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El Imperio Romano  Helénico y Cristiano de la Edad Media

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ROMANO IV DIÓGENES

Por Procopio.

Romano Diógenes

Entre la pléyade de soberanos mediocres que se sentaron en el trono de Constantinopla durante la etapa anárquica que se inicia con la muerte de Basilio II (1025) y se extiende hasta el inicio de la dinastía Comneno (1081) hay dos que merecen destacarse por su energía y afán de reformar un imperio en decadencia: Romano IV e Isaac I. El primero es generalmente recordado por haber sufrido la gran derrota de Mantzikert a manos de los turcos.

 

Romano Diógenes nació en Capadocia aproximadamente en 1033. Era hijo póstumo de Constantino Diógenes, quien fue general durante las guerras búlgaras de Basilio II, y como él siguió la carrera militar.

 

Le tocó vivir una época convulsa en un imperio amenazado por Occidente y Oriente: en 1066, el normando Roberto Guiscard había tomado lo que quedaba de la Italia bizantina y el sultán turco Alp Arslan amenazaba Armenia y Siria. Contra esta doble amenaza el entonces emperador Constantino X Ducas "el Tartamudo" era claramente incapaz de reaccionar. Por eso en 1066, cuando este se hallaba a las puertas de la muerte, Romano (por entonces duque de Serdica, la actual Sofía) empezó un complot para usurpar la corona.

La primavera de aquel año el balbuceante Constantino falleció dejando como heredero a su joven Miguel IV, que parecía tan incapaz como su padre de dirigir el Imperio. La Augusta viuda, Eudoxia, pasaba a ocupar la regencia, jurando no volver a casarse ni promover a ningún otro emperador. Frustró la conspiración de Romano y le exilió como castigo, pero al saber poco después que una incursión de Alp Arslan había cruzado Siria impunemente, incendiado Cesarea (robando las puertas tachonadas con oro y pedrería de la iglesia de San Basilio) y atacado Cilicia y Antioquia, decidió que el Imperio necesitaba un soberano más enérgico que su débil hijo.

De modo que se dejó persuadir por el patriarca Juan Chifilino cuando este le aconsejó casarse de nuevo. El elegido fue el antiguo conspirador exiliado, Romano, al que la emperatriz perdonó oficialmente. Después de que Juan eximiera a Eudoxia de su promesa de no tener nuevo marido, ambos se casaron en Santa Sofía a inicios del año 1068. Aunque en principio era sólo un matrimonio de conveniencia, parece ser que ambos se enamoraron sinceramente.

Pese a ser sólo emperador consorte, Romano IV blandió el cetro de Bizancio como si fuero suyo. Joven, vigoroso, decidido y guapo, se hizo popular entre el pueblo llano pero tenía enemigos poderosos entre la nobleza. Entre ellos, el rencoroso César Juan Ducas, hermano de Constantino X.

Dándose cuenta de que los problemas más urgentes de Bizancio eran de tipo militar, Romano se dedicó activamente a reorganiza y revitalizar el decaído ejército imperial. Tras alistar mercenarios pechenegos y uzos en el tagma de Occidente, los emplazó en los themas de Opsicio y Anatolia. Las tropas thematicas de Asia Menor se encontraban muy debilitadas, pero mediante un aumento de las pagas, Romano consiguió que se convirtieran en una fuerza considerable en número, si bien no en armamento y disciplina. Sólo dejó de lado los desmovilizados themas de Armenia, región devastada por las razzias de los turcos.

En el verano de 1068, Romano tendría la primera oportunidad de poner a prueba su flamante y engrosado ejército. Escogió como teatro de pruebas las zonas montañosas del sur de Siria, atacadas por los turcos. A su llegada los enemigos se dividieron en columnas para evitar una confrontación directa y saquearon Neocesárea, pero Romano los persiguió al mando de un destacamento y derrotó parte del ejército turco en Tefrisa.

Mientras, pero, las tropas que había acantonado en Melitene fueron incapaces de detener al resto, que saqueó toda la región entre Melitene y Amorium. Romano compensaría en parte este fallo tomando la fortaleza de Artach y la ciudad árabe de Manjib, en la frontera.

