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El Imperio Romano  Helénico y Cristiano de la Edad Media

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UN PASEO POR MISTRA

Introducción . Fortaleza . Santa Sofía . Palacios . San Nicolás . Puerta de Monembasía . Evangelistria  Pequeño Palacio . Brontoquion . Santos Teodoros . Hodigitria . Molino . San Demetrio . Pantanassa 

 Casa Francópulo . Peribleptos . Capilla de San Jorge . Casa Láscaris . Fuente

 

INTRODUCCION

 

Existen dos posibilidades de itinerario en Mistra. 

 

La primera, entrando por la puerta principal situada al pie de la ciudad, permite hacer el recorrido de abajo a arriba convirtiendo la visita a Mistra en una suerte de peregrinación ascendente donde las iglesias y las construcciones que vamos encontrando en el camino sirven de gratificantes descansos y la belleza de la panorámica que se va abriendo ante nosotros como estímulo para continuar. 

 

La parte final del camino, siguiendo un sendero de marcada pendiente, nos llevará a la fortaleza, donde la inmensa panorámica sobre el valle de río Eurotas por un lado, y la vertiginosa caída en picado por el otro, constituyen la mejor recompensa a nuestro esfuerzo. 

Vista general de Mistra entrando por la ciudad baja.

Perspectiva de la fortaleza desde la ciudad alta.

El descenso nos permitirá disfrutar doblemente de la ciudad, pero recomendamos este itinerario solamente a viajeros con mucho tiempo que perder y en buena forma física.

Debido a que es la que habitualmente se realiza, hemos elegido para nuestro recorrido la segunda posibilidad. 

Entrando por la puerta superior que nos conduce a la ciudad alta, ascendemos hacia la fortaleza, germen de Mistra.

FORTALEZA O CASTRO

Originariamente erigido por Guillermo de Villehardouin sobre la plataforma superior del promontorio, fue ampliado y reconstruido tanto por los bizantinos como por los turcos. 

Consta de dos círculos de murallas. 

La entrada de la muralla exterior se encuentra protegida por una torre cuadrada de época bizantina y se hace a través de un pasadizo abovedado.

En la esquina sureste del complejo se eleva otra torre de vigilancia, esta vez redonda, cerca de la cual hay una cisterna para el aprovisionamiento de agua. 

El círculo interior de murallas se extiende al noroeste del llano a un nivel más alto que el anterior, y encierra el núcleo duro de la fortificación. 

Torre cuadrada que protege la entrada superior de Mistra y el camino a la fortaleza.

 

Desde lo alto de la fortaleza se domina una inmensa vista sobre la región de Laconia y todo el valle del río Eurotas.

Todavía se conservan las ruinas de una pequeña capilla, de otro puesto de vigilancia y de un gran edificio que constituía la residencia del responsable del castro. 

 

Desde arriba se pueden apreciar los lienzos de muralla que envolvían la ciudad.


Iniciando el descenso, encontramos la iglesia de Santa Sofía. 

SANTA SOFIA

Iglesia de Santa Sofía. Fundada por el primer déspota

  de Mistra, siempre fue la capilla de Palacio.

 

Muy cercana al palacio se encuentra la iglesia de Santa Sofía, erigida por Manuel Cantacuzeno Paleólogo, primer déspota de Mistra, cuyo monograma todavía puede verse en los capiteles de las columnas junto con el águila bicéfala. Fue siempre la capilla de palacio y ha sido identificada con el monasterio de Cristo Zoodotes ("el que otorga la vida") erigido por Manuel entre 1350 y 1365. 

Monograma del déspota Manuel Cantacruzeno 

en el interior de la iglesia Santa Sofía.

 

Aquí se hallan enterradas Teodora Tocco (+ 1429), primera esposa de Constantino XI Paleólogo, y Cléope Malatesta (+ 1433), esposa de Teodoro II. 

Probablemente sus tumbas sean dos pequeños espacios cuadrados cubiertos con una pequeña cúpula que se encuentran al lado del campanario.

En cuanto a su arquitectura, Santa Sofía pertenece al mismo tipo que la Períbleptos y la Evangelistria. 

La cúpula se apoya sobre dos columnas y sobre los dos muros que dividen la nave en tres partes, el tipo más común en Grecia.

Lo que la diferencia del resto es su búsqueda de la elevación y la distribución de la luz a través de las ventanas de la cúpula, así como un amplio nártex con cúpula y sus dos porches exteriores, de los cuales sólo se conserva, reconstruido, el del lado norte que mira hacia el valle. 

El campanario, originariamente de tres pisos y hoy de dos, fue utilizado como minarete cuando Santa Sofía se convirtió en mezquita bajo el dominio turco.

Cristo en el ábside de Santa Sofía, identificado como Zoodotes, el que da la vida.

 

Representación de un ángel en una 

de las capillas de Santa Sofía.

Su programa decorativo, fechado entre 1350 y 1375, se encuentra en un estado muy fragmentario, pero aún deja apreciar que es análogo al de la Períbleptos. 

El gran Cristo del ábside es una de las claves para su identificación con Cristo Zoodotis.

 Debemos destacar también el Cristo de la cúpula de una de las capillas, que aparece rodeado de ángeles y fuerzas celestiales. 

Dos grandes ángeles en las paredes ratifican el carácter funerario de esta capilla, bajo la cual se abre una cripta del siglo XV.

