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BIZANCIO!!! El Imperio Romano Helénico y Cristiano de la Edad Media Dirección y diseño: Rolando Castillo. |
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Miguel VII Parapinaces
Por Malcolm
El reinado de Miguel VII, de poco más de seis años (24 de octubre de 1071 - 7de enero de 1078), fue netamente desastroso para el Imperio Bizantino, siendo su rasgo más saliente la pérdida casi total de Asia Menor a manos de los turcos, un golpe del cual el imperio jamás se pudo recuperar. Miguel VII llegó al trono en un momento clave en la historia de Bizancio y en medio de una crisis que estaba barriendo con muchas de las instituciones que habían caracterizado al Imperio bajo la dinastía macedónica. Por una combinación de desidia a la hora de resolver problemas preexistentes (muchos heredados del reinado de su padre Constantino X) y errores propios, Miguel dejó al imperio al borde de la disolución.
Miguel Ducas nació en Constantinopla (c. 1050), en el seno de una familia de la aristocracia urbana, con fuertes lazos con el partido burocrático que lideraba Miguel Psellos. Su padre, Constantino X, llegó al trono el 25 de diciembre de 1059, cuando Psellos convenció a Isaac Comneno de que abdicara en su favor.
Miguel Psellos, su tutor ya antes de que su padre llegara al trono, se encargó de entrenarlo en retórica, disquisiciones filosóficas y poesía[1], también de inculcarle su desprecio por todo lo militar. Tal era la importancia que Constantino X le daba estos temas, que a la hora de asociarlo al trono lo sometió a un duro examen, según Psellos de teoría política, que pudo resolver satisfactoriamente[2].
Constantino X, hacia el final de su reinado, decidió nombrar a sus tres hijos como sucesores, bajo el tutelaje de su madre Eudocia Makremobolitissa, a quien obligó a jurar que no volvería a casarse. No obstante, pasarían unos años antes que Miguel llegara definitivamente al poder. Su madre, reputada una de las mujeres más brillantes de la época, viéndose superada por la situación del imperio, que se veía amenazado en todas sus fronteras por los bárbaros e internamente por las pretensiones de la nobleza militar, resolvió casarse con Romano IV Diógenes, miembro de la aristocracia militar.
Durante su breve reinado personal (21 de mayo – 31 de diciembre de 1067) Eudoxia se encargó personalmente de entrenar a Miguel para sus futuros deberes, permitiéndole nombrar magistrados e incluso actuar como juez.
En 1071 Romano IV era derrotado y capturado por los turcos en Manzikert, en gran medida gracias a la traición de Andrónico Ducas, primo de Miguel VII, que desertó con todas las tropas bajo su mando, y a posteriori se de dedicó a anunciar la noticia de la derrota antes que esta ocurriera efectivamente. Al llegar la noticia a Constantinopla, el César Juan Ducas, hermano de Constantino X, con la cooperación de Miguel Psellos, organizó el golpe de estado, y con la ayuda de la guardia varenga proclamó único emperador a su sobrino. Dividió la guardia en dos, un grupo comandado por Andrónico recorrió el palacio proclamando a Miguel como emperador y el otro grupo se encargó de arrestar a la emperatriz en sus aposentos. Eudoxia fue exiliada y obligada a tomar los hábitos.
Miguel VII no podría haber llegado al trono en peor momento. Era un intelectual, falto de carácter, que por su educación no tenía ningún interés en cualquier tipo de acción, ya fuera esta política o militar. Prefirió dejar todo en manos de sus consejeros, al principio su tío el César Juan y su tutor Miguel Psellos, y a partir de 1075 el eunuco Nicefortizés, quién había sido duque de Antioquia durante el reinado de Contantino X.
