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BIZANCIO!!! El Imperio Romano Helénico y Cristiano de la Edad Media Dirección y diseño: Rolando Castillo. |
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Cuando
el emperador Juliano el Apostata murió en Mesopotamia (26 de junio de
363), las tropas proclamaron emperador a Flavio Joviano, un oficial cristiano de
origen panonio que, ansioso por llegar a suelo romano y confirmar su
nombramiento, firmó una paz vergonzosa con los persas, a quienes entregó la
mayoría de Armenia y una parte de la Mesopotamia, incluyendo Nisibis y Singara.
El
infortunado Joviano murió al poco tiempo, el 17 de febrero de 364, al parecer
de causas naturales, en el límite entre Bitinia y Galacia. Lo sucedió
Valentiniano I, que fue elegido emperador a instancias del prefecto de Oriente
Secundo Salustio, hombre prudente que había rechazado en dos ocasiones su
elección como augusto y que, aunque era pagano, gozaba de gran prestigio.
Valentiniano era tribuno de una de las scholae palatinas, originario de
Panonia y cristiano. La historiografía moderna tiende a ver en él al último
gran monarca que gobernó en Occidente y la comparación entre las medidas
adoptadas durante su gobierno y las de los emperadores posteriores confirma esta
opinión.
Valentiniano,
comprendiendo que el Imperio era demasiado grande y complejo como para ser
gobernado exclusivamente por una persona, decidió elegir a un co-gobernante.
Pero, tal vez su menor acierto fue la elección de su hermano Flavio Valente
como colega imperial. Parece que el general occidental Dagalaifus, a quien
Valentiniano consulto, le respondió: "Si prefieres a tu familia, tienes un
hermano, pero si prefieres al Estado busca alguien mas digno". En este caso
la opción familiar se impuso. De este modo, en marzo del 364, confirió a su
hermano -que era un simple protector domesticus- el título de augusto.
Valente
-al menos a juzgar por el retrato que de él hace Amiano Marcelino- era un
hombre mediocre, sin grandes dotes militares y tan poco instruido que no sabía
griego, cuando esta era la lengua que mayoritariamente se hablaba en Oriente.
Tanto él como su hermano habían nacido en el pueblo de Cibalae (Panonia) y habían
crecido en una propiedad comprada por su padre, Graciano, que anteriormente había
sido Comes Domesticorum y Comes Rei Militaris en Africa y
Britania. Pero, mientras Valentiniano realizó una carrera militar larga y
exitosa antes de su ascenso al trono, parecería que Valente no. Hay evidencia
confiable de que este habría pasado gran parte de su juventud en la propiedad
de la familia y sólo se habría unido al ejército en la década de 360 [1].
Con el poder en sus manos, ambos hermanos fijaron sus programas de gobierno y decretaron las medidas que consideraban más urgentes: la libertad de culto, la obligación de pagar los impuestos debidos sin excepciones, la confirmación de la ley de Constancio que contemplaba la creación de los defensores senatoriales y el edicto de Adrianópolis que reforzaba el principio de la herencia de la “condición”: los curiales sólo podrían ascender al orden senatorial si dejaban un hijo en su lugar; los hijos de los soldados serían también soldados, a menos que fuesen muy débiles; y los empleados en los despachos de los gobernadores también asegurarían que sus hijos iniciaran la misma carrera que ellos. Posteriormente, procedieron a la división del Imperio, en unas condiciones tan extremas como nunca antes se habían realizado: cada parte del Imperio se separaba de la otra con sus provincias, sus tropas, sus prefecturas y sus funcionarios. No se trataba de un reparto de atribuciones entre ambos emperadores, sino de una separación efectiva del Imperio. Valentiniano tomó para sí las dos prefecturas occidentales y Valente la oriental. Que Valentiniano, el personaje más importante, eligiera la parte occidental sin duda obedeció a su convencimiento íntimo de que, siendo ésta mucho más débil que Oriente, no hubiera podido ser controlada por su hermano. Además del problema de las fronteras -común a las dos partes-, Occidente ofrecía mayores problemas internos que Oriente, entre ellos las reiteradas insurrecciones que desde hacía muchos años se venían produciendo en las Galias. Pero, la parte oriental del Imperio distó de ser un sitio ameno para Valente.