PALACIOS

El complejo palacial de Mistra se encuentra en la amplia llanura central del promontorio. Su construcción fue iniciada por los francos, pero fue objeto de sucesivas ampliaciones, tanto por Manuel Cantacuzeno como por los Paleólogos, conformando en su estructura definitiva una L gigantesca en ángulo recto que abraza la plataforma natural sobre la que se alza.

 

Estas tres fotografías, tomadas en 1987, 1998 y 2001 respectivamente, muestran la evolución de los trabajos de restauración del palacio de los Paleólogos, destinado a ser uno de los más importantes centros culturales del Peloponeso.

 

Ventana ojival en la parte del complejo palacial de época franca.

 

La parte más antigua del palacio es la nave que se aprecia a la derecha (norte), construida en época de Guillermo de Villehardouin, con ventanas ojivales de estilo gótico desde las que se controla todo el valle del Eurotas.

 

 

 A partir de 1350 el déspota Manuel emprende la ampliación del palacio levantando los edificios que se encuentran en el ángulo. 

 

Estas dependencias siempre sirvieron de residencia para los sucesivos déspotas y sus familias, y ahí se encuentran las cocinas, los almacenes y las distintas habitaciones de servicio. 

 

Sus amplias terrazas y balcones porticados permitían al gobernante disfrutar de la vista sobre el valle.

 

El ala izquierda del complejo está formada por un único edificio que consta de planta baja, un primer nivel con ocho habitaciones independientes de techo abovedado y una segunda planta diáfana. 

Recreación de las cocinas de palacio para la reciente exposición Momentos de Bizancio. Mistra: la ciudad bizantina.

El salón del trono antes de la reconstrucción. En el lado izquierdo, que se corresponde con la fachada principal, después de las tres primeras ventanas, se encuentra el ábside donde estaba situado el trono del déspota.

Probablemente esta ala se empleara de forma exclusiva para fines oficiales, siendo las habitaciones de la primera planta despachos de funcionarios del palacio y la segunda planta el salón del trono, el crisotríclinos de los bizantinos. 

 

Esta sala presenta una serie de amplios ventanales coronados por arcos góticos ciegos y una segunda serie más alta de ventanas redondas. 

 

Todavía se conservan en las paredes grandes fragmentos de yeso que estarían decorados con frescos, y a lo largo de la sala quedan restos de un banco corrido donde se sentaban los invitados y cortesano

Detalle del ábside donde estaba colocado el trono del déspota.

Entre los ocho ventanales de la fachada principal puede apreciarse claramente el ábside donde se encontraba situado el trono.

 

  Esta fachada estaba cubierta por un pórtico de dos plantas que se correspondían con las dos plantas principales del edificio, y del que sólo se conservaban escasos puntos de apoyo en la pared, desde el que se presidirían las ceremonias que se llevaran a cabo en la explanada que se abre frente al palacio, y que aliviaría la sensación de austeridad que hoy transmite el conjunto.

Reconstrucción ideal de las fachadas principales del ala de los Paleólogos del palacio de Mistra.

Esta plaza siempre se mantuvo despejada ya que era el escenario de los diversos actos públicos que se celebraran en Mistra y, debido a lo escarpado del terreno, único punto de reunión para los habitantes de la ciudad. En su momento de esplendor, era más grande de lo que actualmente parece, ya que en época turca se aprovechó para realizar algunas construcciones.


El ala de los Paleólogos recuerda por su estructura arquitectónica al Palacio del Porfirogénito (Tekfur Sarai) de Constantinopla, pero su decoración, sobre todo por sus ventanas redondas, nos lleva a los palacios italianos del Renacimiento temprano. Su cronología exacta es difícil de precisar, pero fue levantado después del 1400. Runciman sugiere que quizá su construcción coincidiera con una de las visitas del emperador Manuel II a Mistra, en 1408 y 1415, ya que la permanencia de un emperador en la ciudad exigía un entorno digno de su categoría. 

 

La belleza de esta construcción contrasta con el aspecto más compacto y severo del ala izquierda de época franca y cantacuzena, que con sus ventanas más pequeñas y sus naves en forma de torre presenta un aspecto más de fortificación, mientras que en el ala de los Paleólogos los grandes ventanales y el porche exterior crearían la impresión de elegancia y riqueza.

 

Por la parte de atrás del complejo palacial y sus alrededores se halla la llamada ciudad alta, los restos de edificaciones que deberían ser las mansiones y las casas de los miembros de la corte y empleados del palacio. Allí se halla también la puerta de Nauplio, una de las entradas antiguas a la ciudad. Encajada entre dos torres, constituye una de las más impresionantes muestras de arquitectura militar de la ciudad.

 

SAN NICOLÁS

Este amplio edificio de época turca (siglo XVII) presenta frescos de factura popular 

y de menor calidad que el resto.

PUERTA DE MONEMBASÍA

Fechada en el siglo XIII, se encuentra en el segundo círculo de murallas. 

Recibe este nombre porque en la ciudad baja terminaba el camino de Monembasía, y su función era regular el paso entre la ciudad alta y la baja. 

El camino que la atraviesa es estrecho y fácil de bloquear, lo que resultaba de vital importancia a la hora de proteger de cualquier ataque al complejo palacial y a la ciudad alta.

La puerta de Monembasía regulaba 

el paso entre la ciudad alta y la baja.

EVANGELISTRIA (La Anunciación)

Esta iglesia de pequeñas dimensiones tiene un carácter eminentemente funerario. Es la única iglesia de Mistra que no conserva memoria de su fundador y ha soportado inalterada todas las vicisitudes de la ciudad bajo el dominio turco. 