Política Interior
La situación fiscal del imperio era difícil en extremo. Pese a que la economía del imperio había crecido, debido tanto al aumento de la productividad como de la población, de forma casi continua desde el siglo noveno en adelante, el sistema fiscal no había podido adaptarse a la nueva situación. El despilfarro de los reinados anteriores había obligado a sus predecesores (su padre Constantino X entre ellos) a buscar nuevas fuentes de financiamiento sin recurrir a una mayor carga impositiva. Esto era comprensible, ya que la presión tributaria era alta y recaía principalmente sobre el campesinado[3]. Entre estas soluciones podemos destacar la venta masiva de títulos y cargos en la administración imperial, la exención del servicio militar a los pequeños propietarios agrícolas de los temas a cambio de un pago en moneda, y finalmente entregar cargos en las provincias a cambio del derecho de quedarse con parte de los impuestos recaudados en la jurisdicción. La venta de honores había sido tradicionalmente una fuente de ingresos genuinos. La persona que recibía el honor por lo general no vivía lo suficiente para recuperar su inversión a través de la renta que pagaba el honor que había comprado. El abuso en la venta de estos honores hizo que la ecuación acabara por invertirse de manera que la erogación del estado en sueldos (roga) pasó a superar lo que recaudaba por la venta de los títulos[4]. La exención del servicio militar a los pequeños propietarios de los temas significó la contratación creciente de mercenarios, y por lo tanto un mayor gasto. A su vez, la entrega del derecho de recaudar impuestos en lugar de un sueldo que se otorgó a los gobernadores de las provincias hizo que la presión tributaria se hiciera impredecible para los contribuyentes.
En resumen podemos decir que pese a una alta presión fiscal, el estado estaba quebrado, los habitantes del imperio al borde de la revuelta por las exacciones de los recaudadores de impuestos, y los ejércitos conformados completamente por mercenarios a los que no se les podía pagar y por lo tanto también al borde del motín.
La solución que Miguel VII adoptó para su crisis fiscal fue una devaluación. Durante el resto del siglo XI la moneda se había devaluado paulatinamente mediante una reducción en su peso, principalmente para facilitar las transacciones en una economía que crecía[5]. Ahora bien, pese a la afirmación de Psellos de que Miguel era un perito en materia monetaria[6], su medida fue desastrosa. Por primera vez se alteró la calidad del metal, rebajando el contenido de oro de la aleación. Durante su reinado el contenido de oro del nomisma bajó de alrededor 18 quilates a 10. Esto claramente tuvo un efecto envilecedor de la moneda mucho mayor. El cambio en el color de la moneda que resultó de este cambio socavó su aceptación y luego su valor de cambio.
También en el plano fiscal, Miguel VII continuó la política de vender títulos y honores senatoriales sin miramientos, devaluando los mismos al mismo ritmo que la moneda, empeorando la relación antes mencionada entre el dinero que recibía el estado por el título y el roga que debía pagar al beneficiario. La crisis de confianza que resultó de todo este desorden terminó por destruir el sistema monetario bizantino, y arrasar los sistemas tributarios y fiscales del imperio, de tal manera que Alejo I Comneno tendría que reconstruirlos por completo[7].
La destrucción del poder de compra de la moneda se vio acompañada de maniobras especulativas en el mercado de granos que traerían alzas sin precedentes en el precio de los alimentos. El primer ministro Niceforitzés creó un centro de acopio centralizado de granos (phoundax), y lo entregó en licitación a especuladores profesionales a cambio de 60 libras de oro. Los productores no solo debían entregar su producción a cambio de un precio vil, sino que también debían pagar un canon por el derecho de hacerlo. A su vez los especuladores podían revender el trigo adentro de la ciudad a cuatro veces el precio de compra[8].
El precio de los granos aumentó exponencialmente, pasando de valer 1/12 de nomisma por modios, valor del trigo que había permanecido más o menos estable desde el siglo noveno en adelante, a valer hasta 3 nomismata por modios[9]. Fue así que Miguel se ganó el mote de “Parapinaces”, un cuarto de medida de trigo por moneda de oro.
En Constantinopla, la carestía combinada con el aumento de la población debido al ingreso masivo de refugiados desde Asia Menor, produjo una hambruna, que a su vez vino acompañada por epidemias y una alta mortalidad.
