudades. Para Miguel VIII, la reconquista de Constantinopla de manos de los latinos, tenia que esperar, ya que primero se tendría que batirse a un enfrentamiento con su rival, y destruirlo para luego poder ocuparse de lleno, a la planificación de la conquista de Constantinopla.
En el verano del año 1259, Miguel VIII, reunió un gran ejercito al mando de su hermano Juan Paleólogo y lo mando a Macedonia, por su parte Miguel II hizo otro tanto y mando su ejercito al encuentro del de su rival, ambos ejércitos se encontraron en Pelagonia, resultando victorioso el ejercito de Juan, sacando del camino a Constantinopla a miguel II. A partir de aquí Miguel VIII inicia los preparativos militares y diplomáticos para la toma de Constantinopla, en los cuales Miguel consiguió el apoyo de la Republica de Génova prometiéndoles en caso de victoria los mismos beneficios de que gozaban los venecianos hasta este momento. Esta alianza se sello con el tratado de Ninfea.
Si bien Miguel VIII, había planificado cuidadosamente todo, pero finalmente, no tuvo que poner en practica nada de lo planificado ya que en Julio de 1261 el Emperador latino Balduino II había llevado al grueso de sus tropas y a la flota veneciana para atacar Dafnusio, una fortaleza situada a la orillas del mar Negro. La noticia llego rápidamente a los oidos de Alejo Estrategopolus, general de Miguel VIII, que se hallaba con sus hombres cerca de la ciudad de Constantinopla, sin esperar siquiera el consentimiento del soberano, entró a la Ciudad en el amanecer del 25 de Julio, sin derramar una sola gota de sangre y siendo recibido entusiastamente por la población.
Inmediatamente el Emperador Balduino huyo con su sequito y se embarcó a Eubea. Los venecianos regresaron rápidamente a Constantinopla pero no pudieron hacer nada más que resignarse. El Emperador no podía creer, cuando le informaron tan maravillosa noticia e inmediatamente inicio los preparativos para su entrad triunfal a Constantinopla, que se produjo el 15 de Agosto de ese mismo año, siendo aclamado por las masas. El Patriarca Arsenio, coronó a este emperador en Santa Sofía, según el rito bizantino. Al instante hizo coronar basileus, a su hijo Andrónico, mientras que mandó a sacar los ojos y meter en un convento a Juan Láscaris. Iniciándose así, la ultima etapa de bizancio, bajo la dirección de los Paleólogos.
Tras este ultimo acto de Miguel, de desheredar al legitimo heredero, y reemplazarlo por su propio hijo, hizo que Miguel pusiera especial cuidado en mantener la fidelidad de la gente que lo había apoyado, y más que nada ganarse el afecto del pueblo de Constantinopla, para esto mandó a reparar las defensas de la Ciudad y a restaurar las Iglesias y edificios públicos destrozados por los latinos.
También hizo concesiones a los miembros de la nobleza que lo habían apoyado, en su camino al trono. Apoyo a los genoveses a que reactivaran el tráfico marítimo, dejándoles instalarse en el barrio comercial de Pera. También se permitió la permanecía de comerciantes de otros estados, incluso los venecianos pudieron quedarse. Si bien estas medidas sirvieron para reactivar y hacer crecer la destrozada Ciudad, ya nada volvería a ser como antes, este nuevo imperio regido por Miguel VIII, era una sombra de la Bizancio pasada de los tiempos de los Comnenos.
La reconquista de Constantinopla, no bastaba para compensar las perdidas territoriales sufridas, ni mucho menos para afrontar la nueva situación mundial reinante en la que bizancio era una clara victima.