 

Como curiosidad, debemos mencionar que en el muro norte se conserva, en hermosísima caligrafía del siglo XV, el nombre de Frantzés, que se ha querido identificar con el conocido historiador.

En cuanto a su arquitectura, su planta consiste en una cruz griega tradicional inscrita en un cuadrado con domo que descansa solamente en dos columnas y no en cuatro, como ya vimos en Santa Sofía. Una característica que la Evangelistria tomó de la Hodiguitria pero que no encontramos en otra iglesia de este tipo es la presencia de una segunda planta en el nártex reservada para las mujeres.
Escasos restos se han salvado de su decoración pictórica, datada en el siglo XV, pero es el único caso en Mistra donde la decoración escultórica cobra verdadero protagonismo. Al contrario que en el resto de las iglesias, donde fue habitual la reutilización de materiales antiguos para este tipo de decoración, la homogeneidad de sus motivos y tamaños revela que fueron pensados como un conjunto unitario realizado en exclusiva para la Evangelistria. En sus capiteles se entremezclan motivos vegetales, cruces y figuras geométricas que recuerdan a los bordados tradicionales de la región, y los remates en forma de piña de sus capiteles resultan característicos.

PEQUEÑO PALACIO

Muy cerca del complejo palacial, dominando la gran plaza desde su esquina sur, se encuentra el llamado Pequeño Palacio, cuya torre principal y ala más antigua fueron probablemente construidas a principios del siglo XIV y luego ampliadas sucesivamente hasta llegar a cerrarse sobre sí mismas entorno a un patio interior. 

 

Por razones de seguridad, la planta baja apenas presentaba aperturas al exterior para facilitar la defensa en caso de ataque, con lo que cobra cierto aire de fortificación.

 

Su cercanía al palacio y su gran número de salas, habitaciones, dependencias y almacenes sugiere que podía pertenecer a alguna familia importante de la aristocracia local, pero no se ha conservado noticia de sus propietarios.

Restos del Pequeño Palacio en la esquina sur de la plaza central de Mistra.

MONASTERIO DE BRONTOQUION

En la parte nordeste de la ciudad es donde se encuentran las construcciones e iglesias más antiguas. Hacia el año 1300, Pacomio funda el monasterio de Brontoquio, al que se incorporó la iglesia de los Santos Teodoros. Hacia 1310 Pacomio levanta también la Hodiguitria. Resulta extraña la cercanía de ambas iglesias y su pertenencia a un mismo monasterio, pero la opinión más común es que desde su fundación la Hodiguitria, que conserva en sus alrededores las ruinas del refectorio, celdas y otras dependencias monásticas, queda como katholikon o iglesia principal del monasterio, perdiendo los Santos Teodoros su protagonismo y quedando reducido a cementerio de los monjes más humildes.

SANTOS TEODOROS

Es una de las iglesias más antiguas de Mistra. 

Una inscripción cita a Pacomio y a un tal Daniel como los promotores de su construcción, que se llevó a cabo entre 1290 y 1295.

Su planta constituye una variación de la planta de cruz griega tradicional, ya que está inscrita en un octágono, -como la iglesia de Dafni, en los alrededores de Atenas, y la de Hosios Lucas en la Fócide-, de manera que la cúpula descansa en ocho arcos.

Iglesia de los Santos teodoros, una de las iglesias más antiguas de Mistra.

 

En el siglo XII encontramos este tipo de estructura en Santa Sofía de Monembasía, desde donde llegó a Mistra debido a las estrechas relaciones que mantuvieron ambos enclaves. La enorme cúpula, con un tambor horadado por dieciséis ventanas, crea un amplio espacio central interior, y resulta reseñable la solución piramidal que se aplicó en el ábside, a base de tejadillos ascendentes.


De su programa pictórico no queda apenas nada, destruido por otras pinturas realizadas sobre las primitivas y las sucesivas capas de cal que se le aplicaron mientras fue mezquita, pero resulta muy probable que fuera obra de los mismos artistas que Pacomio trajo para la decoración de la Hodiguitria. En la franja inferior se conservan restos de pintura imitando el mármol, y en la inmediatamente superior representaciones de santos guerreros cuyo estilo recuerda al de las figuras de la pared norte de la Catedral. 

Llama la atención el retrato de un suplicante vestido de azul con un cinturón amarillo arrodillado ante la virgen, mencionado como Manuel Paleólogo por la inscripción que le acompaña, escrita por dos manos distintas.

 Se ha querido ver aquí al emperador Manuel II, pero sin demasiado fundamento, ya que, por un lado, la fecha que ofrece la inscripción para la muerte del suplicante (1423 ó 1453) no coincide con la muerte del emperador, fallecido en 1425, y por otro, la sencillez de su atuendo con ausencia completa de emblemas imperiales no parece propia de un personaje de tan alta categoría.

HODIGUITRIA ("La que muestra el camino") O AFENTIKÓ ("Señorial").

La majestuosidad de la iglesia de la Hodiguitria demuestra que en esta época Mistra ya gozaba de gran importancia y el monje Pacomio de enorme influencia, pues seguramente trajo para su construcción a artistas y arquitectos de Constantinopla. 

La más antigua mención a esta iglesia data de 1311, e inmediatamente se convirtió en la iglesia principal del monasterio. 

Vista de la fachada principal de la iglesia de la Hodigitria.

Entre 1312 y 1322, Pacomio consiguió que el emperador Andrónico II donara a esta iglesia numerosas propiedades por todo el territorio bizantino -incluso en las zonas ocupadas por los latinos en el caso de que se liberaran- y que la pusiera bajo su protección, además de conceder que la Hodiguitria dependiera directamente del Patriarcado de Constantinopla, saltándose todas las autoridades eclesiásticas locales.