La
prioridad de Valente parece haber sido apuntalar la situación en la frontera
persa, y partió para allí a mediados de 365. En el otoño de ese año él
estaba en Cesárea de Capadocia, cuando se enteró que un usurpador llamado
Procopio se había proclamado emperador en Constantinopla. Este había comandado
una parte del ejército de Juliano –con quien tendría algún grado de
parentesco [2]-
durante la guerra con Persia y había enterrado en Tarso al emperador muerto.
Probablemente se rebeló inducido por los amigos de Juliano y respaldado no sólo
por éstos -entre los que se encontraba la viuda del emperador Constancio- sino
también por muchos militares e intelectuales orientales que despreciaban al
nuevo emperador panonio.
Los
esfuerzos de Valente por detener a Procopio se vieron estorbados por el hecho de
que la mayoría de sus tropas ya habían cruzado las Puertas Cilicias, y
penetrado en Siria, cuando él se enteró de la revuelta. A fines de 365, el
propio Valente casi es capturado en una escaramuza cerca de Calcedonia. La
situación se vio agravada por la negativa de Valentiniano de hacer algo más
que proteger su propio territorio de la invasión, lo que permitió a Procopio
lograr el control de las diócesis de Tracia y Asiana.
Sólo en
la primavera de 366 Valente pudo reunir bastantes tropas como para luchar
eficazmente contra el usurpador. Partiendo de Ancyra, Valente entró en Frigia dónde
derrotó a Gomoarius, general de Procopio, en Thyatira. Luego, se encontró en
Nacoleia con el propio Procopio que, abandonado por sus tropas, fue capturado y
ejecutado [3].
Procopio
había sido apoyado por gran número de auxilia godos. Estos godos, más
específicamente los tervingios, estaban en ese momento liderados por el iudex
Atanarico y habían permanecido en paz, al parecer, desde su derrota bajo
Constantino en 332 [4].
Por qué ellos ayudaron al usurpador no lo sabemos (quizás estaban disconformes
con el cambio de dinastía en el Imperio). Pero, cualquiera que haya sido su
motivación, los tervingios habían cometido una grave ofensa y Valente organizó
una expedición para castigarlos.
En la
primavera de 367, él cruzó el Danubio en Transmarisca y marchó contra los
tervingios de Atanarico. Éstos huyeron a los "montes Serrorum"
(al parecer, los Cárpatos), y eludieron el avance de Valente, obligándolo a
retirarse al final del verano. La primavera del año siguiente, una gran crecida
del Danubio le impidió al emperador cruzar con sus tropas al territorio de sus
rivales. En 369, Valente cruzó de nuevo el río, por Noviodunum, y atacó a la
tribu gótica nororiental de los greutungos antes de enfrentar a los tervingios
de Atanarico y derrotarlos. Atanarico pidió entonces negociar un tratado de paz
y Valente aceptó. Este tratado parece haber interrumpido las relaciones entre
godos y romanos, incluyendo el comercio y el suministro de tropas como tributo.
Valente sentirían en el futuro esta pérdida de efectivos militares.
Entre
las razones de Valente para lograr una paz apresurada, y no totalmente
favorable, con los godos estaba el
deterioro de la situación en el este. Los persas habían invadido Iberia y
Armenia, tomando prisionero al rey armenio Arsaces (Arshak), de la dinastía
Arsacida. El hijo de este último, Pap, pudo escapar y reunirse con Valente, que
le brindó su apoyo.
Después
de duros combates, Pap pudo ocupar el trono de su padre y los romanos recobraron
Iberia (370). Cuando Sapor contraatacó en 371, sus fuerzas fueron derrotadas
por los generales de Valente en Bagavan. La tregua establecida después de esta
batalla se mantuvo como una cuasi-paz durante los siguientes cinco años,
mientras Sapor se veía obligado a hacer frente a los ataques de hunos y
kushanas.