Política Exterior
En el plano exterior, sumado a la indisciplina reinante en los ejércitos imperiales ya mencionada, caracterizaron el período la amenaza de los turcos en Asia Menor, a pechenegos, uzos y húngaros en los Balcanes, y a los normandos en el sur de Italia.
El derrocamiento y posterior muerte de Romano IV fue una perfecta excusa para el Sultán selyúcida Alp Arslan para continuar la guerra con el imperio. Hasta ese momento su principal objetivo habían sido los Fatimídas de Egipto, a quienes los selyúcidas veían como herejes chiítas, por lo cual no comenzaron a instalarse efectivamente en territorio imperial hasta 1073. El hecho de que Miguel VII no reconociera el tratado firmado entre Romano IV y los turcos tampoco contribuyó a estabilizar la situación.
La breve guerra civil tras la cual Romano IV fue finalmente derrotado por los Ducas, fue la primera de muchas, y en ella se fijó el nefasto precedente de recurrir a mercenarios turcos.
La derrota de Romano IV, la falta de recursos y la desidia de Miguel VII, llevaron a muchos generales a rebelarse[10]. El primero en hacerlo fue el comandante de los auxiliares normandos, Rousel de Bailleul, quien al ser enviado a enfrentarse con los invasores turcos en 1073, se rebeló y tomó control de gran parte de Asia Menor. Rousel fue finalmente derrotado por el futuro emperador Alejo Comneno, quien en ese momento tenía 25 años. En el ínterin ambos bandos habían recurrido a ayuda turca, permitiendo que los turcos penetraran cada vez más en Anatolia.
El establecimiento de los turcos se consolidó primero en la altiplanicie central de Asia Menor, donde predominaban los latifundios ganaderos. En estas zonas la densidad demográfica era baja con lo cual no había una población nativa numerosa que pudiera oponerse al establecimiento de los nómades pastores turcomanos que empezaron a llegar en números crecientes[11].
Al año siguiente, un general armenio, llamado Filaretes, formó un ejército con el cual pudo controlar todas las plazas fuertes de la zona del Tauro, ofreciéndole protección a la población cristiana contra los invasores turcos. Esta región con el tiempo se convirtió en un estado armenio independiente fuera de la órbita de la autoridad imperial.
En occidente poder de los normandos en el sur de Italia representaba un creciente peligro para el imperio. Estos habían tomado Bari, el último bastión bizantino de Apulia en 1071, y era solo cuestión de tiempo antes de que intentaran cruzar el Adriático. Miguel VII intentó resolver el problema con una alianza dinástica, prometiéndole a Robert Guiscard, el rey normando, casar a la hija de este, llamada Helena, con su hijo Constantino. Pero debido al destronamiento de Miguel VII este casamiento no se pudo concretar y el tratado traería problemas durante el reinado de Alejo I[12].
El panorama en los Balcanes también era desastroso. En 1072 comenzó una nueva revuelta de los búlgaros que fue a duras penas sofocada por el general Nicéforo Brienio. Mientras esto sucedía, Roma aprovechó para extender su influencia en los Balcanes. En 1076 legados papales coronaron a un rey de Croacia y en 1078 se le dio coronación papal al líder serbio como “Rex Sclavorum”. El resquebrajamiento de la autoridad imperial entre los puebles eslavos pronto se vio acompañada por invasiones por los pueblos turcos que se habían asentado al otro lado del Danubio., que hasta ese momento habían sido mantenidos a raya mediante el pago de sobornos. En su continua búsqueda de economías sin miramientos Miguel VII, decidió reducir las dádivas que se le pagaban a los pechenegos y uzos que habitaban los distritos danubianos. Estos inmediatamente se aliaron con otras tribus de la zona y avanzaron hacia el sur, asolando toda Tracia en represalia.