Su estructura se basa en una planta de cruz griega tradicional que se superpone a una basílica dividida en tres naves por dos filas de columnas. Presenta una gran cúpula en su centro, una en cada esquina y otra sobre el nártex, seis en total.

Una planta similar se encuentra en muy pocas ocasiones fuera de Mistra, y siempre en iglesias muy antiguas (Santa Irene en Constantinopla, San Nicolás en Paros). 

 

Esta combinación estructural, trazada con gran soltura por el arquitecto, da una impresión de grandiosidad y monumentalidad que era precisamente lo que Pacomio buscaba para cumplir todas las expectativas que había puesto en su nueva iglesia.

En su parte exterior, la Hodiguitria presenta pórticos en tres de sus lados, elemento arquitectónico que el resto de las iglesias de Mistra tomaron de ella haciéndose muy común en la ciudad. 

Hodigitria. Escenas de la vida de Cristo. Jesús con la samaritana y las bodas de Caná

  No obstante, a lo largo de su historia estos pórticos fueron sufriendo transformaciones, y hoy se conservan cerrados y convertidos en capillas.

El equipo de artistas que llevó a cabo el programa de frescos de la Hodiguitria procedía con bastante seguridad de la escuela que realizó la famosísima "Bajada a los Infiernos" del Monasterio de Cora en Constantinopla.

Hodigitria. Escenas de la vida de Cristo. Curación del ciego y de la suegra de pedro.

 

 Las imágenes no conservan el severo hieratismo del maestro de Cora, pero la concepción del color, su realización y la humanidad que transmiten las figuras denotan también la evolución y la innovación de una exquisita maestría.

 

Los frescos de esta iglesia se conservan en bastante buen estado, lo que ha permitido hacer profundos estudios sobre ellos.

 

  Uno de los frescos, concretamente donde se representa el Bautismo, ha revelado interesantísimos detalles sobre la vida cotidiana de la época.

Hodigitria. Representación de la Virgen rodeada de profetas en la cúpula occidental.

 

Hodigitria. Representación en fresco de la crisóbula del emperador Andrónico II en la que tomaba el monasterio de Brontoquio bajo su protección. 

Además del programa iconográfico principal, que sigue el orden acostumbrado del arte bizantino -principales fiestas litúrgicas, distintos personajes retratados según su jerarquía celestial, etc.- merecen especial atención los frescos de las capillas laterales. 

En la capilla suroeste del nártex se encuentran reproducidas las cuatro crisóbulas del emperador Andrónico II, gracias a las cuales la iglesia recibió la protección imperial.

También en el nártex, pero en el lado noroeste, se encuentran los Mártires, imagen que por su belleza se ha convertido en símbolo de Mistra. 

La actitud estática de las figuras y la serenidad de sus rostros transmiten una sublime sensación de beatitud.

  Las amplias superficies de vivos colores que se combinan con suaves gradaciones cromáticas tienen como contrapunto las luminosas perlas blancas que adornan las capas de las figuras.

Representación de los Mártires, imagen emblemática de Mistra, en el nártex de la Hodigitria.

 

Por otra parte, parece que el artista ha buscado intencionadamente un aire arcaico en las líneas rectas de las caídas de las capas imitando la factura de la representación en mosaico, lo que produce mayor impresión de majestuosidad en los personajes.


En uno y otro lado de la capilla nordeste se encuentran las tumbas de dos insignes personalidades: el higúmeno Pacomio y el déspota Teodoro I Paleólogo. Pacomio, rodeado de ángeles que sostienen velas encendidas, está representado de rodillas ofreciendo a la Virgen la iglesia que construyó para ella. En el muro contrario se encuentra la tumba de Teodoro I, fallecido en 1407 con el nombre de Teodoreto el Monje. Llama la atención cómo el artista ha representado las dos etapas de su vida, ya que en el lado izquierdo aparece retratado como déspota de Mistra, con digna presencia y ricos ropajes, mientras que en la imagen de la derecha, mejor conservada que la anterior, viste los humildes hábitos de su condición monacal. Dos ángeles funerarios guardan su nicho.

MOLINO DE ACEITE

Restos de la almazara en la ciudad baja de Mistra.

Regresando del monasterio de Brontoquion, encontramos a la izquierda, entre los Santos Teodoros y la Evangelistria, los restos de una almazara, donde acudirían a prensar las aceitunas los habitantes de Mistra. 

El sur del Peloponeso era, en época bizantina, donde se producía la mayor cantidad de aceite, y el proceso de su refinamiento era complejo y difícil.

SAN DEMETRIO O METRÓPOLI (Catedral)

El conjunto de edificios que conocemos como Metrópoli o Catedral se encuentra encerrado en un recinto amurallado, como más adelante veremos también en la Períbleptos, al que se accede por una puerta abierta en el muro que recorre el camino principal.

Fachada este de la metrópoli que corresponde a la parte del ábside. Casi toda ella es original del s. XIII, excepto los muros que cierran las naves, como puede verse por la mampostería. El campanario es de fecha muy posterior y está levantado sobre una antigua capilla.

Como centro oficial de la religión en Mistra, la Catedral fue siempre objeto de atención de los sucesivos obispos de la ciudad, que han dejado sus nombres inmortalizados abundantemente entre sus paredes, y ha sufrido importantes cambios a lo largo de su historia. 

 

La primitiva construcción parece haberse iniciado entre 1263 y 1272 por Eugenio, el primer obispo de la ciudad, representado en el diakonikon de la iglesia. 