Pero,
pronto surgieron problemas con el joven rey Pap, que empezó a actuar de forma
despótica haciendo incluso ejecutar al obispo armenio Narses y reclamando el
control de varias ciudades que estaban en poder de los romanos. Presionado por
sus generales, y temiendo que se aliara con los persas, Valente hizo asesinar a
Pap y, en su lugar, impuso a otro Arsacida, Varazdat, que gobernó bajo la
regencia del sparapet Musel Mamikonean, un amigo de Roma.
Nada de
esto cayó bien a los persas, que empezaron a mostrarse hostiles nuevamente.
Como la frontera oriental se recalentaba, Valente empezó los preparativos para
una gran expedición (375). Sin embargo, los problemas se estaban incubando en
otra parte. En Isauria, la región montañosa de Cilicia occidental, una gran
revuelta estalló en 375 y requirió el empleo de tropas estacionadas en el
este. Además, hacia 377, los árabes, liderados por la reina Mavia, se
sublevaron y devastaron una franja de territorio que se extendía de Fenicia al
Sinai. Aunque Valente logró controlar ambos levantamientos, las oportunidades
de actuar en la frontera oriental se vieron muy limitadas por estas luchas en el
interior.
A
diferencia de su hermano Valentiniano, que se distinguió por su neutralidad en
materia religiosa, Valente se involucró en la controversia entre arrianos y
ortodoxos (o católicos). Según algunos, él era pagano en el momento de su
elevación al trono y fue bautizado, alrededor del año 367, por Exodius,
patriarca arriano de Constantinopla. Luego, Valente se habría dedicado a
perseguir a sus súbditos ortodoxos, pero aparentemente de una forma no muy
rigurosa.
Una
tradición piadosa le atribuye el martirio de los santos Urbano, Teodoro y otros
ochenta eclesiásticos. Este grupo de religiosos, que llegó a Constantinopla en
370 a pedir la libertad de culto Católico, habría sido embarcado en una nave
por orden del Emperador con destino a Bitinia; al aproximarse a la costa, la
tripulación, actuando bajo ordenes imperiales, prendió fuego a la nave y la
abandonó, para que perecieran San Urbano y sus acompañantes.
En
375, mientras se preparaba para una posible guerra en Oriente, Valente se enteró
que los godos habían sido desplazados de sus tierras por los de hunos y que
muchos de ellos buscaban la protección del Imperio. Como los consejeros de
Valente se apresuraron a señalar, estos godos podrían proporcionar tropas que
incrementarían enseguida las fuerzas disponibles. Además, como las provincias
del Danubio eran comarcas poco pobladas, se podría adjudicarles tierras. Entre
los godos que buscaban asilo estaba un grupo de tervingios liderado por el jefe
(reiks) Fritigern, el cual se había relacionado con Valente a principios de la
década de 370, cuando este lo apoyó en su lucha contra el iudex
Atanarico, derivada de la persecución por parte de este último de los godos
cristianos. Aunque varios grupos godos pidieron aparentemente entrar al Imperio,
Valente sólo concedió la admisión a Fritigern y sus seguidores. Sin embargo,
no se pudo evitar que otros los siguieran.
El plan
oficial de asentamientos controlados, diseminados y supervisados por los
oficiales romanos fracasó en su totalidad. Los godos (200.000 según una
fuente, aunque Amiano Marcelino, más realista, dice que tratar de contarlos era
como querer contar los granos de arena de las costas de Libia) cruzaron en
balsas improvisadas y, con gran desorden, pasaron a la provincia romana de Mesia,
donde fueron objeto permanentes de abusos como el que relata Filóstrato: los
jefes militares y el comes de Tracia les vendían los víveres a un
precio desorbitado a fin de obligarles a vender a sus hijos como esclavos. Los
visigodos se rebelaron a principios de 377 y saquearon Tracia, uniéndose a
otros contingentes bárbaros (godos greutungos, hunos y alanos) que también habían
penetrado en el Imperio.