El nuevo imperio de Miguel VIII, comprendía solamente Anatolia Occidental, Algunas zonas costeras de Tracia y Macedonia, con Adrianópolis y Tesalónica incluidas respectivamente, también algunas islas del egeo. Pero la situación de Bizancio era desesperante, por el este estaba acosada por los turcos, gran parte de Grecia continental estaba en manos de franceses, venecianos, y príncipes griegos rebeldes, al norte bizancio estaba acosada por servios y búlgaros que presionaban constantemente, en Occidente la toma de Constantinopla por parte de los griegos había causado un sabor amargo, y ya se estaba pensando en una nueva cruzada para recuperarla, incitada por varios príncipes, en especial el mas interesado era el soberano de las Dos Sicilias, Manfredo, que tenia algunas posesiones en Albania, desde donde pensaba con el apoyo de algunos príncipes latinos lanzar la nueva cruzada.
Esta era la situación bizantina en el exterior, en cuanto a política interna Miguel VIII, no se encontraba mucho mejor, lejos estaban ya los tiempos de gloria de Miguel VIII, tras la reconquista de Constantinopla, ya que cada vez tenia menos adeptos dentro del Imperio.
Por un lado estaban los griegos de Asia Menor, que se quejaban constantemente, ya que afirmaban que el traslado de la Capital de Nicea a Constantinopla, los había perjudicado enormemente, ya que los enormes impuestos que debían pagar, no eran en beneficio personal, sino en beneficio de los constantinopolitanos y de los griegos europeos. En la capital la situación de Miguel no era mejor.
El Emperador cometió un error grosero al destronar a Juan Láscaris, que le ganó la antipatía de varios nobles griegos partidarios de los Láscaris y del patriarca Arsenio, que lo excomulgó. Pero mucho peor fue su decisión en el año 1264, de deponer a Arsenio, ya que esto le genero la antipatía de la mayoría del clero que considero a Arsenio un mártir y al Emperador un criminal y usurpador.
Para peor el emperador Miguel se gano el rechazo del pueblo tras una serie de campañas de dudoso éxito al norte de Grecia contra el déspota de Epiro y al Peloponeso contra un príncipe francés, que fueron inútiles y sumamente costosas, haciendo estragos con las arcas del imperio.
Como mencione anteriormente el soberano de las Dos Sicilias Manfredo estaba sumamente interesado en atacar bizancio con una cruzada, pero se lo impedía el hecho de estar enemistado con el papa sin cuyo consentimiento dudosamente se podría realizar dicha empresa, Miguel VIII demostrando tener una gran cintura política, entabló relaciones con el Papa, iniciando conversaciones para avanzar en el tema de la unión de las dos Iglesias, la Romana y la Ortodoxa. Esto lo hizo aun más impopular ante el pueblo griego en general. Sin embargo la situación general tuvo un giro inesperado para Miguel.
En en el reino de las Dos Sicilias, Manfredo es derrotado y toma el poder del reino Carlos de Anjou, hermano del rey Luis IX de Francia, la situación para Bizancio se complicó enormemente, ya que Carlos era aliado del Papa, y deseaba armar una gran expedición contra Bizancio y restaurar en Constantinopla un gobierno Latino y Católico, para eso en 1267 firmo alianzas con el emperador latino Balduino y en el Peloponeso con el príncipe francés Guillermo de Villehardouin y se acordó que la ofensiva seria lanzada desde Albania.
El Papa era la única persona que podía evitar el caos total para Bizancio, pero solamente estaba dispuesto a ayudarlo si Miguel se comprometía a renunciar al cisma que separaba las iglesias de Roma y de Constantinopla.
A causa de que Carlos estaba ocupado ayudando a su hermano en la cruzada que este realizaba en el norte de África y también debido a la protesta del clero y del pueblo de Constantinopla, Miguel VIII suspendió momentáneamente las conversaciones con el Papa. Pero en el año 1271 Carlos volvió a sus preparativos para su cruzada contra Bizancio, para esto se alió con los gobernantes de Servia, Bulgaria y con los príncipes rebeldes griegos de Epiro y Tesalia.