 

Se trataba de una basílica tradicional cuyo espacio interior se dividía en tres naves abovedadas gracias a dos filas de columnas, cubierta por una techumbre de madera. 

 

Después de su llegada a Mistra en 1304, Nicéforo Moscópulo, obispo de Lacedemonia, a quien mencionan tres inscripciones, la remodeló añadiendo un nártex abovedado y la decoración interior.

 

Fachada occidental de la Metrópoli. El tipo de mampostería diferencia claramente la parte más antigua, hecha de sillares de piedra con finos ladrillos rojos, del añadido que sufrió en el siglo XV. La fuente que aparece a la derecha se construyó en el siglo XIX, poco antes del abandono definitivo de Mistra.

 

Hacia principios del siglo XV, el obispo Mateo levantó todo el tejado y añadió una galería, donde incluyó una dependencia especial para las mujeres, y una cúpula que se apoya sobre cuatro pilares sostenidos por las columnas de las naves laterales, adaptándola así al diseño de las más importantes iglesias de ese momento en Mistra, la Hodiguitria y la Períbleptos. 

Esta ampliación se hace evidente tanto en el exterior de la iglesia como en el interior, ya que, por un lado, la utilización de los materiales de construcción es totalmente distinta a la antigua, y, por otro, el programa primigenio de frescos está incompleto, pudiéndose distinguir en la decoración actual distintas épocas de realización.

Vista interior del exonártex de la fachada occidental.

Fachada norte de la catedral. El pórtico que rodea el patio enlosado es de época turca. A la derecha se encuentra el que fuera Palacio Episcopal, hoy museo.

En esta iglesia en concreto se puede apreciar con extrema claridad la reutilización de materiales antiguos en la construcción de los nuevos templos, y así, por ejemplo, vemos que dos de los capiteles son paleocristianos, tallados con motivos vegetales, y otros dos son una burda imitación realizados sólo para que no desentonaran demasiado.

 

Antiguo palacio Episcopal, construído en 1754. Desde 1951 se convirtió en el Museo de Mistra, y con ocasión de la exposición Momentos de Bizancio se ha remodelado y reorganizado por completo bajo el tema Bizancio y Occidente: la experiencia de un centro urbano tardobizantino.

Los diversos frisos que adornan la iglesia también pertenecen a épocas distintas, presentando la mayor parte de ellos el monograma de Mateo, quien, por lo visto, tenía un gran afán de notoriedad. 

 

Sólo el marco de mármol de la puerta de entrada parece haber sido hecho específicamente para esta construcción.

  En el suelo, debajo de la cúpula y enfrente del iconostasio, encontramos una lápida con un bajorrelieve que representa el águila bicéfala de los Paleólogos, que debe pertenecer a la remodelación de Mateo, si no a otra más tardía de época turca. 

La tradición popular, sin embargo, la hace protagonista de la coronación de Constantino XI Paleólogo como emperador de Constantinopla.

Bajorrelieve con el motivo del águila bicéfala, emblema de la dinastía de los Paleólogos, que se encuentra en el enlosado de la catedral. La tradición dice que sobre esta lápida fue coronado en 1449 Constantino XI Paleólogo, el que sería el último emperador bizantino.

La figura de la Virgen que se encuentra en el ábside es una de las pinturas más antiguas que se conservan en la catedral. El resto de las figuras que la rodean son más tardías, bien del s. XV o incluso posteriores, como las figuras que aparecen en el nivel superior, datadas en el s. XVIII.

La decoración interior de la catedral es extremadamente interesante, ya que muestra estilos de épocas diferentes, además de que las partes más antiguas se encuentran bastante bien conservadas. 

 

En ella podemos distinguir principalmente dos periodos distintos.

 

El primer periodo se refiere a la época de su fundación, en el último cuarto del siglo XIII. 

 

De esta época data la representación de la Virgen que encontramos en el ábside, que permanece en pie sosteniendo al Niño, del tipo llamado Kiriotissa, estilizada y hierática, la única que se ha salvado de esta primera etapa en esa parte del templo, ya que el resto de pinturas que la rodean son de fecha posterior.

 

También a esta etapa pertenecen los frescos conservados en la nave norte, dedicada en su parte oriental a escenas de la vida y martirio de San Demetrio, cuyo retrato encontramos también en el ábside.

Nave norte de la catedral: San Demetrio predicando en la cárcel.

Nave norte de la catedral: las Bodas de Caná.

 

Hacia el lado occidental se representan escenas y milagros de la vida de Cristo. 

 

 

Las paredes de esta nave se dividen en tres franjas con distintos santos -hombres de iglesia, mártires y guerreros- de tamaño irregular. 

 

Nave norte de la catedral: curación del hidrópico.

Nave norte de la catedral: curación del paralítico.

En el ábside del diakonikon se encuentran los santos Cosme y Damián. 

El conjunto de los frescos más antiguos se completa, entre otros motivos, con escenas de la vida de la Virgen y una Preparación del Trono.

Las pinturas de esta época parecen haber sido hechas de manera un tanto apresurada y poco cuidadosa, siendo probablemente obra de artistas locales. Rebosan espontaneidad, pero la mezcolanza de estilos, técnicas y temas da la impresión de que no siguieron un esquema definido de antemano y de que fueron más o menos improvisando cómo llenar el espacio.

La segunda época importante en el programa decorativo de la catedral se corresponde con el patronazgo de Nicéforo Moscópulo, en las dos primeras décadas del siglo XIV, siendo, por tanto, coetánea de la Hodiguitria. 