A principios de 1069 Romano volvió a Constantinopla. Para guarecer Armenia de futuras incursiones turcas, un noble normando llamado Robert Crispín y su fuerza de caballería fue dejada allí en guarnición. Pero este franco, insatisfecho con su paga, se dedicó a robar a los recaudadores de impuestos. Las tropas mandadas para atraparlo fueron derrotadas. Y aunque Crispín se sometió al emperador y éste le perdonó, su tropa estuvo saqueando la Mesopotamia superior hasta que Romano en persona les venció. Los merodeadores turcos aliados con los francos fueron enrolados en el ejército bizantino.

El resto de ese año Romano intentó lanzar un ataque en profundidad contra las posesiones del sultán Alp Arslan. Tras dejar a su espalda al general Filarecto Brachamio para defender la frontera, el emperador se dispuso a sitiar el castillo de Chliat. Pero los turcos le flanquearon, derrotaron a Filarecto, cruzaron el Eufrates y arrasaron Anatolia y Iconium hasta que tropas armenias los emboscaron cuando volvían cargados de botín.

Romano tuvo que volver a su pais. Mientras Alp Arslan (cuyo nombre significa "valeroso león") puso asedio a Mantzikert, ciudad cercana a Chliat, tomándola poco después.

Por el momento, el emperador había conseguido devolver cierta disciplina al ejército, consiguiendo ganar algunos combates y asaltar fortalezas. Pero había fracasado en impedir que los themas de Armenia o Anatolia fueran saqueados. La situación seguía siendo crítica y algunos generales proponían abandonar la primera y concentrarse en defender la segunda. Romano se negó.

Se daba cuenta de que, si no contaban con un ejército efectivo, retirarse de Armenia no serviría para nada.

En 1070 Romano se abstuvo de salir de campaña e intentó negociar con Alp Arslan. A cambio de que el sultán le devolviera Mantzikert, los bizantinos le devolverían Manjub, conquistada en 1068.

Por desgracia durante las negociaciones unos turcos renegados cruzaron la frontera y derrotaron al comandante Manuel Comneno en Sebastea, tomándole prisionera. Pero éste consiguió convencerles de que desertaran al bando bizantino. Cuando Alp Arslan pidió que se los entregara, Romano se negó. En represalia un escuadrón turco saqueó todo el thema Tracense, incluida la ciudad de Chonae.

Romano decidió que lo único que podía levantar la moral del Imperio e intimidar a sus enemigos de Oriente y Occidente (en 1071 los normandos tomaron Bari, último reducto bizantino en Italia) era conseguir una gran victoria militar. Dedicó por lo tanto los meses siguientes a reclutar un gran ejército. Para financiarlo tuvo que devaluar la moneda de oro, la nomismata.

En agosto de 1071, habiendo reunido casi 100.000 hombres, Romano Diógenes salió de campaña contra Alp Arslan, su principal enemigo. Dirigiéndose hacia el este, el gran ejército, el mayor que reuniría el Imperio hasta el reinado de Manuel Comneno, cruzó el Eufrates y llegó hasta Mantzikert. Allí les esperaba el sultán con 40.000 jinetes, entablaron entonces ambos bandos una feroz batalla que duraría tres días, hasta que Romano Diógenes fue derrotado y capturado. Su ejército se dispersó. Fue una de las peores derrotas de la historia de Bizancio, y debe decirse que no fue tanto por culpa del impulsivo emperador como de la traición de algunos generales, sobre todo Basilisco y los hijos de Juan Ducas, Andrónico y Constantino (hablaré más de esto en un futuro articulo sobre Manzikert de pronta aparición).

Alp Arslan se mostró magnánimo en la victoria. Trató regiamente a su augusto cautivo y, quedando impresionado por su digna conducta ante la adversidad, lo dejó en libertad tras firmar un tratado de paz en condiciones aceptables: Romano debía pagar un millón de nomismas y entregar Mantzikert, Edesa, Manjib y Antioquía. A cambio ambos imperios permanecerían en paz. Luego el sultán dispuso una guardia de honor para el emperador y lo dejó libre confiando en su palabra. Romano sólo llegó a pagarle 200.000 monedas de oro, pero fue por causas ajenas a su voluntad.