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Miguel VIII según miniatura. |
Miguel comprendió entonces que solamente tenía dos
opciones, enfrentar a Carlos, hasta las últimas consecuencias o someterse a
los dictados papales. Finalmente se decidió por esta última, olvidando los
prejuicios antilatinos de su pueblo, pensando que esta era la mejor opción
para el bienestar de su imperio, razón por la cual fue duramente repudiado
por su pueblo que lo tildó de cobarde y traidor a la ortodoxia. El principal
opositor a su política fue el patriarca José, que debió ser silenciado. En
el año 1274 el Papa Gregorio X, anunció la celebración de concilio en la
ciudad Lyon, e invito al Emperador a asistir a él.
Finalmente, tras una dura política represora con los opositores, pudo reunir una pequeña delegación para asistir al concilio de Lyon de 1274, compuesta por Jorge el Acropolita, el ex patriarca Germán, y el obispo de Nicea Teófanes. |
Luego de varias discusiones, el 6 de Julio de 1274, Jorge el Acropolita firmó en nombre del emperador, la sumisión del clero oriental a los dictámenes papales, mientras el Papa Gregorio X, se comprometía a defender a Bizancio de las pretensiones de los príncipes latinos, ordenando a Carlos de Anjou la cancelación de la expedición.
En Constantinopla la oposición al Emperador aumentó tanto que, que llegó un momento en que Miguel VIII solamente podía controlar la situación por medio de la fuerza. Gregorio X muere en el año 1276, los sucesores de este en el trono de San Pedro, amenazaban constantemente al Emperador de que si no cumplía con lo pactado en Lyon, enviarían una expedición castigo al mando de Carlos de Anjou. Esta gran incertidumbre demandó toda la atención del emperador, que intentaba prepararse ante un posible ataque de Carlos; esto hizo que descuidara su frontera oriental en Asia Menor, dando a los turcos la posibilidad de incursionar y asentarse en los fértiles valles de Anatolia occidental, arrinconando a los bizantinos al norte de Asia Menor, despojando a Bizancio de una de sus zonas más productivas e importantes desde el punto de vista militar, económico y demográfico. La situación llego a su punto culminante de incertidumbre y tensión cuando murió el papá Nicolas III, que no se fiaba de los bizantinos.
Corría el año 1280 y Carlos tuvo entonces las manos libres para atacar a Bizancio, dando orden para el comienzo de su ofensiva desde Albania. El ejército conjunto de Carlos y sus Aliados se dirigió a sitiar la fortaleza de Berat. Miguel VIII, envió a sus ejércitos a la zona y derrotó al ejército enemigo.
Tras esta derrota Carlos no se desanimó en absoluto; pronto el nuevo Papá Martín IV rompió los lazos que lo unían a Miguel VIII, dándole su apoyo.
Ahora parecía que no había salvación para Bizancio, con el apoyo del Papa y con toda la península balcánica de aliada, Carlos estaba seguro que la victoria era suya. Pero Bizancio tenía algunos aliados como el rey húngaro, el sultán mameluco, y fundamentalmente el rey de Aragón, Pedro III, enemigo acérrimo de los Anjou, que tenía agentes dentro del reino de Carlos que incitaban a la rebelión popular contra el soberano francés.
La invasión tenia que comenzar en 1283, pero en el mes de Marzo de 1282, cuando todo estaba casi listo estalló en Palermo una revolución contra la ocupación francesa, que pasaría a la historia como las Vísperas Sicilianas; la flota preparada para la cruzada fue destruida y con ellas los sueños del francés.
Unos meses más tarde Pedro llegó a la isla expulsando al francés. Si bien no hay certezas, se cree que Miguel fue fundamental en la incitación de esta revuelta.
El 11 de diciembre de ese mismo año Miguel murió, siendo muy odiado; a pesar de haber hecho muchas cosas por Bizancio el emperador que le devolvió Constantinopla a los Ortodoxos y la salvó del desastre total murió siendo considerado un hereje y no se le dio un entierro cristiano.
Juan Pablo Neve