Sin embargo, no parece que existiera rivalidad alguna entre los máximos representantes eclesiásticos de la Mistra de aquel momento, el emprendedor Nicéforo y el ambicioso Pacomio. Por el contrario, su relación parece fluida y productiva -Nicéforo, excelente calígrafo, regaló a Pacomio un ejemplar de los Evangelios escrito por él que hoy se conserva en Moscú, y le instó a que empezara a impartir enseñanza en el Brontoquio-, y probablemente compartieron a los artistas que vinieron de Constantinopla para la construcción y remodelación de sus respectivas iglesias. 

Los frescos de la Hodiguitria se conservan en mejor estado que los de la catedral, pero aún así puede apreciarse en ellos un estilo y un espíritu totalmente distintos a los de su primera etapa.

 

En la nave central se observa que a todas las escenas de la vida de Cristo les falta la parte superior, debido a la remodelación que Mateo llevó a cabo dos siglos más tarde. 

Las pinturas de la nave sur también se conservan muy fragmentarias, pero eso no impide apreciar la maestría que reina en el conjunto. 

Nártex de la catedral. El ángel que lee. Situada a la derecha de la puerta de entrada, esta es una de las figuras más famosas de la Catedral.

 

Nártex de la catedral. Preparación del Trono de Cristo. La majestuosidad en la composición de los elementos de la escena se remata con las alas de los ángeles, que como llamas se alzan hacia el cielo cerrando el conjunto y transmitiendo una gran sensación de dinamismo.

El diseño y la expresividad de las figuras, la composición de los personajes de las escenas, los colores vivos y la naturalidad en la pincelada revelan una técnica muy superior a la anterior. 

Donde mejor podemos apreciar los frescos de este periodo es en el nártex, cuyos muros y bóveda se cubren de escenas que relatan la Segunda Venida de Cristo a la Tierra.

 El dinamismo de las figuras se hace palpable y los tonos rojos de las llamas del Infierno dominan todo el conjunto. 

Incluso las alas de los ángeles adquieren tonos rojos y se elevan como llamas transmitiendo una viva sensación de movimiento.

Nártex de la catedral. Condenados sufriendo tortura entre las llamas del infierno. La sinuosidad de movimientos que transmiten las serpientes es impresionante.

Muchas partes de la iglesia se encuentran cubiertas con frescos de épocas muy posteriores, estando las más recientes datadas en el siglo XVIII.

 

PANTANASSA ("Señora del universo")

 

 

Actualmente, el monasterio de la Pantanassa es el único habitado en Mistra por una pequeña congregación de monjas. 

 

En la calma de la antigua ciudad, su vida transcurre serena entre el trabajo y la oración, recibiendo al visitante siempre con una sonrisa en el rostro.

La Pantanassa fue construida en 1428, lo que la convierte en el último monasterio erigido allí en época bizantina. 

 

Juan Francópulo, su fundador, fue el patriarca de una de las familias latinas "helenizadas" más importantes de Mistra.

 

Entrada al monasterio de la Pantanassa. Aquí podemos permitirnos un descanso refrescándonos en la fuente de su patio y llevarnos algún recuerdo artesano hecho por las monjas que lo habitan.

 

En el tiempo que transcurrió desde la muerte de Teodoro I hasta que Teodoro II llegó a la ciudad acompañado de su padre para hacerse cargo del Despotado, Francópulo hizo las funciones de regente para pasar luego a convertirse en protostrator o primer ministro del joven déspota y en su más fiel consejero, y también lo fue de Constantino. Francópulo ha dejado su monograma grabado sobre las ventanas superiores del lado occidental y en uno de los capiteles. En la base del tambor que sostiene la cúpula del nártex encontramos su inscripción oferente.

 

Monograma del noble Francópulo en el interior de la iglesia de la Pantanassa.

 

Si bien todas las iglesias de Mistra presentan una estudiada elaboración decorativa de los elementos arquitectónicos, es en la Pantanassa donde este cuidado por la ornamentación exterior llega a su máxima expresión. Su fachada, dividida en tres franjas horizontales por dos pequeños frisos, combina todo tipo de elementos, cintas dentadas, guirnaldas, flores, juegos entre arcos de medio punto, arcos ojivales y arcos ojivales invertidos, ventanas ciegas y abiertas, policromía, etc. Su eclecticismo estético produce un vistoso resultado.

 La influencia occidental alcanza un gran protagonismo, sobre todo en su campanario, de cuatro plantas.

 

  Su mampostería es la tradicional griega que hemos venido viendo en todo Mistra, sillares de piedra rodeados de ladrillos, pero sus estrechas ventanas triples se enmarcan en amplios arcos góticos ciegos. 

 

En dos de sus lados, entre la planta segunda y la tercera, aparecen vanos trilobulados inscritos en un círculo, motivo que se repite en todas las ventanas superiores. Las cuatro torretas que rodean la cúpula del campanario son características de la Pantanassa.

Vista del lado oriental de la Pantanassa, correspondiente al ábside, en la que se puede ver el detalle de la decoración exterior. A la derecha, el pórtico norte y la cima del campanario.

Por otra parte, el campanario forma parte estructural de la iglesia, ya que, gracias al pórtico que presenta en el piso inferior, unía el pórtico norte, conservado intacto, con el pórtico oeste que se encontraba en el nártex, hoy desaparecido.


Ya en su interior, podemos volver a comprobar la habitual reutilización de materiales de iglesias más antiguas, como es el caso de los capiteles. Cabe reseñar la puerta de entrada del nártex al interior de la nave, ya que presenta motivos ornamentales de inspiración árabe.