Pese a la derrota militar (que no fue tan grave en número de muertos, pues se salvó la mayor parte del ejército), las consecuencias más negativas no fueron resultado directo de la batalla, sino de hechos posteriores. En Constantinopla la emperatriz Eudoxia se alegró de saber que su marido estaba bien.

Pero al parecer fue la única: el César Juan Ducas aprovechó la ocasión para tomar el poder y poner a su sobrino Miguel IV en el trono. Ahora era su oportunidad de vengarse de Romano. Éste se enteró de la noticia al llegar a Paflagonia, donde había reunido a los supervivientes de Manzikert.

Por el momento, parece claro que los Ducas habían tramado la caída de Romano, sin que el desastre que supuso para el Imperio les importase.

La "caza del Augusto" se encomendó al hijo del César, Constantino Ducas, que con el refuerzo de los mercenarios francos de Robert Crispín derrotó a Romano en Amasia (esta es su única derrota atribuible únicamente a su actuación). El emperador, cada vez más acosado, consiguió pasar el invierno escondido en su tierra Capadocia. Luego trató de dirigirse a Cilicia para unirse al duque de Antioquía, partidario suyo. Por desgracia Andrónico Ducas y Crispin lo aplastaron antes de que llegara a Siria. Atrapado en un callejón sin salida, Romano se rindió bajo la promesa de inmunidad. No obstante el verano siguiente fue cegado y confinado en un monasterio. Murió poco después, al parecer debido a las brutales lesiones que le produjeron al sacarle los ojos. Su mujer Eudoxia fue encerrada de por vida en un convento de monjas, e ignoro su destino posterior.

Alp Arslan consideró que la muerte de Romano rompía su tratado de paz con el Imperio Bizantino y empezó una guerra de conquista de las provincias asiáticas del mismo. A diferencia de su rival, el sultán si tuvo sucesores capaces para seguir su obra. Mientras que ahora que Romano había muerto, los bizantinos no tuvieron ningún general capaz para reemplazarle hasta el ascenso al trono de Alejo Comneno en 1081.

Los hijos de Romano y Eudoxia fueron dos: León y Nicéforo. Se sabe muy poco de ellos, salvo que León murió muy joven (en 1087). Nicéforo prosperó un tanto y Alejo Comneno le nombró duque de Creta. Decepcionado por la política del emperador de concentrar la fuerza en Europa e ignorar las conquistas selyúcidas en Asia, Nicéforo se dejó persuadir por algunos oficiales y lideró una efímera revuelta. Alejo pero se dio cuenta de que sólo era un joven impulsivo que actuaba por despecho de ver como se abandonaban las tierras de su familia en manos turcas. Le perdonó y lo dejó en el cargo.

Más tarde apareció un impostor en Siria que afirmaba ser otro hijo de la pareja, pero se demostró su impostura y fue cegado.

                                                                                                                                                            Procopio


Nota de Roberto:

Desde luego Romano Diógenes es una figura romántica, como lo fue su padre, un oficial competente en las guerras búlgaras y que se vio inmerso en dos conjuraciones contra Romano III y finalmente se suicidó.

En mi opinión fue un personaje con un sincero deseo de devolver el orden al Imperio, pero que fue víctima de su propia debilidad al contemporizar con un entorno (singularizado especialmente en el césar Juan Ducas) que lo consideraba un advenedizo y que esperaba el mejor momento para desalojarlo del poder.

Desgraciadamente la familia Ducas mostró en sus reinados más habilidad para alcanzar el poder que para detentarlo en beneficio del Estado.

Otro factor fundamental fue, ya en el aspecto militar, la degeneración alarmante de la calidad de las tropas, evidenciada ya en las campañas que Romano dirigió entre 1068 y 1070 y la falta de disciplina entre los altos mandos. Sería difícil poder obtener el respeto de mercenarios como Robert Crispin o Roussel de Bailleul cuando los propios generales bizantinos mostraban una descoordinación rayana en la desobediencia y la alta traición como se vió en Mantzikert con los casos de José Tarcaniotes y Andrónico Ducas, militares capacitados, especialmente éste último al decir de los contemporáneos, pero que no eran uno con el basileo, por decirlo suavemente.

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