La creciente presión de los turcos por el lado asiático y de pechenegos y uzos en los Balcanes hicieron que Miguel VII decidiera recurrir a occidente. Básicamente pidió ayuda militar a cambio de la unión de las iglesias. El Papa Gregorio VII, entusiasmado por la idea, envió este pedido de ayuda a todos los príncipes de Europa occidental. Pero en occidente no estaban dadas las condiciones para embarcarse en una empresa de esa envergadura y la idea de una Cruzada solo se pudo materializar durante el reinado de Alejo Comneno.
La Rebelión Generalizada
La combinación de terratenientes desafectados por el abandono del ejército y de Anatolia y la revuelta en la ciudad fueron una situación que Miguel y su favorito no pudieron controlar.
En 1077 Niceforitzés decidió deshacerse del popular general Nicéforo Brienio, pero este, advertido a tiempo de la conjura, levantó su estandarte en rebelión, y el 3 de octubre de ese año fue proclamado Emperador por sus tropas en Trajanópolis. A penas una semana más tarde, el doméstico de las escuelas, Nicéforo Botaniatés, hizo lo propio del lado asiático, sin duda por temor de algún complot urdido en su contra por Niceforitzés.
Ahora bien, los dos ejércitos no se unieron, sino que compitieron por el poder, con lo cual las fuerzas del imperio quedaron divididas en tres. Al principio Brienio tuvo la iniciativa, derrotando las tropas mandadas en primera instancia por el emperador para detenerlo. Pero dubitativo, mandó a su hermano Juan, con el grueso de sus fuerzas a saquear los alrededores de la Capital. Miguel VII en su desesperación liberó a Rousel de Bailleul, a quien puso al mando de las tropas que le restaban en conjunto con su hermano Constantino Ducas y Alejo Comneno. Juan Brienio fue obligado a retirarse, pero esto no hizo sino aumentar el prestigio de Alejo, a quien Miguel se vio obligado a concederle la mano de su prima Irene como recompensa por sus servicios.
Quedaba deshacerse de los rebeldes asiáticos, Miguel y Niceforitzés optaron por contratar los servicios de otro jefe turco para esta tarea, con la mala suerte de que Botaniatés lo sobornó para que se uniera a sus fuerzas. A Miguel se le habían acabado los recursos. El 23 de marzo de 1078 la capital, agobiada por la peste, la hambruna y el ingreso masivo de refugiados se rebeló y Miguel se vio obligado a abdicar. Dejó la defensa la ciudad a Alejo Comneno y se retiró al Monasterio del Studium. El 2 de abril Alejo Comneno entregó la ciudad a Botaniatés que fue coronado emperador al día siguiente. Niceforitzés fue deportado a la isla de Oxya donde murió en medio de torturas. Miguel por su parte fue nombrado Arzobispo de Efeso. Murió alrededor de 1090 en Constantinopla.
Miguel VII fue despreciado por sus contemporáneos como un hombre falto de carácter que se dejó manipular por sus ministros. Fue puesto en el trono en medio de una crisis fiscal que combinaba un sistema fiscal al borde del colapso, un ejército desmantelado y amenazas externas en todos los frentes. Podemos achacarle errores tanto por acción como por omisión, pero principalmente por lo último. No quiso o no se sintió capaz de tomar el timón del gobierno. Mantuvo o en algunos casos extendió políticas que eran causales de la crisis. En general optó siempre por soluciones fáciles que no hicieron más que acelerar el colapso del imperio.
Su reinado fue el último intento del partido burocrático por retener el poder, y es sobre sus líderes, el César Juan Ducas y Miguel Psellos, que deben cargarse las mayores culpas. Por su engreimiento y miopía pusieron sobre el trono a un pusilánime, siendo plenamente consientes de las amenazas que se cernían sobre el imperio, y todas las desgracias acaecidas en esa década no fueron más que consecuencia lógica de las nefastas políticas que impulsaron. La dimensión de su fracaso le dejó el camino libre a la nobleza militar para que tomara el poder absoluto bajo los Comnenos.