 

Su programa pictórico originario, datado en 1430, se conserva en bastante buen estado, pero sólo en los brazos laterales de la cruz y en la parte superior. 

 

Las pinturas de la parte inferior quedaron cubiertas por frescos de los siglos XVII y XVIII, que representan escenas de la Vida de Cristo y de la Virgen y, entre otros motivos, las 24 casas o oikos de las salutaciones del himno Akathistos. 

 

En el muro sur del nártex, donde probablemente se encontraría su tumba, aparece retratada la elegante figura de Manuel Láscaris.

 

Retrato funerario de Manuel Láscaris en actitud orante en el nártex de la Pantanassa. Hacia 1445.

 

Pantanassa. Nacimiento de Cristo en el brazo norte del transepto.

Como la Hodiguitria, presenta el ciclo de las fiestas litúrgicas, Anunciación, Nacimiento, Entrada en Jerusalén, Bajada al Hades, etc. 

 

La Hodiguitria también le ha dejado los escenarios rocosos y la dignidad de los rostros.

 

  Sobre el altar se conserva la imagen de la Vírgen Platítera ("más grande que el universo") sentada en un trono junto a dos arcángeles, y debajo de ella están sus padres, Joaquín y Ana.

Por otra parte, muchas de sus imágenes siguen también abiertamente a la Períbleptos, como la Entrada en Jerusalén, y de ella ha tomado también el gusto por la representación del detalle secundario y el contraste entre colores.

 

 No obstante, el arte de la Pantanassa muestra cómo había cambiado el sentido estético en el medio siglo que la separa de la Períbleptos. El barroquismo que se aprecia en la estudiada combinación de conjuntos grandiosos y detalles secundarios, su exceso de figuras, el afán narrativo de la escena principal, así como en la utilización ilimitada del color, caracteriza esta última fase de la pintura en la época de los Paleólogos, que sobrevivió aún durante los siglos XV y XVI en Creta.

 

Pantanassa. Detalle de la entrada de Cristo en 

Jerusalén en el brazo este de la cruz.

 

Pantanassa. representación de ciudad amurallada. 

Detalle de la esquina superior derecha de la 

Entrada de Cristo en Jerusalén.

 

Pantanassa. Detalle del fresco de la Resurrección en la bóveda del altar.

CASA FRANCÓPULO

La casa del ya mencionado fundador de la Pantanassa se encuentra muy cerca de ésta, en el camino que nos conduce a la Períbleptos. 

 

Su construcción data de principios del siglo XV. 

 

La planta inferior estaba dedicada a funciones de servicio, y la vida se desarrollaba en la planta superior, en el triclinio. 

 

En la fachada principal se conserva el basamento de la terraza o iliakó, un enorme balcón con vistas al valle.

Casa de Francópulo, una de las mansiones más importantes de Mistra.

PERÍBLEPTOS

En el extremo sudeste de la colina, en la parte más alejada de la ciudad, se halla el pequeño monasterio de la Vírgen Períbleptos ("la que se ve desde todas partes"). Construido en parte sobre la pedregosa ladera, no ha conservado memoria alguna de sus fundadores.

 

Monograma que aparece en el arco de entrada a la iglesia Períbleptos, con leones rampantes y flores de lis.

 

No obstante, uno de sus capiteles, que hoy se conserva en el museo, presenta el monograma de Manuel Cantacuzeno, primer déspota de Mistra, y las flores de lis, de indiscutible origen franco, la decoran abundantemente, tanto en el interior como en el exterior.

 Por otra parte, en el umbral de la puerta de entrada al recinto, se encuentra encastrada una lápida que tiene el marco rodeado de flores de lis y grabado en su centro el monograma de la Períbleptos inscrito en un círculo y protegido por dos leones rampantes. 

 

Debido a que éste era el emblema heráldico de la casa Lusignan, se ha querido identificar la anónima pareja oferente cuyo retrato se ha conservado en el interior de la iglesia con Manuel Cantacuzeno y su esposa Isabel de Lusignan, por lo que la iglesia dataría de la segunda mitad del siglo XIV.

 

Fresco funerario de la peribleptos. Se cree que esta pareja de fundadores representa a Manuel I Cantacruzeno e Isabel de Lusignan

Varias capillas se han levantado posteriormente a su alrededor. La de Santa Catalina, construida dentro de una cavidad de la roca en el lado occidental de la iglesia, parece cubrir un espacio de culto paleocristiano.


Su planta es la misma que ya vimos en Santa Sofía y la Evangelistria: sobre una cruz griega tradicional, la cúpula se apoya sobre dos columnas y dos muros que dividen el espacio interior. No obstante, el abrupto peñasco sobre el que se levanta impone alguna variación que no es más que una adaptación al terreno, y así, por ejemplo, debido a la escasez de espacio, no se ha podido hacer una entrada principal, por lo que a la derecha del ábside se abre una puerta que, a través de un pasillo excavado en la roca viva, conduce directamente al interior de la iglesia.

 

Vista de la fachada correspondiente al ábside, con el detalle sobre la ventana central del aplique en forma de flor de lis entre dos rosetones. A la derecha puede verse la puerta de entrada a la iglesia. Enfrente, dos pequeñas capillas funerarias. 

 

 Este recurso contribuye además a que la luz que penetra por las ventanas de la iglesia gane en sorpresa e intensidad por el contraste.


La decoración exterior es aquí más simple que en el resto de las iglesias de Mistra. 