La defensa
frente a la oleada invasora fue inicialmente dirigida por el general romano
Sebastiano; se solicitaron refuerzos a Graciano [5],
emperador de Occidente, pero un ataque de los alamanes retrasó su llegada. Recién
en 378, Valente pudo marchar al oeste desde Antioquia, arribando a
Constantinopla el 30 de mayo de ese año. Después de una breve estancia allí,
salió a enfrentar al ejército bárbaro, con el que se encontró en las cercanías
de Adrianópolis el 9 de agosto de 378. Los romanos se defendieron bien al
principio, pero fueron aplastados por la llegada sorpresiva de la caballería
greutunga que rompió sus líneas. Valente resultó herido en la batalla, pero
pudo escapar y refugiarse en una cabaña, dónde murió quemado cuando los godos
prendieron fuego a dicha construcción [6].
El
desastre de Adrianópolis supuso una de las mayores crisis de la historia del
siglo IV. Los godos llegaron a las puertas de Constantinopla y, aunque no
lograron tomar la ciudad, devastaron las zonas cercanas antes de dirigirse al
oeste. Esta batalla, además, significó el principio del fin de la integridad
territorial romana, ya que “preparó” el camino para la ocupación de gran
parte del Imperio por parte de los bárbaros.
Leonardo Fuentes.
Europa
Bárbara, en “Orígenes
del Hombre”, t. 57, Barcelona, Ediciones Folio, 1995.
La
dinastía Valentiniana en el poder,
en www.artehistoria.com/historia
Lenski,
Noel: Valens, en www.roman-emperors.org
Matthews,
J.F.: The Roman Empire of Ammianus, Londres, 1989.
Musset,
L.: Las invasiones. Las oleadas
germánicas, Barcelona, Labor, 1973.
Rémondon,
R.: La crisis del Imperio romano,
Barcelona, Labor, 1973.
[1]
Valente tendría unos 35 años cuando
fue designado augusto.
[2]
Procopio acuñó
monedas con inscripciones que hacían gala de su relación con la dinastía
de Constantino.
[3] Según algunas narraciones, Valente mandó que las piernas de su rival fueran atadas a dos árboles doblados y amarrados al suelo que, al ser soltados, literalmente lo destrozaron. Luego, su cabeza fue enviada a Valentiniano, que estaba en Tréveris.
[4]
Los godos estaban
divididos en dos grupos: en las llanuras de la actual Ucrania se asentaban
los godos greutungos, que habían constituido un reino relativamente
centralizado y extenso, mientras que en zonas boscosas más occidentales
habitaban los godos tervingios, con una menor centralización política. A
lo largo del siglo IV ambos grupos, en especial los tervingios, sufrieron la
influencia de Roma, penetrando el Cristianismo en su variante arriana. Esto
último les dotó de una mayor conciencia étnica, gracias también a la
creación por el obispo misionero Ulfila de un alfabeto para traducir la
Biblia al gótico. Pero, toda esta situación se desmoronó cuando el
poderoso reino de los greutungos, regido por el linaje de los Amalos, fue
destruido en 375 por los hunos. Tras la derrota y muerte trágica del Amalo
Hermanrico, un pánico indescriptible se apoderó de ambos grupos godos.
Mientras que una porción muy importante, compuesta especialmente de
tervingios, pidió y obtuvo del Imperio asilo en Tracia, otros se asentaron
en la región de los Cárpatos y en Moldavia, bajo el protectorado de los
hunos. Sería entonces cuando ambos grupos góticos iniciarían un proceso
de etnogénesis que llevaría al grueso de los tervingios a transformarse en
los históricos visigodos, y a lo principal de los greutungos bajo
predominio huno a convertirse en los ostrogodos.
[5]
Valentiniano I había muerto en 375, siendo sucedido por sus hijos
Graciano y Valentiniano II.
[6]
Esta es la
versión más aceptada sobre el fin de Valente. Según otros relatos, él
habría muerto en el curso de la batalla.