Bibliografía
BRÉHIER, LOUIS, Vie et Mort de Byzance, Éditions Albin Michel, Paris (Francia), 1946,1969 y 1992, ISBN 2-226-05719-6 NORWICH, JOHN JULIUS, Byzantium: The Apogee, Penguin Books, Londres (Inglaterra), 1993, ISBN 0-14-011448-3 PSELLUS, MIGUEL, Chronographia (Fourteen Byzantine Rulers), Penguin Classics, Londres (Inglaterra), 1962, ISBN 0-14-044169-7 COMNENA, ANNA, The Alexiad. Edited and translated by Elizabeth A. Dawes. London: Routledge, Kegan, Paul, 1928. VASILIEV, ALEXANDER A., HISTORIA DEL IMPERIO BIZANTINO Tomo I, , tomada 1945 de la misma obra realizada por la editorial Iberia de Barcelona (España), (http://www.imperiobizantino.com). LAIOU, ANGELIKI E. (Editor-in-Chief) , The Economic History Of Byzantium From The Seventh Through The Fifteenth Century, Dumbarton Oaks Research Library and Collection Washington, D.C. (http://www.doaks.org/EHB.html) Michael VII Doukas, 415, 453, 757, 830, 873, 1020
[1] Skylitzes: “Desperdiciaba su tiempo en la vana búsqueda de la elocuencia y gastaba su energía en la composición de poesía yámbica y anapéstica (con magros resultados).”
[2] Miguel Psellos:Chronographia: “Se trató de una pregunta de teoría política. El lo resolvió y el emperador lo tomó como un buen presagio e inmediatamente se celebró la ceremonia de entronización.”
[3] The Economic History of Byzantium – Dumbarton Oaks(de aquí en más EHB): Angeliki Laiou: The Byzantine Economy: An Overview. [4] EHB: Nicolas Oikonomides: The Role of the Byzantine State in the Economy (Páginas 1020 y 1021). [5] EHB: Cécile Morrisson: Byzantine Money: Its Production and Circulation . Se recurrió a esto debido a que no habían crecido las disponibilidades de metal a la par de la economía. [6] Miguel Psellos: Chronographia: “Comprendía el sistema tributario, los ingresos y egresos públicos, la casa de la moneda, el peso de un stater y la proporción exacta de metal precioso en una moneda de oro. Hombres que habían dedicado su vida al estudio de estos temas no eran rival para él en su propia esfera” [7] EHB: Nicolas Oikonomides: The Role of the Byzantine State in the Economy (Página 1019). Durante la década de 1070 el contenido de oro bajó de 22 quilates a 8, de manera que el nomisma perdió casi dos terceras partes de su valor, y gran parte de esta devaluación se produjo en el reinado de Miguel. [8] EHB: Gilbert Dagron: The Urban Economy, Seventh–Twelfth Centuries(Página 453). [9] EHB: Cécile Morrisson y Jean-Claude Cheynet: Prices and Wages in the Byzantine World (Página 822 – Tabla 5 y Página 830). [10] La política de restarle recursos a los militares que perseguía el partido de la burocracia fue un arma de doble filo. Sin duda restarle recursos a los generales, significó que estos tendrían menos recursos a la hora de rebelarse, pero también aumentó la cantidad de generales descontentos dispuestos a rebelarse. Todo esto a parte de dejar las fronteras expuestas a ataques extranjeros. [11] EHB: Jacques Lefort: The Rural Economy, Seventh–Twelfth Centuries. Páginas 234 y Mapa anexo, 285. En la meseta central la forma predominante de tenencia de tierra era el latifundio ganadero ya en el siglo IX. Durante los dos siglos siguientes la dimensión de estos iría creciendo.
[12] En 1081 Guiscard finalmente invadió el imperio. Mandó a su hijo Bohemond con un ejército que se apoderó de la bahía de Avlona, y de ahí atacaría Corfú y Durazzo Le llevaría 4 años a Alejo Comneno rechazar esta invasión. La nota de color a este asunto es que para legitimar su posición Robert Guiscard presentó a un falso Miguel VII, (en realidad un monje poco escrupuloso llamado Raictor).
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