 

Debemos llamar la atención, sin embargo, sobre los apliques de piedra que aparecen sobre la ventana del ábside central, una flor de lis entre dos rosetones.

 

Los ciclos iconográficos que cubren su interior no presentan la cuidada organización que hemos visto en otras iglesias. 

Se hallan, por así decirlo, "desordenados", pues las secuencias de imágenes que conforman un mismo ciclo van subiendo y bajando por la pared, cuando deberían mantenerse a la misma altura. 

 

No obstante, los tímpanos de los brazos de la cruz han sido reservados para los motivos tradicionalmente importantes.

Pantócrator de la cúpula de la Períbleptos, rodeado de profetas y ángeles.

 

 En el tímpano sur se representa la Crucifixión, en el oeste la Bajada a los Infiernos, y sobre el tímpano de la entrada está la Dormición de la Virgen. En la cúpula aparece el Pantócrator inscrito en un círculo sustentado por ocho columnas pintadas. En seis de los vanos que crean esas columnas, aparecen parejas de profetas, y en los dos restantes, la Preparación del Trono sobre la cabeza de Cristo y la Vírgen entre dos arcángeles debajo de él. En una suerte de horror vacui, los espacios en blanco se rellenan con querubines bizantinos o hexaptérugos, ángeles de seis alas.


Estos frescos son posteriores en aproximadamente medio siglo a los de la Hodiguitria. Es posible que los artistas que Pacomio trajo de Constantinopla crearan escuela en Mistra y esta iglesia sea ya obra de artistas locales. Tienen un claro antecedente en el estilo de Cora, pero muestran ya rasgos de estilo propios. Se ha podido incluso distinguir varios artistas distintos con estilos personales, de manera que la parte que les corresponde a cada uno es diferenciable de las demás, aunque sin perder la unidad del conjunto.

 

El artista que creó la Entrada en Jerusalén muestra el gusto por las superficies suaves, por la serenidad en los movimientos y por los grupos grandes. 

 

A pesar de que sabe crear contrastes entre azules, rojos y blancos, su maestría radica más en la composición general de la escena. 

 

También se le atribuyen escenas de la vida de la Virgen y la Dormición.

Períbleptos. Entrada de Jesús en Jerusalén en el brazo oeste de la cruz.

 

A otra mano distinta pertenece la representación de la Sagrada Liturgia, considerada como una de las obras cumbre del arte bizantino tardío. 

 

Presenta características similares al anterior, pero aquí su estilo radica en la utilización de los colores. 

 

Períbleptos. Angeles en un detalle de la Sagrada Liturgia.

 

Sus personajes también son serenos y elevados, pero con más vida, gracias al color ocre de los rostros y las breves pinceladas blancas que les añaden luminosidad. Los colores le gustan más puros e intensos, y las figuras están más definidas en su entorno.

 

A un tercer pintor se atribuyen escenas como el Nacimiento y el Bautismo de Cristo, donde las figuras siguen la línea del anterior, rostros ocres y melancólicos con tonalidades blancas que los iluminan, pero aquí el escenario de suelos rocosos cobra un papel principal determinando la composición general de la escena.

 

Períbleptos. Nacimiento de Jesús.

 

Períbleptos. Bautismo de Jesús. Atribuido al mismo 

pintor que realizó el Nacimiento.

CAPILLA DE SAN JORGE

Muy cerca de la Períbleptos, en la calle principal de la ciudad, se encuentra la capilla de San Jorge, una de las más representativas. Prácticamente todas las capillas de uso particular con fines funerarios que trufaban las calles de Mistra presentaban la misma estructura, siendo pequeños recintos abovedados con ábside. Hacían las funciones de panteón familiar, y las tumbas encontradas en ellas fueron reutilizadas numerosas veces. San Jorge presenta una elegante combinación de materiales, ya que, a pesar de que la estructura principal es de piedra, los juegos decorativos con el ladrillo le otorgan una gran vistosidad.

 

Capilla de San Jorge, recinto religioso de uso particular con fines funerarios.

CASA LÁSCARIS

La dinastía Láscaris fue una relevante familia bizantina que se inició con Constantino Láscaris, emperador de Nicea (1204) y que tuvo un papel fundamental tanto en el ámbito político como en el mundo cultural del imperio y después en el Renacimiento italiano. En el siglo XVIII aún hay noticias de la saga Láscaris en Creta, Chipre y Cefalonia.

 

La mansión que de ellos se ha conservado confirma la elevada posición que los miembros de esta familia asentados en Mistra disfrutarían entre la aristocracia del Despotado, ya que es una de las casas más notables de toda la ciudad.

Casa Láscaris, una de las mansiones aristocráticas más importantes de la ciudad baja.

 

Construida al pie de la Pantanassa, donde ya vimos el retrato funerario de Manuel Láscaris, su estructura abandona ya el aspecto de fortificación y se basa en la elegancia de los arcos, que descargan enormemente el peso de la construcción. El arco del piso bajo sería probablemente la entrada al establo o a las caballerizas, ya que es muy pequeño por necesidades del terreno. El primer piso ya goza de más amplitud, y también presenta un amplio arco, hoy camuflado por una columna. El piso principal ya puede extenderse sobre la llanura superior. Allí se encontraba el triclinio, con salida a la terraza que corona la fachada.

FUENTE

Ya cerca de la salida, encontramos esta fuente de época turca, construida con materiales reutilizados.

Fuente de época turca.

El burro sigue siendo, todavía hoy,

el medio de transporte más cómodo en Mistra.

 

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